Gracias a sus últimos papeles en Infiltrados y la recién estrenada Diamante de Sangre, Leonardo DiCaprio va dejando atrás la imagen de chico "blandito" y "empalagoso" que le otorgó el taquillazo de Titanic. Si echamos un vistazo a su biografía, parece que los presagios han marcado su vida desde los primeros momentos. Nacido en Hollywood -donde ahora brilla como una estrella- su nombre se debe a que su madre tuvo el presagio de encontrarse embarazada ante un cuadro de Da Vinci. Fueron sus padres los que le animaron en su carrera como actor desde bien pequeño. A pesar de su éxito y su estatus de mega-estrella él asegura que no cree haber cambiado mucho como persona.
Después de pasar por varios spots publicitarios y filmes educativos consiguió un papel en la serie de televisión Lassie. No fue por ésta, sino por Los problemas crecen -sitcom de gran éxito en los 90- por la que su cara se hizo muy conocida en la pequeña pantalla. Su primera incursión en la gran pantalla en 1991 sería terrorífica, en la tercera entrega de Critters. Con tan poco currículum fílmico, tuvo la suerte y el privilegio de compartir reparto con actores de la talla de Robert DeNiro y Ellen Barkin en su segunda película, Vida de este chico. Se trataba de la adaptación del best-seller en el que Tobias Wolf relataba sus propios recuerdos de una complicada adolescencia. Llevado a la pantalla por Michael Caton-Jones, DiCaprio daba vida al propio Wolff en un duro papel.
Dura y complicada resultó también su siguiente interpretación en ¿A quién ama Gilbert Grape?, al lado de Johnny Depp. Él era Arnie, un deficiente mental, lo que le valió su primera nominación al Oscar, como Mejor Actor Secundario. En la misma línea de personajes complicados obtuvo el papel protagonista en Vida de un rebelde con la que seguió fraguándose una imagen de "ídolo de adolescentes". Antes, Sam Raimi se fijó en él para hacer tándem junto a Sharon Stone en el western de nuevo cuño Rápida y mortal. Después sería el director Baz Luhrmann quien posaría su mirada sobre él para encarnar a un moderno Romeo en la atípica adaptación del clásico del dramaturgo inglés más universal, Romeo y Julieta de William Shakespeare.
Si hay una película que catapultaría a DiCaprio directamente a lo más alto del firmamente hollywoodiense esa es Titanic, de James Cameron. Nadie lo duda. El reconocimiento de público y los galardones otorgados al filme contribuyeron en gran medida al mito DiCaprio. El actor declaraba recientemente que este desmedido éxito le hizo plantearse abandonar la profesión. No lo hizo, y tras "el hundimiento" la vida continuó y el trabajo también. Rodó películas como La habitación de Marvin, Vidas al límite, El hombre de la máscara de hierro o La Playa.
El actor no puede quejarse de los cineastas que lo han dirigido. Puede presumir de haber rodado con Steven Spielberg, en Atrápame si puedes o Woody Allen para Celebrity. Pero si hay un director al que DiCaprio debe estar agradecido es a Martin Scorsese. Y de hecho lo está, al menos a juzgar por la campaña que está haciendo a favor de que éste consiga por fin el Oscar este año por Infiltrados. Al director de Toro Salvaje le debe su participación, además de en ésta última, en Gangs of New York y El avidador.
La nominación al Oscar de este año, sin embargo, no se la ha traído su intepretación en Infiltrados, sino en Diamante de sangre. Crítica en forma de superproducción de Hollywood al tráfico de diamantes en África en la que se pone en la piel de un traficante. Coleccionista de modelos como pareja -ha estado con Vanessa Hyden, Gisel Bundchen y hasta hace poco con Bar Rafaeli- a la espera quedamos de saber si Leonardo inaugura su colección de "preciadas estatuíllas" en esta edición de los Oscar.