Mucho me equivocaré si el presidente de la Federación Española de Baloncesto no confirma, en los programas radiofónicos de esta noche, que prescinde de Pepu Hernández como seleccionador nacional. Al loro de la noticia que adelantábamos en Onda Cero a las nueve de la noche y que solo está pendiente de la confirmación oficial. Ni abrazos, ni buenas palabras, ni mejores propósitos, como dieron a entender hace tan solo unos días. El divorcio entre el presidente y el entrenador, latente desde el pasado Campeonato de Europa, está a punto de materializarse porque no hay vuelta atrás.
Lo triste del caso es que no sean razones puramente deportivas las que han provocado la ruptura, sino el enconamiento de las relaciones que desembocaron en auténtica crisis el día en que Pepu Hernández anunció que dejaría la Selección a la conclusión de los Juegos Olímpicos. Era tan innecesario el anuncio como justificado el mosqueo de la Federación al entender que Pepu Hernández se estaba poniendo en el mercado, desatendiendo supuestamente sus obligaciones para con la Selección.
Escribí en su día que, aun entendiendo que Pepu hacía bien en buscarse las habichuelas de cara al futuro, resultaba muy poco oportuno anunciar su adiós en un momento en el que cualquiera era muy libre de pensar que podría tener ya un compromiso con otro club. Y no sé si ése era el pensamiento de la Federación, pero de lo que estoy convencido es de que José Luis Sáez ha encontrado la disculpa necesaria para ponerle precio a la cabeza de un entrenador con el que ni se entendía ni se quería entender.
Lo que no me parece de recibo es que José Luis Sáez utilice fórmulas tan arteras como la ausencia de Pepu a una reunión en la Federación, fijada en una fecha, la de hoy, en la que el presidente sabría que el seleccionador tenía una conferencia en Sevilla.Ni resulta coherente que se le prive a la Selección de un entrenador con el que los jugadores estaban encantados. Este asunto de la explotación comercial que el Seleccionador ha realizado gracias a los éxitos de la Selección ha sido, durante todo este tiempo, la principal causa de las divergencias entre ambos responsables del equipo nacional. Y a la inversa, pues a Pepu le llevaban los demonios cuando el Presidente utilizaba a los jugadores para toda suerte de bolos publicitarios. Ellos le habrán sacado beneficio a la historia, pero al baloncesto español el oro de Japón le ha salido demasiado caro.