Revisar la carrera de Michelle Pfeiffer
significa transitar por más de dos décadas de una íntima relación entre
el cine y la belleza femenina más arrebatadora. Su atractivo magnetico
y enigmático ha hecho de su currículum fílmico una extensa lista de
excusas para entregarse a la contemplación del encanto en estado puro.
El tiempo ha pasado, Michelle ha ido madurando, aprendiendo a
conquistar el objetivo de la cámara con nuevas armas, añadiendo en cada
nuevo filme un grado de experiencia a su íntima relación con la cámara.
A la postre, convirtiendo su belleza en una cualidad perenne. El tiempo
pasa, pero su belleza permanece. Y para demostrarlo, tras cinco años
alejada de las pantallas (ya la echábamos de menos), en 2007 volvió con
varios proyectos bajo el brazo: el film fantástico Stardust, la comedia musical Hairspray y la romántica El novio de mi madre, película en la que la Pfeiffer
interpretaba a una productora televisiva que ha superado los 40 (con
creces) y que se enamora de un chico mucho más joven que ella (Paul Rudd).
A sus casi 50 años de edad, Michelle parece decidida a reconfigurar su
figura fílmica, exponiendo sin tapujos su resplandeciente madurez.
Nacida el 29 de abril de 1958 en Santa Ana, California (USA), Michelle Pfeiffer
(descendiente de alemanes, holandeses, secos, suizos e irlandeses)
decidió en su juventud compatibilizar sus estudios de periodismo con un
trabajo de dependienta de una tienda de moda. Luego, abandonó dichos
estudios para probar suerte en el mundo de la publicidad y la moda,
llegando a ser elegida Miss Ornage County. Para preparar su carrera interpretativa decidió estudiar en el Beverly Hills Playhouse.
Antes de todo esto,
Michelle ya se había estrenado en el mundo del espectáculo participando a los 12 años en la representación de
Alicia en el país de las maravillas en el desfile eléctrico en
Disneylandia.
Casi una década después, su carrera se iniciaría en el mundo de la
publicidad y la televisión, mientras que su salto a la gran pantalla lo
daría gracias a
The Hollywood Knight (1980). Ya en 1982, la
carrera de la Pfeiffer daría un vuelco definitivo hacia la
consagración, gracias a cuatro éxitos relativos, pero con suficiente
entidad como para dar a conocer mundialmente a la emergente estrella:
Grease 2 (1982),
El precio del poder (1983) junto a un pasadísimo
Al Pacino a las órdenes de
Brian de Palma,
Cuando llega la noche (1985) y la mítica
Lady Halcón (1985).

Luego, con
Las Brujas de Eastwick (1987) de por medio, 1988 sería su año definitivo, gracias a
Casada con todos,
Conexión Tequila y
Las amistades peligrosas, por la que conseguiría su primera nominación al
Oscar.
Estaría a punto de saborear el reconocimiento de la Academia de
Hollywood en dos ocasiones más (gracias a sus sensacional
interpretación en
Los fabulosos Baker Boys –1989- y por
Por encima de todo –1992-). Más adelante nos volvería locos con su encarnación de
Catwoman en
Batman Vuelve (1992), con su magistral composición de la condesa Olenska en
La edad de la inocencia (1993) y con su seductor papel en
Lobo (1994), junto a un
Jack Nicholson en puro estado animal. Finalmente, el último segmento de su carrera contempla desde dramas sociales (
Mentes peligrosas – 1995), hasta comedias sentimentales (
Intimo y personal – 1996), pasando por el terror (
Lo que la verdad esconde – 2000), las adaptaciones shakespearianas (
El sueño de una noche de verano – 1999) y el drama coral (
La flor del mal, 2002).
En cuanto a su vida sentimental,
Michelle se casó en 1981 con el actor y director
Peter Horton (famosos gracias a su participación en la serie
Treinta y tantos), matrimonio que duró hasta 1989. Luego se la relacionó con el también actor
Fisher Stevens, así como con los populares
Val Kilmer y
John Malkovich. En 1993, se volvió a casar, esta vez con el productor televisivo
David E. Kelley. Michelle adoptó a una niña, llamada
Claudia Rose (nacida en 1993) y tuvo un hijo con Kelley, de nombre
David, como su padre.
Felices
del regreso a las pantallas de uno de los rostros más luminosos de las
últimas dos décadas de la historia del cine, deseamos que este
prolífico retorno de la
Pfeiffer se alargue muchos años más, tantos como su imperecedera belleza.