A juzgar por su carrera y si nos fijamos sólo en las películas que más fama le han traído, El Señor de los Anillos y Piratas del Caribe, parece que Orlando Bloom se ha especializado en sagas cinematográficas, de éxito en taquilla, además (quizá sobrase esta apostilla, seguramente si no fueran de éxito no serían sagas). Fue el papel de Legolas en la trilogía de Peter Jackson y su sexy físico lo que le convertieron en estrella en expasión. Al lado de estos, su paso por otros films, que también se ha dado, podríamos decir que han pasado sin pena ni gloria.
Con menos de una veintena de películas en su filmografía pero con una fulminante y meteórica carrera, Bloom confesaba no hace mucho que estaba cansado de la fama y que se retirará durante un tiempo de sus tareas como actor para dedicarse a reflexionar sobre su vida a través del budismo. Cosa que no podrá hacer mientras tenga que promocionar la última entrega de los piratas más comerciales, Piratas del Caribe. En el fin del mundo, en la que se vuelve a meter en la piel de Will Turner y que se estrena ahora en nuestro país.
El actor de pelo castaño y 1,80 de estatura nació en Canterbury (Inglaterra) el 11 de enero de 1977, bajo el nombre completo de Orlando Jonathan Blanchard Bloom. El amor al arte se lo inculcó desde pequeño su madre, Sonia Copeland, nacida en Calcuta, India. A los cuatro años de edad Orlando pierde a su padre, un abogado activista en pro de los derechos civiles en Sur Áfríca, será entonces cuando descubra que su padre biológico es un viejo amigo de la familia, Colin Stone, guardaespaldas de su madre. Su hermana, dos años mayor que él, Samantha Bloom, aconseja a Orlando sobre su estilo en la moda. Pronto descubre su interés por el mundo de la intepretación y se traslada hasta Londres con 16 años para prepararse para ello.
La formación como actor la consiguió con sus amplios estudios en diferentes academias de arte dramático de prestigio como National Youth Theatre, British American Drama Academy, con una beca, y Guildhall School of Music and Drama. Su debut cinematográfico se produjo con un pequeño papel en el filme Wilde, la biografía del escritor inglés Oscar Wilde que contaba con la presencia de Stephen Fry y Jude Law. Sin embargo, anteriormente ya había empezado a participar y dejarse ver en diversos trabajos teatrales y televisivos.
Tras verlo en su primera película Peter Jackson se fijó en él y lo reclamó para el casting de El Señor de los Anillos, una oportunidad que Orlando Bloom no podía desaprovechar, así que se trasladó hasta Nueva Zelanda para entrevistarse con el director. En principio era candidato para el papel de Faramir en la adaptación de la obra de Tolkien, pero finalmente encajó en la piel del elfo arquero con cara de querubín y teñido de rubio. La repercusión para su carrera fue desbordante, con una tan corta carrera desde este papel su nombre se hizo conocido a lo largo y ancho de todo el planeta. Después de la primera parte, La comunidad del anillo, Orlando pasó los siguientes dos años con el mismo proyecto y los rodajes de Las dos torres (2002) y El retorno del rey (2003).
Entre el rodaje de la primera y la segunda parte, el inglés pudo intercalar su trabajo en la película de Ridley Scott, Black Hawk derribado, dando vida a un joven soldado. Sin tiempo para recuperarse de una se involucra inmediatamente en otra saga como ha acabado resultando ser las tres partes de Piratas del Caribe. Afortunadamente encontramos al actor en el reparto de películas como Troya, El reino de los cielos, dos filmes épicos, Ned Kelly, compartiendo reparto con Heath Ledger, o Elizabethtown, trasladándose al campo de la comedia romántica junto a Kirsten Dunst.
Su afición a los deportes de riesgo como surf, snow board, paracaidismo y puenting le ha traído no pocos disgustos. Son varias las lesiones que ha tenido en diferentes partes de su musculado cuerpo como la cabeza, la nariz, las costillas, un brazo y las piernas. El accidente más importante no se debió, sin embargo, a la práctica de ninguno de estos deportes. Se produjo mientras estaba estudiando, en 1998, cuando cayó desde la ventana de un tercer piso y se rompió la espalda; los médicos pensaron que jamás volvería a andar.
La relación más larga y estable que se le conoce ha sido con la actriz Joanne Morley, que acabó abandonándole por uno de sus mejores amigos. Se ha rumoreado que llegó a tener un breve romance con Penélope Cruz, pero hasta ahora, que se sepa, su compañero más fiel es su perro Sidi, al que encontró durante uno de sus rodajes y del que se ha convertido en un inseparable. Esperemos uqe Bloom muestre su misma fidelidad a sus fans, que no son pocas, y vuelva pronto al mundo de la actuación.