Doce jornadas de Liga han sido necesarias para acabar con
los registros. Se acabó la imbatibilidad del Villarreal, la nulidad del
Valladolid a domicilio, la sequía del Osasuna ... hasta los candados de
seguridad del Barça saltaron por los aires. Siempre hay más tiempo que vida.
Probablemente lo del Barça fue lo más llamativo en una jornada en la que los
goles se vieron apagados por los puntos de nuestros tenistas en Mar del Plata.
Era justo lo que nos faltaba para cerrar este año prodigioso cuyo resumen
navideño disfrutaremos más que nunca. Supo mejor la Copa Davis por lo
inesperada; por la confirmación de que hay tenis más allá de Nadal. Pero no se
siguió con la misma pasión, todo hay que decirlo; acaso también porque una
final entre Verdasco y Acasuso tampoco era tan grande reclamo, pero así fue
siempre la Davis: una competición muy patriótica en la que el país está por
encima de sus representantes. Sólo tres
millones y medio lo vieron por la tele, cuando estamos acostumbrados a superar
los cinco con cualquier prueba de Formula 1 en la que Alonso se vea con
posibilidades. Convendría estudiar este fenómeno.
Hablemos de fútbol. Del empate
del Barça, por mejor decir. Y del impacto de los resultados sobre cualquier
otro factor. Ganó el Madrid más triste de la temporada y no pasó nada; empató
el Barcelona más brillante de los últimos tiempos y alguien embarcó la crisis
en el puente aéreo camino de El Prat. Anoche ya se discutían algunos de los
fichajes del Barça. El colmo.¿Seguro que jugar bien vale para algo? Al Getafe se le
alabó por haber anulado al Barça con la misma seriedad con la que se censuró el
suicidio del Valladolid por haber salido “a jugar” al Camp Nou. Todos callan
ahora cuando, con esa misma alegría, el Valladolid le saca los colores al único
equipo invicto del campeonato. Lo dicho: hasta para los exégetas del fútbol
los resultados siguen siendo determinantes.
Lo más paradójico de la jornada
resultó ser que el gol de Sneijder, que
alguno osó calificar de pírrico, le permitió al Madrid ganarle dos puntos a
todos los rivales, pues ninguno de ellos logró la victoria. Podría analizarse
si no será el efecto de las famosas e
indecentes primas prometidas por Calderón Ramos. Si los jugadores de los demás
clubs observan que perdiendo pueden ganar más dinero, podrían haberse abonado a
la idea de poner nerviosos a sus dirigentes. Ahora suena a broma, y como tal se
expresa, pero sería conveniente no olvidar que esto del fútbol hace mucho
tiempo que dejó de ser un juego.