
Su rostro angelical, su voluptuosa y curvilínea belleza, y su talento actoral han convertido a
Emmanuelle Béart en una de las grandes figuras del cine europeo de las últimas décadas. La expresividad de sus enormes ojos y sus labios carnosos hacen de cada una de sus interpretaciones un torbellino emocional y, dotada de una gran versatilidad, es capaz de abordar sin despeinarse un registro frágil y vulnerable, para acto seguido devenir un una figura decidida, astuta e inquebrantable. Musa de varios de los realizadores más relevantes del panorama cinematográfico europeo reciente (sobretodo de sus compatriotas franceses), Emmanuelle encarna como pocas ese enigmático ideal femenino en el que confluyen el misterio y la pasión. Ángel o demonio, la Béart es la “bella mentirosa” por antonomasia del cine, como dejó bien claro la película de
Jacques Rivette que hizo famosa la bella y deslumbrante desnudez de la francesa. Ahora tenemos el gran placer de reencontrarnos con su figura y su excelso trabajo interpretativo en la película L’Enfer del bosnio
Danis Tanovic, En tierra de nadie. En la película, Emmanuelle interpreta a Sophie, una de las tres hermanas protagonistas de la cinta. Infelizmente casada con Pierre (Jacques Gambil), un fotógrafo con el que tiene dos hijos, Sophie se verá empujada por los acontecimientos a reunirse con sus hermanas y a lidiar con un oscuro pasado en común que deberán superar para poder vivir plenamente el presente.
Nacida el 14 de agosto de 1963 en Saint Tropez, Francia, Emmanuelle Béart vivió su infancia junto a sus hermanos y hermanas en una granja no muy lejos de su pueblo natal, ya que su padre, el cantante y poeta francés Guy Béart, no quería que sus hijos se vieran afectados por el glamuroso y agobiante mundo en el que se había convertido Paris. Béart comenzó su carrera como actriz en su niñez, siendo dirigida por René Clément en
Como liebre acosada (1972). Sin embargo no sería hasta los 13 años, al quedar asombrada por la interpretación de
Rommy Schneider en
Mado (1976), que Emmanuelle no decidiría perseguir el objetivo de convertirse en actriz profesional. Entonces sus padres la enviaron durante tres años a Montreal, Canadá, para que pudiera aprender inglés. Según se rumorea, en Montreal la actriz coincidió con el director
Robert Altman, quien la animó a perseguir su sueño actoral y que estuvo a punto de contratarla para realizar un filme fantasma que nunca se llegó a producir.

De vuelta en Francia, Emmanuelle tomaría clases de interpretación y recibiría su primer trabajo para televisión en
Raison perdue (1984). Gracias a su participación en ese proyecto, el fotógrafo y realizador David Hamilton la contrataría para el largometraje
Premiers désirs (1983). Pronto, la actriz se convertiría en una auténtico fenómeno, alcanzando la nominación al César (equivalente francés del Oscar) como mejor actriz revelación por su trabajo en
L’amour en duche (1985) y como mejor actriz secundaria en
La venganza de Manon (1986) de Claude Berri, película que convertiría a la actriz en una eminencia pública. Luego Tom McLoughlin la escogería entre 5000 candidatas para su primera película en Hollywood,
Cita con un ángel muy especial.
En los años 90, la figura de Emmanuelle Béart siguió subiendo enteros, sobretodo gracias a su colaboración con varios directores de sobrado prestigio, como Jacques
Rivette (en
Divertimento -1991-,
La bella mentirosa -1991- y
La historia de Marie y
Julien -2003-), André Techiné (
En la boca no -1991 y
Les égarés -2003-), o Claude Sautet (
Un corazón en invierno -1992- y
Nelly y el señor Arnaud -1995-). Con fama de extremadamente sensible y perfeccionista, la actriz llegó a practicar violín durante todo un año ara poder hacer creíble su personaje en Un corazón en invierno. La Béart también ha trabajado con Claude Chabrol en
El infierno (1994), François Ozon en
8 mujeres (2002) y con Anne Fontaine en
Natalie X (2003). De su aventura norteamericana, el título que merece la pena destacar es la fantástica
Misión: Imposible (1996) de Brian de Palma, en la que compartió pantalla con Tom Cruise.
En cuanto a la vida privada de la actriz, cabe destacar que estuvo casada durante tres años con el actor Daniel Auteuil (La reina Margot, El adversario, Caché), al que conoció en el rodaje de L’amour en douce y con quien tuvo a su hija Nelly, nacida en 1992. En marzo de 1996, daría a luz a su hijo Johan, cuyo padre es el productor musical David Moreau. LA otra cara menos conocida de la Béart es su condición de activista política, algo que testimonian su detención en Paris en 1997 por su defensa de los derechos de los sin papeles y su nombramiento como embajadora para la UNICEF.
Siempre deslumbrante, la sola presencia de Emmanuelle Beart en una película es motivo de celebración para el buen cinéfilo. Esperemos que esa presencia no se diluya en el tiempo y que, por tanto, podamos seguir disfrutando durante largo tiempo de la arrebatadora belleza y talento de la actriz.