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Artículos - mayo 2007

# lunes, 28 de mayo de 2007 16:59

El savoir faire de Olivier Martínez

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Este actor francés de 41 años (sí, nació en el 66, aunque parezca increíble) es uno de los hombres más deseados de la gran pantalla. Suponemos que a él le gustaría ser más conocido por sus trabajos cinematográficos, pero lamentablemente su belleza física, sus apariciones publicitarias (es la imagen del nuevo perfume para hombre de Yves Saint-Lauren) y su vida amorosa (recientemente ha finalizado noviazgo con la cantante australiana Kylie Minogue y se rumoreaba que entre Penélope Cruz y él había surgido algo más que una bonita amistad), no le han favorecido mucho en ese sentido.

Hijo de un mecánico que soñaba con ser boxeador, Olivier comenzó también una prometedora carrera pugilística, pero un accidente le olbigó a retirarse. Tras una serie de trabajos mal pagados, estudió interpretación en el Conservatorio de París y debutó en la gran pantalla en 1990 con 'Plein Fer', dirigida por Josée Dayan. Pero no fue hasta cinco años después, cuando Rappeneau le dio el papel protagonista en 'El husar en el tejado', junto a Juliette Binoche, cuando alcanzó renombre internacional, siendo comparado con el mismísimo Alain Delon; aunque no hay que olvidar, que un año antes, en 1994, recibió el Cesar al actor más prometedor por su trabajo en '1, 2, 3, Soleil', de Bertrand Blier.

Después vinieron sus trabajos con diferentes directores europeos, como Bigas Luna ('La camarera del Titánic'), Mario Camus ('La ciudad de los prodigios') o Eric Barbier ('La hora del silencio'), hasta que en 2000 obtuvo su primer papel en una película norteamericana: 'Antes que anochezca', de Julian Schnabel, con la que Javier Bardem obtuvo su nominación al Oscar como mejor actor y en la que Martínez interpretó con gran acierto al escritor cubano Lazaro Gomez Carriles. Con los dos pies ya metidos e Hollywood, en 2002 Olivier se convirtió en el amante (ficticio, se entiende) de Diane Lane en 'Infiel', una película en la que tuvo el placer de convertir en cornudo al mismísimo Richard Gere. Un año después, interpretó un papel secundario en 'S.W.A.T', junto a Samuel L. Jackson y Colin Farrell, filme al que siguió 'Vidas ajenas' con la Angelina Jolie y Ethan Hawke.

Desde entonces, el cáncer (ya superado) de su ex, Kylie Minogue, le ha mantenido alejado de los sets de rodaje, a los que vuelve ahora con 'La marca del lobo', thriller fantástico que llega esta semana en España, y con 'Belle du Seigneur', aún sin fecha de estreno, donde comparte protagonismo con Leonor Watling. Esperemos que este regreso sea definitivo.

# lunes, 21 de mayo de 2007 8:05

Orlando Bloom entre anillos y parches

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A juzgar por su carrera y si nos fijamos sólo en las películas que más fama le han traído, El Señor de los Anillos y Piratas del Caribe, parece que Orlando Bloom se ha especializado en sagas cinematográficas, de éxito en taquilla, además (quizá sobrase esta apostilla, seguramente si no fueran de éxito no serían sagas). Fue el papel de Legolas en la trilogía de Peter Jackson y su sexy físico  lo que le convertieron en estrella en expasión. Al lado de estos, su paso por otros films, que también se ha dado, podríamos decir que han pasado sin pena ni gloria.

Con menos de una veintena de películas en su filmografía pero con una fulminante y meteórica carrera, Bloom confesaba no hace mucho que estaba cansado de la fama y que se retirará durante un tiempo de sus tareas como actor para dedicarse a reflexionar sobre su vida a través del budismo. Cosa que no podrá hacer mientras tenga que promocionar la última entrega de los piratas más comerciales, Piratas del Caribe. En el fin del mundo, en la que se vuelve a meter en la piel de Will Turner y que se estrena ahora en nuestro país.

