Ella es todo pasión, todo fuego desatado en un cuerpo de vértigo y un rostro tan aniñado y angelical, como morboso y perturbador. De hecho, no es extraño que la fama le llegara a Elena Anaya de la mano de su papel en Lucía y el sexo, donde interpretó a una Lolita en permanente estado de excitación, parecía nacida para realizar ese papel. Ella se siente orgullosa de su de su poderío seductor, y no se corta un pelo a la hora de mostrar sus encantos, sea en atrevidas portadas de revistas o en actos públicos, a algunos aún les tiemblan las piernas al recordar su escotadísimo traje para la reciente gala de los Goya. Elena es una las morenas de armas tomar de nuestro cine, junto a otras como Paz Vega o Leonor Watling, y tiene muy claro que no existen los límites para su carrera. No le tiene miedo a nada: si hay que irse al extranjero a rodar, se va; si hay que aceptar pequeños papeles en grandes películas (Hable con ella), lo hace; si hay que pasarse al videoclip, pues adelante. De hecho, su participación en el videoclip de Justin Timberlake, Sexy Back, rodado en Barcelona, es uno de los últimos trabajos de la actriz, que es noticia por el estreno de la película Miguel Y William, fábula histórica en la que Elena es la responsable de que se reúnan bajo el mismo techo Miguel de Cervantes y William Shakespeare, verlo para creerlo.
Elena nació en Palencia el 17 de julio de 1975. Su infancia se vio marcada por la separación de sus padres. Los estudios no eran su fuerta, así que pronto decidió centrar sus esfuerzos en perseguir su sueño de infancia: ser actriz. En el verano del 96 se presentó a las pruebas de acceso a la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), pero no las superó y decidió apuntarse a un curso de interpretación impartido por Manuel Morón (el actor que da vida al padre maltratador de El Bola). Entonces se presentó al casting de Africa de Alfonso Ungría, que fue su primer trabajo en Madrid, donde curraba y estudiaba a la vez, compartiendo piso con dos franceses a los que no conocía de nada.
Luego llegó su primer trabajo de relevancia: Familia de Fernando León de Aranoa, que por otra parte, provocó que la echaran del RESAD, a la que finalmente había accedido, pero a cuyas clases no podía asistir por el trabajo. Entonces llegaron sus trabajos para el teatro, A Bocados (donde conoció a Gustavo Salmerón, su novio) y Una luz que ya no está. Y luego las películas: Finisterre, Lágrimas Negras, El invierno de las Anjanas..., hasta que en el 2000 Julio Medem la llama para Lucía y el sexo, donde puede desplegar todo su potencial como actriz, trabajo que le vale una nominación al Goya y el premio de la Unión de Actores a la mejor actriz de reparto. Luego, su carrera entra en una espiral de colaboraciones con interesantes directores como Agustín Diaz Yanes (Sin noticias de dios), Pedro Almodóvar (Hable con ella) o Miguel Albadalejo (La habitación azul).
Entonces llega su salto a la escena internacional, que inaugura compartiendo pantalla con Gary Oldman y Robert Carlyle (Full Monty) en Dead Fish. Luego será todavía más sonada su encarnación de la novia de Drácula en la super-producción de Hollywood, Van Helsing, en la que comparte cartel con estrellas como Hugh Jackman ("X-man","Operation Swordfish"), Kate Beckinsale ("Pearl Harbor") y Richard Roxburgh ("Moulin Rouge") entre otros. Volvió a rodar en inglés con 'Frágiles' de Jaume Balagueró, para embarcarse luego en la producción más grande y ambiciosa del cine español: Alatriste.
Después llegaron 'Miguel y William' el pasado año y 'Entre mujeres'. Su nueva gran empresa se llama 'Savage grace', 'Tolerancia salvaje', un tortuoso drama, en el que comparte protagonismo con Julianne Moore, y Belén Rueda. La película se estrena este próximo fin de semana.
Elena parece tener abiertas las puertas del cielo, y no tiene pinta de que vaya a poner el freno a su fulgurante carrera. Tenemos Elena Anaya para rato.