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# miércoles, 21 de noviembre de 2007 16:46

AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

Con sólo dos álbumes publicados, 'Frank' (2003) y 'Back To Black' (2006), la británica Amy Winehouse ha pasado de ser la típica artista revelación (fase larvaria que, como un sarampión, parece que tiene que atravesar cualquier cantante o grupo, sobre todo si optan a recibir algún premio) a una estrella fundamentalmente mediática del palo de su colega Pete Doherty.

Y es que a pesar de (o gracias a) su juventud (nació el 14 de septiembre de 1983), Amy Winehouse es una adicta confesa a las drogas y el alcohol, excesos que comparte con su marido Blake Fielder-Civil y que, como al líder de Babyshambles, le empujan a caminar por el lado salvaje y a currarse lo de Sexo, Drogas y Rock & Roll, aunque ella sea una diva del R&B.

Se empeñan en compararla, en tanto que "chica mala", con su compatriora Lily Allen, pero mientras que la intérprete de 'Alright, Still' (2006) es una "niña bien" que va de rebelde sin causa y presumiendo de lengua viperina, Amy tiene un algo más prosaico, incluso más sórdido, que le hace infinitamente más atractiva. No es sólo su larga melena negra o su exceso de rímel y lápiz de ojos o sus tatuajes o sus ademanes casi gitanos, también es el alma (o el ángel, que diríamos por aquí) que hay detrás de sus canciones y del que Lily Allen carece.

Lo que Amy Winehouse mete en la coctelera es R&B, soul y jazz junto a unas letras irreverentes (sirva como ejemplo 'Rehab') y una voz desafiante. Una mezcla que no deja indiferente y que ha demostrado de sobra su eficacia justificando la publicación de una edición especial de 'Back To Black' que, hasta la fecha, lleva vendidas tres millones de copias en todo el mundo.

La reedición, en formato de lujo, de 'Back To Black', incluye un CD adicional con ocho temas inéditos en los que la cantante se atreve con clásicos como 'Cupid', de Sam Cooke, o 'To Know Him Is To Love Him', de Phil Spector. Además, se edita en DVD, bajo el título de "I Told I Was A Problem" (o sea, "Ya dije que yo era un problema"), el concierto que ofreció en el Shepherd's Bush Empire de Londres el pasado mes de marzo; otra perita en dulce para sus fans.

Y es que a Amy Winehouse, adorada por la prensa sensacionalista británica, la música le sirve de terapia: "Escribo canciones porque estoy hecha mierda de la cabeza y necesito sacar algo bueno de toda esa mierda". Y como tampoco le van las medias tintas ("soy muy autodestructiva cuando bebo", ha llegado a confesar), el espectáculo está garantizado.

Comentarios

# vayaaaa ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 9:25
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

pues menuda hecha polvo

# jenny ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 9:44
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

me encanta esta tipa, es una pena que se meta tanto, aunque muchos lo hacen, solo que esta no guarda las apariencias como los demas.

su voz y sus canciones, impresionantes

# fran ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 9:59
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

vaya colega no?

# Freedom ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 10:06
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

SI... bien "tiesa" que estuvo en los MTV EMA 07... una pena!

# - ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 10:15
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

Hay gente que no se merece estar donde está. Cómo puede haber quienes admiren a esa niña...

# diana26 ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 10:23
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

creo que hay que saber diferenciar entre las obras de un artista y su vida personal, de los grupos o solistas que me gustan no me interesa nada de su vida personal y el saber algo no me condiciona para que me siga gustando o no lo que haga profesionalmente.

He escuchado muy poco de Amy pero me haré con su último disco porque, lo poco que he escuchado, me ha impactado, creo que me gustará.

# ATRAKADOR ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 10:42
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

Pues si, es una pena que este tan hecha polvo; en eso se parece a Pete Doherty, pero desde luego tiene mucho mas talento que el, y llegara bastante mas lejos...si vive lo suficiente

# eli ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 10:49
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

mi opinión: una persona que necesita drogas para componer canciones no es una artista, juega con ventaja. Si todos nos pusieramos hasta el c... de todo, nos saldria la inspiracion y las paranoias por las orejas!!!

Sacad las ideas de la cabeza, y no de las drogas!!

# viernes ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 11:00
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

El problema es que no tienen cabeza de donde sacar la inspiración y recurren a las drogas para sobevivir, lo cual es una contradicción.

Estas personas tan tremendamente atormentadas

son incapaces de controlar su vida, pero lo

cierto es que nos dejan un gran legado.