El actor de pelo castaño y 1,80 de estatura nació en Canterbury (Inglaterra) el 11 de enero de 1977, bajo el nombre completo de Orlando Jonathan Blanchard Bloom. El amor al arte se lo inculcó desde pequeño su madre, Sonia Copeland, nacida en Calcuta, India. A los cuatro años de edad Orlando pierde a su padre, un abogado activista en pro de los derechos civiles en Sur Áfríca, será entonces cuando descubra que su padre biológico es un viejo amigo de la familia, Colin Stone, guardaespaldas de su madre. Su hermana, dos años mayor que él, Samantha Bloom, aconseja a Orlando sobre su estilo en la moda. Pronto descubre su interés por el mundo de la intepretación y se traslada hasta Londres con 16 años para prepararse para ello.

La formación como actor la consiguió con sus amplios estudios en diferentes academias de arte dramático de prestigio como National Youth Theatre, British American Drama Academy, con una beca, y Guildhall School of Music and Drama. Su debut cinematográfico se produjo con un pequeño papel en el filme Wilde, la biografía del escritor inglés Oscar Wilde que contaba con la presencia de Stephen Fry y Jude Law. Sin embargo, anteriormente ya había empezado a participar y dejarse ver en diversos trabajos teatrales y televisivos.

Tras verlo en su primera película Peter Jackson se fijó en él y lo reclamó para el casting de El Señor de los Anillos, una oportunidad que Orlando Bloom no podía desaprovechar, así que se trasladó hasta Nueva Zelanda para entrevistarse con el director. En principio era candidato para el papel de Faramir en la adaptación de la obra de Tolkien, pero finalmente encajó en la piel del elfo arquero con cara de querubín y teñido de rubio. La repercusión para su carrera fue desbordante, con una tan corta carrera desde este papel su nombre se hizo conocido a lo largo y ancho de todo el planeta. Después de la primera parte, La comunidad del anillo, Orlando  pasó los siguientes dos años con el mismo proyecto y los rodajes de  Las dos torres (2002) y El retorno del rey (2003).

Entre el rodaje de la primera y la segunda parte, el inglés pudo intercalar su trabajo en la película de Ridley Scott, Black Hawk derribado, dando vida a un joven soldado. Sin tiempo para recuperarse de una se involucra inmediatamente en otra saga como ha acabado resultando ser las tres partes de Piratas del Caribe. Afortunadamente encontramos al actor en el reparto de películas como Troya, El reino de los cielos, dos filmes épicos, Ned Kelly, compartiendo reparto con Heath Ledger, o Elizabethtown, trasladándose al campo de la comedia romántica junto a Kirsten Dunst.

Su afición a los deportes de riesgo como surf, snow board, paracaidismo y puenting le ha traído no pocos disgustos.  Son varias las lesiones que ha tenido en diferentes partes de su musculado cuerpo como la cabeza, la nariz, las costillas, un brazo y las piernas. El accidente más importante no se debió, sin embargo, a la práctica de ninguno de estos deportes. Se produjo mientras estaba estudiando, en 1998, cuando cayó desde la ventana de un tercer piso y se rompió la espalda; los médicos pensaron que jamás volvería a andar.

La relación más larga y estable que se le conoce ha sido con la actriz Joanne Morley, que acabó abandonándole por uno de sus mejores amigos. Se ha rumoreado que llegó a tener un breve romance con Penélope Cruz, pero hasta ahora, que se sepa, su compañero más fiel es su perro Sidi, al que encontró durante uno de sus rodajes y del que se ha convertido en un inseparable. Esperemos uqe Bloom muestre su misma fidelidad a sus fans, que no son pocas, y vuelva pronto al mundo de la actuación.

# jueves, 17 de mayo de 2007 19:32

Jake Gyllenhaal: vuelve el encanto del cowboy

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"De cowboy a cowboy". Con esta expresión podría resumirse la carrera del actor Jake Gyllenhaal hasta que pasó definitivamente a formar parte de la galería de estrellas de Hollywood o, como mínimo, a ser uno de los actores con mayor proyección descubiertos en los últimos tiempos. Debutó en esto del cine bajo el nombre de Jacob con un papel secundario en la comedia Cowboys de ciudad y su nombre se hizo conocido junto al de su compañero de reparto, Heath Ledger, protagonizando Brokeback Mountain, una historia de amor entre vaqueros que narraba en la pantalla el director Ang Lee y que despertó la atención de medios y público por su tratamiento inédito de la temática homesexual. Su interpretación le valió al actor una nominación al Oscar como mejor Actor de Reparto.

