El Barcelona. La respuesta a la pregunta de qué equipo le
iba a arrebatar al Valencia el liderato en Primera era el Barcelona. Lo
hizo con una nueva y contundente
victoria a domicilio; esta vez en el enfangado e indecente césped de La
Rosaleda de Málaga. Camina firme el equipo de Guardiola, que ya suma diez
victorias consecutivas (permítaseme que omita la de la Copa del Rey, que fue un
Segunda B) , y lo hace además con un fútbol ora espectacular, ora práctico.
Ayer tocaba ponerse el mono de trabajo y los de Guardiola demostraron que están
igual de preparados para asistir a una recepción que para encabezar una
algarada. Y ya no es sólo su juego, sino la contundencia del mismo, con
prodigiosos registros. Tras aquel más que dubitativo comienzo (un punto de seis),
han encadenado siete victorias con veintisiete goles a favor. Casi una media de
cuatro goles por encuentro.
Es verdad que el liderato lo perdió el Valencia. Tropezó en
Mestalla ante el Racing en uno de esos días en los que sobraba esa celebración
barata del mejor comienzo de la historia (total, en ocho partidos); en uno de
esos partidos que tanto temen los entrenadores porque la gente confunde el
objetivo principal. De nada sirvió que Villa se destacase con un nuevo tanto
como el mejor goleador español; allí estaba el Racing, el mismo que había
empatado en el Camp Nou, para demostrar que algunos dirigentes del fútbol sólo
sirven para tratantes. En Santander
se querían cargar a Muñiz, el entrenador, y como no querían pagarle,
pretendieron forzar su dimisión anunciando la destitución de su preparador
físico: Fernando Gaspar. Eso, además de
vil y cobarde, es propio de un presidente en el que nadie podrá ya confiar. Ni
siquiera los seguidores del Racing.
Honor y gloria al Villarreal, que tras las derrotas del
Liverpool y del Valencia, pasa a ser el único equipo invicto en las grandes
Ligas. Lo había adelantado Pelegrini, "sigo confiando a muerte en este grupo",
y a fe que el equipo le supo responder al formidable técnico chileno con otra
exhibición en San Mamés, donde también la suerte jugó de su lado, como les
suele pasar a los grandes. El equipo se mantiene segundo, a un solo punto del
Barcelona y a la espera de lo que hoy consiga el Madrid en Almería.
Porque esta tarde se juegan
otros seis partidos de esta novena jornada del campeonato que
ayer nos regaló
dieciocho goles en cuatro partidos, incluidos los dos de Agüero que le permiten
tranquilizarse un poco al Atlético. Vamos camino de récord.
Especial
atención al partido del Madrid, tras los quince días que llevan en la casa
blanca encendiendo y apagando hogueras. El presidente tratando de
justificar que no vive a costa del
Madrid, el entrenador enfrentándose cada vez más al sector de prensa que se la
tiene jurada, y algún que otro futbolista sacando los pies del tiesto. Ramos
pidió perdón en el vestuario y las cosas, por ahí parecen haberse calmado, pero
el equipo, que no pierde desde la primera jornada en La Coruña, sigue ofreciendo
una preocupante sensación de inestabilidad. Y no tendría porqué.