# pedro lisboa ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 11:28
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

Es una crack esta chica, q buen concierto este año en el FIB, en el escenario es una chica muy timida da la sensacion de verguenza para el publico no ha dicho ni ai ni ui pero muy bueno ha pasado muy bien en su concierto y mas en primera fila, lo q hace de su vida no interesa a nadie es mayorcita. Viva el FIB

# diana26 ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 12:07
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

lo cierto es que, en una gran mayoría de casos, los mejores artistas siempre han tenido vidas tormentosas, será ése requisito indispensable para ser un genio?...

# M ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 12:14
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

A mi me da igual lo que se meta. Lo que me importa es lo que me gusta su musica.

# TuRuRú ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 13:21
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

Sí, Amy mola, aunque todavía no he escuchado su primer disco (pero lo haré, jeje)

Importa el artista, no la persona, al menos en lo que se refiere a su música. Si se mete más o menos es asunto suyo, no por eso voy a dejar de oírla

# jessica ha opinado el viernes, 23 de noviembre de 2007 13:57
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

es penoso que gente salga inyectaNDOse heroina en la tv como si nada, eso es algo muy grave, y triste.........

# chema ha opinado el miércoles, 28 de noviembre de 2007 10:56
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola
# my ha opinado el viernes, 21 de diciembre de 2007 1:52
REVISTA ROLLING STONE

Sábado  28-05-05

EL JUICIO A JACKSON: UNA VISITA GUIADA AL BASURAL DE ESTADOS UNIDOS

Es el primer día en que los testigos prestan testimonio en el juicio a Michael Jackson, y estoy metido en la repleta sala de los tribunales del condado de Santa Bárbara: a un costado del recinto de la Corte, en un trailer sin ventanas, cincuenta periodistas se agolpan en torno de un circuito cerrado de televisión por donde se transmite el juicio, esperando ansiosos que la palabra “masturbación” salga por el monitor.

Las figuras que aparecen en la pantalla son mínimas y casi irreconocibles. El abogado de Jackson, Thomas Mesereau, es el único que se distingue, con su melena blanca peinada hacia atrás, moviéndose como un cursor de un lado al otro de la pantalla.

La pantalla se oscurece. El fiscal del distrito, Tom Sneddon, un tipo malhumorado y desagradable cuya imagen pública nos recuerda al vicedirector panzón que controla en las fiestas escolares, elige comenzar el procedimiento con la proyección de “Living with Michael Jackson”, el documental sensacionalista creado por un personaje de la prensa amarilla británica que parece un hobbit: Martin Bashir.

Es lógico que Bashir sea el primer testigo en el caso. Todo el juicio esta lleno de gente con la clase de vida de ameba que solemos encontrar nadando en la cloaca de la industria de los famosos: publicistas, asistentes personales, abogados de segunda línea del mundo del espectáculo. La especie que Bashir representa es la de los sismógrafos presuntuosos que espían a través de la ventana de la alcoba de gente famosa y se sienten como si estuvieran curando un cáncer.

La teoría del proceso, para aquellos que pueden seguirlo, es que la salida al aire de este documental en febrero de 2003, en Inglaterra, puso en marcha una siniestra conspiración que terminó conduciendo a Michael Jackson a meter las manos bajo los calzones de un niño. La fiscalia presenta el filme como el dramático capitulo de inicio de un laberinto de decadencia moral, por lo cual se entiende que el oscurecimiento de la sala pretende tener una relevancia simbólica: estábamos entrando en un mundo de tinieblas.

Pero el efecto se arruina cuando el filme comienza. Cuando la cámara hace un paneo de las puertas de Neverland el sonido estalla con la línea de bajo de “Billie Jean”, y en la superpoblada sala, el mar de periodistas se balancea alegremente al ritmo de la música.

El juicio a Jackson es un verdadero zoológico, un desfile de freaks desde el amanecer hasta el anochecer. Como los copos de nieve, no hay dos manifestantes iguales entre si, ni siquiera parecidos. La rutina en la sala de juicios se establece a priori. Jackson llega a eso de las ocho y cuarto. Viene con sus padres, los abraza en el momento que toman asiento, y luego mira hacia la mesa de la defensa para comenzar con sus rituales previos al juicio. Les da la mano a sus abogados, luego se dirige hacia el rincón de adelante a la derecha de la sala, detrás de un pequeño tabique, donde realiza una breve serie de calistenias, agachándose y levantándose unas cinco veces de cara hacia la pared. Para cuando termina, la defensa ya le ha colocado un recipiente con caramelos de menta; él amina hacia las mentas, y lentamente desenvuelve una tras otra, las chupa y finalmente se sienta en su lugar y mira impasible hacia delante. La mayoría de los días se queda allí sentado, sin moverse en toda la jornada. Puede que esté compenetrado con el caso, o puede estar esperando que una nave espacial aterrice.