Su cara de chico inocente y su profunda mirada de ojos azules destacan en Jake Gyllenhaal un sutil atractivo cuya falta de evidencia le aporta una versatilidad para interpretar todo tipo de papeles. Para completar el pastel, se dice de él que es tierno, dulce y simpático. Desde el tremendo éxito de la película de Ang Lee, el actor ha dosificado sus apariciones en la gran pantalla. Ahora tenemos el placer de poder disfrutar de nuevo de su trabajo interpretativo y de su físico en Zodiac, el último filme del director David Fincher (Seven, El club de la lucha). Jake se mide aquí con otros actores como Robert Downey Jr. y Mark Ruffalo en un nuevo filme de serial killers.

Si nos fijamos en su árbol familiar, la frase "de casta le viene al galgo" se puede aplicar con exactitud al caso de Jacob Benjamin, su nombre original. El actor es hijo del director Stephen Gyllenhaal  y de la guinionista Naomi Foner. Además es el hermano pequeño de la también actriz Maggie Gyllenhaal. Con estos antecedentes familiares parecía que el chico estaba predestinado a dedicarse al mundo del cine. Si a esto sumamos que nació en Los Ángeles (un 19 de diciembre), todo encaja. Sin embargo, como otros actores, comenzó su carrera en el mundo del espectáculo tirando antes por el camino de la música, formando parte del grupo Hole Shot. Aunque abandonada de manera profesional, la música sigue siendo una de sus mayores aficiones personales.

Durante los años que estuvo en la Universidad de Columbia, que luego abandonaría, hizo sus pinitos como actor de manera amateur en algunas obras estudiantiles. La segunda oportunidad en la gran pantalla después de Cowboys de ciudad, junto a Jack Palance y Billy Crystal, se la ofreció su propio padre en el filme Una mujer peligrosa (1993). No será esta la última vez que se ponga a las órdenes de su progenitor, repetiría cinco años después en Cosecha propia. Pero antes vendrían Cielo de Octubre, con su primer papel protagonista, o Bubble Boy, esta última una comedia familiar de Walt Disney. 

Donde realmente pudo Jake Gyllenhaal demostrar todo su talento interpretativo fue en Donnie Darko. En esta cinta de carácter independiente -transformada con el tiempo en película de culto-, en la que compartía reparto con su hermana Maggie Gyllenhaal, daba vida a un chico esquizofrénico que le trajo todo el reconocimiento de la crítica. Compartío reparto con Jennifer Aniston en The Good Girl (2002), en la que ambos vivía un tórrido romance, ella una mujer casada. Ese mismo año tendría el honor de trabajar junto a actores que admiraba desde su infancia como eran Dustin Hoffman y Susan Sarandon en El compromiso. Ha trabajado a las órdenes de directores como Roland Emmerich para El día de mañana, filme que gira alrededor del desastre provocado por un repentino cambio climático, o Sam Mendes en Jarhead, drama bélico contextualizado en la primera Guerra del Golfo. Tanto esta película como la mencionada Brokeback Mountain supusieron el aldabonazo definitivo que necesitaron el público y la crítica para fijarse definitivamente en él.

Entre sus anteriores parejas sentimentales se cuentan las actrices Natalie Portman y Kirsten Dunst. Actualmente se rumorea que mantiene una relación sentimental con Resses Whiterspoon.

# lunes, 07 de mayo de 2007 20:44

Michelle Pfeiffer: la belleza imperecedera

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Revisar la carrera de Michelle Pfeiffer significa transitar por más de dos décadas de una íntima relación entre el cine y la belleza femenina más arrebatadora. Su atractivo magnetico y enigmático ha hecho de su currículum fílmico una extensa lista de excusas para entregarse a la contemplación del encanto en estado puro. El tiempo ha pasado, Michelle ha ido madurando, aprendiendo a conquistar el objetivo de la cámara con nuevas armas, añadiendo en cada nuevo filme un grado de experiencia a su íntima relación con la cámara. A la postre, convirtiendo su belleza en una cualidad perenne. El tiempo pasa, pero su belleza permanece. Y para demostrarlo, tras cinco años alejada de las pantallas (ya la echábamos de menos), en 2007 volvió con varios proyectos bajo el brazo: el film fantástico Stardust, la comedia musical Hairspray y la romántica El novio de mi madre, película en la que la Pfeiffer interpretaba a una productora televisiva que ha superado los 40 (con creces) y que se enamora de un chico mucho más joven que ella (Paul Rudd). A sus casi 50 años de edad, Michelle parece decidida a reconfigurar su figura fílmica, exponiendo sin tapujos su resplandeciente madurez.

