Ya sé que, en principio, cuesta digerir la noticia. Y que la gente empieza a dudar –o a no creer, directamente-, cuando presencia alguna gesta como la realizada por Riccó en la subida al Aspin, pero es la obligada travesía por la que el ciclismo ha de transitar hasta encontrar la salida del túnel. Por eso a mí no me parece una mala noticia, sino todo lo contrario, el positivo de Riccó. Espanta, claro, mucho más que aquellos de Beltrán o de Dueñas, pero por eso como escarmiento es mucho mejor. Dudo mucho que de ahora en adelante la gente importante del pelotón quiera correr riesgos. Es más, estoy casi seguro de que no lo están haciendo tampoco ahora.
Porque, a ver, me pregunta la gente cómo es posible que un ciclista se dope sabiendo el riesgo que corre. Y yo respondo: ¿y por qué la gente traiciona amigos y compañeros a cambio de un mejor cargo en la empresa, o por qué hay gente que mata para robar cuando sabe que se puede pasar media vida en la trena? Pues aquí es lo mismo. Los modestos arriesgan para ganar un buen contrato. No entendí muy bien lo de Beltrán, que ya tendría el zurrón lleno, pero sí lo de Dueñas que es un chico que si no triunfaba este año se tendría que buscar la vida fuera del ciclismo. No lo estoy justificando, porque su accion es indigna y cobarde; sólo pretendo explicarlo.
No creo que el caso de Riccó sea comparable. Con un contrato ya importante, y con la seguridad de vivir muy bien del ciclismo en los próximos años, resultaría necio arriesgarlo todo, salvo que uno quisiera triplicar su contrato en la seguridad de que no iba a ser pillado. Y creo que eso es lo que le ha ocurrido al italiano y a algún otro que puede saltar en los próximos días y que, probablemente, ya no esté en carrera.
El problema es que unos y otros se han visto sorprendidos porque la Agencia Francesa contra el Dopaje, a la que hay que felicitar efusivamente, haya sido capaz de detectar la novísima EPO de tercera generación, una hormona sintética que responde al nombre de Mir CERA (acrónimo de “continuous erithropoyetin recuperator activator”), fabricada en laboratorios suizos, y que hasta el momento resultaba indetectable. La hormona, que se utiliza para enfermos con anemia e insuficiencia renal, es muy difícil de encontrar fuera de los hospitales públicos, razón por la cual se vende en el mercado negro y en internet a mil euros la unidad. Y sin ninguna garantía, como ahora se ha podido comprobar.
Quienes hayan hecho uso o no de la sustancia en cuestión se va a saber en los próximos días, pero las sospechas que estaban recayendo sobre el Saunier Duval se han incrementado tras la sorprendente, y para mí injustificable, decisión de retirar al equipo, según palabras de su director Matxin “como una decisión de la dirección deportiva por respeto al ciclismo, al Tour y a nosotros mismos”. Lo aceptaría si se tratase de una decisión empresarial que no quisiera seguir exponiendo el nombre de su firma, pero como decisión deportiva me parece una falta de respeto absoluto al resto de los corredores del equipo a quienes se deja a los pies de las especulaciones. Pese a todo, y más allá de la presunción de inocencia, también me parecería estúpido que un equipo cuyo futuro estaba garantizado para los próximos cinco años hubiera cometido la tontería de buscar el éxito de esa manera. No podría entenderlo.