Comenzando por Bashir, los primeros días de testimonios resultan un muestrario de trepadores absurdos y parásitos de celebridades. Jackson mira desconectado durante la sucesión de payasos, pero cuando los verdaderos testigos empiezan a aparecer, comienza a expresarse. Durante el cuarto día del juicio, mientras Messereau interroga a la hermana mayor del demandante, Jackson se levanta de pronto y se retira de la sala.

El movimiento sorprende momentáneamente a Mesereau, un sicario de primer orden, y se lo ve extrañamente avergonzado mientras sigue a su cliente. Un minuto después regresa para informarle al juez Rodney Melvilla: “El señor Jackson necesita ir al baño, Su Señoría”.

Una semana más tarde, Jackson directamente no se presenta en la Corte (el día que le toca testificar al demandante) y Mesereau se ve claramente forzado a decirle al juez que su cliente tiene “severos dolores de espalda”. Jackson, eventualmente, llega a la Corte en pijama. Pero aun con toda su excentricidad, Jackson no demuestra una personalidad dominante en el juicio. El honor de su presencia se debe al fiscal del distrito Sneddon, cuya enrevesada acusación es una especie de Frankestein, con partes incongruentes, tan escabrosamente fascinante como el rostro del acusado, alterado por la cirugía.

La acusación, pocas veces explicada satisfactoriamente en los medios más relevantes, es la siguiente. El 6 de febrero de 2003, el documental de Bashir (en el que Jackson admite que duerme con niños en su habitación) se transmite por televisión. Entre los chicos que aparecen en el video, está el demandante de este caso, de 13 años y sobreviviente de un cáncer, que había sido presentado a Jackson hace varios años, durante sus tratamientos con quimioterapia.

De acuerdo con la acusación, Jackson no había abusado del chico en el momento de la transmisión del documental de Bashir, pero ya estaba bastante preocupado porque el chico dijera eso, por lo que él y su gente de Neverland realizaron una elaborada conspiración y “encerraron” al chico y a su familia durante cinco semanas (en hoteles de lujo, la mansión de Neverland y otros sitios). Durante ese tiempo, ejercieron presión sobre la familia para que ésta negara, frente a cámara, que algo incorrecto hubiera sucedido jamás entre Jackson y el chico.

Las cinco personas que conspiraron junto con Jackson –ninguna de las cuales fue acusada- parecen ser gente de ideas espeluznantes. La “socia  de negocios” Dieter Wiesner, por ejemplo, tiene locales de sexo en Alemania y colocó montañas de dinero de la estrella pop en una fracasada gaseosa que seria comercializada en Europa bajo el nombre de “MJ Mystery Drink”. Marc Schaffel llegó a Jackson tras el 11-S con planes de comercializar un tema antiterrorista del tipo “We Are the World”, para hacer caridad a través de la corporación Mc Donalds. Schaffel resultó ser un ex productor de porno gay. Alrededor de la conspiración están también Vincent Amen y Frank Tyson, un par de cadetes de Neverland.

El caso que presenta la parte acusadora, por lo tanto, se resume en lo siguiente: frente al pánico de una campaña infamatoria, Jackson conspira para secuestrar al chico y forzarlo a negar actos de abuso que de hecho no habían ocurrido, pero luego supera el pánico lo suficiente como para, efectivamente, abusar del chico.

Es un argumento fantástico, un ejercicio malintencionado en la lógica circular de la acusación: conspirar para conspirar, falso secuestro seguido de un repentino acto de extraña locura autodestructiva. Y nada de esto tiene sentido, hasta que uno ve a Sneddon operar en la Corte.

Al sexto día del juicio, Sneddon interroga directamente al hermano menor de la victima. Es un momento crucial del juicio, en el que Sneddon está frente al único testigo ocular del supuesto abuso. El chico de mejillas carnosas dice haber entrado dos veces en el dormitorio de Jackson, tarde en la noche, y haber visto a la estrella acariciando a su hermano mientras se masturbaba.

En un juicio lleno de personajes desagradables, es difícil no conmoverse con este chico. Con la voz algo ronca de los 14 años y los ojos tristes del hermano menor, este testigo se parece a cualquier chico gordo al que alguna vez le robaron el dinero para su merienda.