Nacida el 29 de abril de 1958 en Santa Ana, California (USA), Michelle Pfeiffer (descendiente de alemanes, holandeses, secos, suizos e irlandeses) decidió en su juventud compatibilizar sus estudios de periodismo con un trabajo de dependienta de una tienda de moda. Luego, abandonó dichos estudios para probar suerte en el mundo de la publicidad y la moda, llegando a ser elegida Miss Ornage County. Para preparar su carrera interpretativa decidió estudiar en el Beverly Hills Playhouse.

Antes de todo esto, Michelle ya se había estrenado en el mundo del espectáculo participando a los 12 años en la representación de Alicia en el país de las maravillas en el desfile eléctrico en Disneylandia. Casi una década después, su carrera se iniciaría en el mundo de la publicidad y la televisión, mientras que su salto a la gran pantalla lo daría gracias a The Hollywood Knight (1980). Ya en 1982, la carrera de la Pfeiffer daría un vuelco definitivo hacia la consagración, gracias a cuatro éxitos relativos, pero con suficiente entidad como para dar a conocer mundialmente a la emergente estrella: Grease 2 (1982), El precio del poder (1983) junto a un pasadísimo Al Pacino a las órdenes de Brian de Palma, Cuando llega la noche (1985) y la mítica Lady Halcón (1985).

Luego, con Las Brujas de Eastwick (1987) de por medio, 1988 sería su año definitivo, gracias a Casada con todos, Conexión Tequila y Las amistades peligrosas, por la que conseguiría su primera nominación al Oscar. Estaría a punto de saborear el reconocimiento de la Academia de Hollywood en dos ocasiones más (gracias a sus sensacional interpretación en Los fabulosos Baker Boys –1989- y por Por encima de todo –1992-). Más adelante nos volvería locos con su encarnación de Catwoman en Batman Vuelve (1992), con su magistral composición de la condesa Olenska en La edad de la inocencia (1993) y con su seductor papel en Lobo (1994), junto a un Jack Nicholson en puro estado animal. Finalmente, el último segmento de su carrera contempla desde dramas sociales (Mentes peligrosas – 1995), hasta comedias sentimentales (Intimo y personal – 1996), pasando por el terror (Lo que la verdad esconde – 2000), las adaptaciones shakespearianas (El sueño de una noche de verano – 1999) y el drama coral (La flor del mal, 2002).

En cuanto a su vida sentimental, Michelle se casó en 1981 con el actor y director Peter Horton (famosos gracias a su participación en la serie Treinta y tantos), matrimonio que duró hasta 1989. Luego se la relacionó con el también actor Fisher Stevens, así como con los populares Val Kilmer y John Malkovich. En 1993, se volvió a casar, esta vez con el productor televisivo David E. Kelley. Michelle adoptó a una niña, llamada Claudia Rose (nacida en 1993) y tuvo un hijo con Kelley, de nombre David, como su padre.

Felices del regreso a las pantallas de uno de los rostros más luminosos de las últimas dos décadas de la historia del cine, deseamos que este prolífico retorno de la Pfeiffer se alargue muchos años más, tantos como su imperecedera belleza.
# viernes, 04 de mayo de 2007 10:48

Emmanuelle Béart: la bella mentirosa

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Su rostro angelical, su voluptuosa y curvilínea belleza, y su talento actoral han convertido a Emmanuelle Béart en una de las grandes figuras del cine europeo de las últimas décadas. La expresividad de sus enormes ojos y sus labios carnosos hacen de cada una de sus interpretaciones un torbellino emocional y, dotada de una gran versatilidad, es capaz de abordar sin despeinarse un registro frágil y vulnerable, para acto seguido devenir un una figura decidida, astuta e inquebrantable. Musa de varios de los realizadores más relevantes del panorama cinematográfico europeo reciente (sobretodo de sus compatriotas franceses), Emmanuelle encarna como pocas ese enigmático ideal femenino en el que confluyen el misterio y la pasión. Ángel o demonio, la Béart es la “bella mentirosa” por antonomasia del cine, como dejó bien claro la película de Jacques Rivette que hizo famosa la bella y deslumbrante desnudez de la francesa. Ahora tenemos el gran placer de reencontrarnos con su figura y su excelso trabajo interpretativo en la película L’Enfer del bosnio Danis Tanovic, En tierra de nadie. En la película, Emmanuelle interpreta a Sophie, una de las tres hermanas protagonistas de la cinta. Infelizmente casada con Pierre (Jacques Gambil), un fotógrafo con el que tiene dos hijos, Sophie se verá empujada por los acontecimientos a reunirse con sus hermanas y a lidiar con un oscuro pasado en común que deberán superar para poder vivir plenamente el presente.

