Si el caché de una actriz se midiese por su aparición en alguna de las escenas más calientes de la historia del cine, el nombre de Selma Blair constaría en el panteón de las más grandes actrices. Para todos esos fetichistas de las escenas morbosas, la imagen de Blair debería materializarse instantáneamente al recordar su momento hot junto a Sarah Michelle Gellar en Crueles intenciones (1999), uno de los bésos lésbicos más incendiarios del cine. Con esta carta de presentación, los adjetivos prácticamente sobran, aunque no está de más explicar que la Blair es una mujer sensual y morbosa, capaz de desatar un vendaval de instintos básicos mediante una de sus miradas carnívoras. Su belleza, felina y de apariencia perversa, podría considerarse algo animal, o todavía más, monstruosamente atractiva. De este modo, no es extraño que el gran Guillermo del Toro la haya elegido para encarnar a Liz Sherman, la compañera de aventuras de Hellboy. Con sus habilidades piroquinéticas (literalmente incendiarias) y su aire retraído, Selma ha sabido dotar a su monstruoso personaje de una humanidad frágil y vulnerable. Ahora podemos disfrutar de su presencia en Hellboy II: El ejército dorado. A tus pies, Selma.
Nacida como Selma Beitner (luego cambiaría su apellido por Blair) en Southfield, Michigan, el 23 de junio de 1972, hija de Molly Ann and Elliot Beitner, la joven Selma asistió primero a una escuela judía y luego a la Cranbrook Kingswood school en Bloomfield Hills. Luego, cursó estudios de secundaria en el instituto Kalamazoo College en Michigan, y luego pasó a la Universidad de Michigan, donde se tituló en 1994. Hasta ahí todo normal, la historia de una chica más bien normalita que soñaba esporádicamente con el sueño de convertirse en actriz.
Así fue como Selma optó por entrar a estudiar al Conservatiorio de Interpretación de Stella Adler, donde coincidió con la actriz Elizabeth Berkeley (Showgirls). De ahí, la actriz consiguió algunos papeles secundarios en películas como Efectos secundarios (1996), In & Out (1997), Réquiem por Brown (1998) o Ya no puedo esperar (1998). Sin embargo, su despegue definitivo en Hollywood lo marco la ya mencionada Crueles intenciones, donde junto a Sarah Michelle Gellar y Reese Witherspoon realizaba una recreación (en plan adolescente y contemporánea) de la novella Las amistades peligrosas de Pierre Chodelros. Por dicha película, Selma consiguió el premio al “Mejor beso” de los MTV Movie Awards.
La popularidad de Blair se incrementó aún más cuando interpretó el papel de Zoe Bean en las dos temporadas de la serie Zoe, Duncan, Jack and Jane (1999-2000). Luego, se la podría ver, de nuevo explotando su perfil más sensual, en Cosas que no se olvidan (2001) del siempre corrosivo Todd Solondz. También aparecería en Una rubia muy legal (2001), de nuevo junto a Reese Witherspoon, que se convertiría en su mejor amiga. Selma le tomaría el gusto a la comedia romántica y participaría en La cosa más dulce (2002) y Cosas de tíos (2003), hasta que en 2004 le llegaría su gran oportunidad de la mano de Guillermo del Toro y del papel de Liz Sherman en Hellboy.
Sin embargo, su participación en esta superproducción de Hollywood no le impediría seguir eligiendo papeles en filmes más independientes, como por ejemplo Adictos al sexo (2004), donde la actriz aparecía equipada con una gigantesca prótesis que ampliaba sus pechos hasta dimensiones desproporcionadas. Luego se la ha visto en In Good Company (2004), The Deal (2005) y Terror en la niebla (2005), hasta que el personaje de Liz Sherman ha vuelto a cruzarse en su camino en forma de secuela de Hellboy.
Selma Blair ha declarado que las actrices más la han influenciado son Sissy Spacek, Julie Hagerty y Judy Davis, mujeres que, como ella, saben dotar a sus personajes de un delicado equilibrio entre fortaleza y fragilidad.
Por ultimo, apuntar que Selma estuvo casada entre 2004 y 2006 con Ahmet Zappa, hijo de Frank Zappa, del que se divorció argumentando “diferencias irreconciliables”.
Sin grandes curvas, saliéndose de los patrones que dictan los cánones de belleza actuales, Selma ha sabido imponer su belleza única e inconfundible. Deberemos estar atentos para comprobar hasta donde puede llegar la actriz en esa esclara al firmamento que es Hollywood.