Si su relato es cierto, está recordando una experiencia terriblemente dolorosa frente al mundo entero. Si es falso, su aparición aquí es una tragedia, una mente adolescente explotada, conducida hacia una repetida letanía de sordideces poco creíbles al servicio de las ambiciones de baja calaña de los adultos.

Sneddon prácticamente babea cuando el chico cuenta lo que Jackson estaba haciendo: “El estaba, eh, masturbándose”.

“¿Podes demostrar eso?”, dice Sneddon. “¿Podes demostrarnos lo que viste?”

“¿Qué quiere decir?”, susurra el chico.

“¿Podes mostrarnos como se masturbaba?”, repite Sneddon.

El chico se muestra reluctante, pero Sneddon presiona. Finalmente, el chico mueve su mano de abajo hacia arriba. “De acuerdo”, dispara. “Para que conste, estás moviendo tu mano de arriba para abajo, como abriendo y cerrando la palma”:

Este tipo de episodios se van volviendo habituales en los siguientes días del juicio. Es difícil escapar a la sensación de que Sneddon odia a Jackson. Claramente no ha olvidado la debacle de 1993, cuando Jackson y la familia de Jordan Chandler llegaron a un acuerdo por, según se dice, 15 millones y medio de dólares antes de que Sneddon pudiera llevar a Jackson a la Corte por cargos de abuso.

Sus testigos clave son el acusador y su familia. Cualquier abogado se ahorcaría antes de construir un caso en torno de testigos como estos, pero eran todo lo que Sneddon tenia. Una madre soltera y sus tres hijos, una mujer y dos varones. Son pobres pero no de la villa; pobres como el 80% de los norteamericanos, que tratan de vivir la vida con un lamentable cóctel de changas, discapacidades, antidepresivos, Jesús, dietas y libros de autoayuda.

La familia había sufrido un padre abusivo; el terrible cáncer que azotó al mayor a los 10 años, tenia un tumor de 7 kilos en el estomago. A través de una serie de instituciones de caridad y programas de recuperación, el terrible mal del chico puso a la familia en contacto con una cantidad de famosos: George López, Chris Tucker, Jay Leno y Michael Jackson. El conflicto con Jackson no comenzó realmente hasta que el chico se curó milagrosamente y la familia regresó a su miserable vida de antes de la crisis.

Es feo no ser caritativo, pero eso es lo feo del caso Jackson: los pobres también pueden perder la dignidad. La madre parece ser la figura clave entre los acusadores. Hasta el momento de escribir esta nota, ella solo había aparecido en el “video de refutación” que Mesereau presentó como evidencia durante el interrogatorio. El video es una producción de baja calidad en un estudio de West Hills. El fiscal afirma que ella y los chicos fueron arrastrados hasta allí y les dijeron lo que tenían que decir. Pero en las imágenes que se vieron en la Corte, el jurado ve a la mujer haciendo sus propias contribuciones entusiastas al director.

Durante el periodo de “privación de la libertad” en el que el filme fue grabado, la mujer fue colocada en el Calabasas Country Inn donde, a expensas de Jackson, fue sometida a una depilación completa y a un paseo de compras. En todo caso, después de esa privación de la libertad, la mujer y los chicos volvieron voluntariamente a Neverland para una estadía de dos semanas que se convertiría en otra privación de la libertad.

Ella no estaba al tanto que el chico pasaba las noches en la habitación de Michael, masturbándose mutuamente con la estrella no en una, sino en dos ocasiones diferentes, y ambas veces frente al hermanito menor del acusador, quien justo se escabullía en el cuarto abriendo la puerta trabada el tiempo suficiente como para presenciar el acto en la oscuridad sin ser detectado. El regordete es bastante específico en su testimonio acerca de cuanto tiempo vio ambos actos sexuales. La primera vez fueron cuatro segundos. ¿La segunda? “Tres segundos, fue mas corta”, dice.

Uno puede decir que Sneddon es un burócrata maniaco, hambriento por salir en los titulares y que su testigo es una manejadora, mentirosa, cazafortunas, pero sin evadir el hecho de que Michael Jackson es, innegablemente, un hijo de puta seriamente raro. Por mas inverosímil que el argumento de la parte acusadora suene, muchos detalles de la vida de Jackson en Neverland son tan extraños e improbables que seguramente sean ciertos.

