
Se inició en el cine con tan sólo 14 años y se convirtió en musa de
directores como Vicente Aranda o Gonzalo Suárez. Su tez morena y racial
la llevaron a ser una de las actrices más codiciadas del panorama
español y alrededores, y aunque ha pasado por unos años en los que
parecía que el cine la había dejado de lado, resurgió en 2008 con
más fuerza que nunca: a su primer y esperadísimo
Goya (había sido candidata al galardón cinco veces) por
Siete mesas de billar francés, se une ahora el estreno de
Tetro, en la que es dirigida nada más y nada menos que por
Francis Ford Coppola, y protagoniza junto a Vincent Gallo y Carmen Maura. Sin duda, este es el año de Maribel Verdú.
Su primera experiencia ante las cámaras fue en la serie de
televisión La huella del crimen, basada en la novela de Juan Benet. A
ésta le siguieron Segunda Enseñanza, de Pedro Masó, y Turno de Oficio,
de Antonio Mercero, ambos en 1985. En 1986 se estrenó en el cine con El año de las luces, de Fernando Trueba, que obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín en la edición de 1987. Además, participó en La estanquera de Vallecas y en El señor de los llanos, que se rodó en Venezuela con Santiago San Miguel.
Otras películas en las que ha intervenido son: 27 horas (1986), de Armendáriz; Vidas privadas; El aire de un crimen (1988), de Antonio Isasi; El juego más divertido (1987), de Emilio Martínez-Lázaro; Sinatra; Barcelona conexión; Soldadito español (1988), de Antonio Giménez-Rico; El regreso, de Luis Ariño o El sueño de Tánger, de Ricardo Franco;
Por aquellos años también hizo sus pinitos sdobre las tablas,
participando en las obras Romeo y Julieta y Don Juan Tenorio. En junio
de 1989 intervino en el estreno en Mérida de la obra de Plauto Miles
Gloriosus, con la que realizó una gira por toda España. En 1990 inició
el rodaje como coprotagonista con Jorge Sanz y Victoria Abril de la
película Amantes, de Vicente Aranda, trabajo por el
que fue nominada al Goya a la mejor intérprete femenina y a uno de los
premios Adircae, aunque no consiguió ninguno.
En el 91 regresó al teatro para hacer el papel de Juana la loca en
la obra de Carmen Romero Juego de reinas, dirigida por Gerardo Mayo, y
ese mismo verano coprotagonizó la ópera prima de Manuel Gómez Pereira, Salsa rosa. Poco después, intervino como coprotagonista en Belle Epoque, de Fernando Trueba y trabajó de nuevo a las órdenes de Aranda en El amante bilingue. En 1993, Bigas Luna contó con ella para Huevos de oro,
junto a Javier Bardem. Coincidiendo con estas fechas, Belle Epoque, que
había sido estrenada en Berlín, acaparaba 9 Goyas, y justo un año
después, recibía el Oscar a la mejor película extranjera. Tras algunas
series de televisión y rodar La Celestina, de Gerardo Vera, le llegó su
gran papel hasta la fecha: el que interpretó en La buena estrella, de Ricardo Franco, junto a Antonio Resines y Jordi Mollá.
Sin embargo, a partir de aquí, aunque no paró de trabajar, nada tuvo
el resultado previsto. Hasta que en 2001 su carrera dio un giro y
comenzó una nueva etapa con Y tu mamá también, del director mexicano Alfonso Cuarón, y que ha continuado con El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, Oviedo Express, de Gonzalo Suárez, y la mencionada Siete mesas de billar francés,
de Gracia Querejeta, en la que compartió papel y nominación al Goya con
Blanca Portillo. Después regresó a la comedia con Gente de mala calidad y posteriormente protagonizó Los girasoles ciegos junto a Javier Cámara.
Y, finamlmente, Tetro, lo nuevo de Francis Ford Coppola (estreno 26 de junio), su espaldarazo final en el cine. ¿Le puede ir mejor?