Nacida el 14 de agosto de 1963 en Saint Tropez, Francia, Emmanuelle Béart vivió su infancia junto a sus hermanos y hermanas en una granja no muy lejos de su pueblo natal, ya que su padre, el cantante y poeta francés Guy Béart, no quería que sus hijos se vieran afectados por el glamuroso y agobiante mundo en el que se había convertido Paris. Béart comenzó su carrera como actriz en su niñez, siendo dirigida por René Clément en Como liebre acosada (1972). Sin embargo no sería hasta los 13 años, al quedar asombrada por la interpretación de Rommy Schneider en Mado (1976), que Emmanuelle no decidiría perseguir el objetivo de convertirse en actriz profesional. Entonces sus padres la enviaron durante tres años a Montreal, Canadá, para que pudiera aprender inglés. Según se rumorea, en Montreal la actriz coincidió con el director Robert Altman, quien la animó a perseguir su sueño actoral y que estuvo a punto de contratarla para realizar un filme fantasma que nunca se llegó a producir.De vuelta en Francia, Emmanuelle tomaría clases de interpretación y recibiría su primer trabajo para televisión en Raison perdue (1984). Gracias a su participación en ese proyecto, el fotógrafo y realizador David Hamilton la contrataría para el largometraje Premiers désirs (1983). Pronto, la actriz se convertiría en una auténtico fenómeno, alcanzando la nominación al César (equivalente francés del Oscar) como mejor actriz revelación por su trabajo en L’amour en duche (1985) y como mejor actriz secundaria en La venganza de Manon (1986) de Claude Berri, película que convertiría a la actriz en una eminencia pública. Luego Tom McLoughlin la escogería entre 5000 candidatas para su primera película en Hollywood, Cita con un ángel muy especial.

En los años 90, la figura de Emmanuelle Béart siguió subiendo enteros, sobretodo gracias a su colaboración con varios directores de sobrado prestigio, como Jacques Rivette (en Divertimento -1991-, La bella mentirosa -1991- y La historia de Marie y Julien -2003-), André Techiné (En la boca no -1991 y Les égarés -2003-), o Claude Sautet (Un corazón en invierno -1992- y Nelly y el señor Arnaud -1995-). Con fama de extremadamente sensible y perfeccionista, la actriz llegó a practicar violín durante todo un año ara poder hacer creíble su personaje en Un corazón en invierno. La Béart también ha trabajado con Claude Chabrol en El infierno (1994), François Ozon en 8 mujeres (2002) y con Anne Fontaine en Natalie X (2003). De su aventura norteamericana, el título que merece la pena destacar es la fantástica Misión: Imposible (1996) de Brian de Palma, en la que compartió pantalla con Tom Cruise.

En cuanto a la vida privada de la actriz, cabe destacar que estuvo casada durante tres años con el actor Daniel Auteuil (La reina Margot, El adversario, Caché), al que conoció en el rodaje de L’amour en douce y con quien tuvo a su hija Nelly, nacida en 1992. En marzo de 1996, daría a luz a su hijo Johan, cuyo padre es el productor musical David Moreau. LA otra cara menos conocida de la Béart es su condición de activista política, algo que testimonian su detención en Paris en 1997 por su defensa de los derechos de los sin papeles y su nombramiento como embajadora para la UNICEF.

Siempre deslumbrante, la sola presencia de Emmanuelle Beart en una película es motivo de celebración para el buen cinéfilo. Esperemos que esa presencia no se diluya en el tiempo y que, por tanto, podamos seguir disfrutando durante largo tiempo de la arrebatadora belleza y talento de la actriz.