Uno de los momentos decisivos del proceso es cuando el chico acusador sube al estrado. Ya no es una frágil victima de cáncer. El acusador de Jackson ya tiene 15 años, pero en el interrogatorio titubea, agacha la cabeza bastantes veces, y parece mas chico y mas aniñado en el estrado mientras es llevado a relatar su terrible experiencia en Neverland.

Es una historia horrible, una historia de largas noches con jugo de Jesús (el nombre que Jackson le dio al vino tinto con el que alimentaba al chico), porno y entradas en la noche en un cuarto oscuro lleno de maniquíes. En el momento crucial, Jackson y el chico toman cerveza en la galería de Neverland, luego se retiran a la habitación de Jackson, donde la estrella pop se dirige al chico para hacerle preguntas acerca de la masturbación.

Jackson le dice que si no sabe como hacerlo, él se la hacía. Luego, masturba al chico y se masturba a sí mismo, mientras permanecen los dos acostados en la cama. “Como un día después”, dice el chico, “la escena se repite”; solo que esa vez, Jackson trata de colocar las manos del chico en sus propios genitales. El chico dice que se resistió, pero que de todas maneras eyaculó en ambas ocasiones. Se sintió mal por ello, dice, pero “Jackson me consoló”.

Durante el interrogatorio, Sneddon no puede resistir un poco de su propia marca registrada, olfatear braguetas. El abogado parece decepcionado, legal y libidinosamente, cuando el chico no recuerda haber visto a Michael Jackson entrar en el cuarto con una erección, mientras él y su hermano miraban televisión. Sneddon termina sacando una trascripción del propio chico frente al jurado y mostrándole la referencia a la erección de Jackson en su cara. El chico no cede.

Durante este testimonio, Jackson no se mueve. Mesereau, por su parte, deja que el tiempo pase y, cuando llega su momento, consigue que el chico admita que le había dicho al director de su escuela que “con el señor Jackson nunca pasó nada sexual”.

Mesereau pregunta acerca del supuesto periodo de privación de la libertad. Sneddon se hunde en su silla cuando el chico contesta: “Yo no me quería ir nunca. Me estaba divirtiendo demasiado”.

Luego llega el momento de hablar del abuso: Mesereau consigue que el chico admita que primero le dijo a los investigadores que el abuso había tenido lugar antes de la supuesta privación de la libertad y del video de refutación, y que después cambio el relato. “Hasta el día de hoy”, dice, “no recuerdo exactamente cuando fue que pasó todo”.

Mas tarde, Mesereau le hace ver al chico el video de refutación completo, deteniéndose a cada rato. Como lo que alega la fiscalia es que la familia fue forzada a mentir, Mesereau le pide al chico que le explique al jurado exactamente en que momento esta mintiendo y cuando está diciendo la verdad: el objetivo es demostrar que difícil es diferenciar eso. Es una escena salvaje, y el chico se marchita a medida que los minutos pasan.

Al final del día, Sneddon está tan hundido en su asiento que los hombros casi están por debajo de los apoyabrazos. Su humillación es total cuando Mesereau le pregunta al chico si es cierto que alguna vez quiso ser actor. “Si”, dice él. “pero ahora que conozco otras carreras, quiero estudiar Derecho”.

Cuando el chico se baja del estrado, han pasado solo doce días desde el comienzo del juicio. Era imposible decir quien iba a ganar o perder; uno se olvida, después de todo, que estas cosas las determina un jurado que, aquí, parece una sucesión de mujeres mayores blancas que deben pensar que están juzgando al secuestrador de Lindbergh. O uno espera que crean eso, por su bien.

Los mayores deberían estar eximidos de espectáculos como el juicio a Jackson. Este caso es la última lacra de la sociedad norteamericana: es el modo en que se ve nuestra cultura, que venera a los famosos, cuando aparece la contracara de ese mundo. Una estrella pop que descarrila bajo las luces, gusanos que escarban en su fortuna, reportes actualizados a cada hora sobre lo que paso debajo de los calzones, gente de la industria que intercambia teléfonos mientras toma un trago y orgasmos de chicos. Y gente que, como yo, escribe sobre todo eso. Somos lo peor que los Estados Unidos tiene para ofrecer. Y estamos todos aquí.

Por Matt Taibbi – Rolling Stone

# cata ha opinado el jueves, 25 de marzo de 2010 19:02
re: AMY WINEHOUSE, tras los pasos de Pete Doherty pero en la cresta de la ola

la amo me encanta su musica soy de colombia y adiario miro todas las novedades de amy,me preocupa mucho su adiccion

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