A Schuster se lo cargaron por comentar en público que en los momentos actuales era imposible ganar en Barcelona. Bueno, eso dicen, porque Casillas también había comentado que este Madrid, ahora, no estaba en condiciones de ganar ningún título y nadie le dijo nada. La verdad es que a Schuster se lo ventilaron porque había que buscar un escudo con el que parapetarse ante los gritos de dimisión que sonaron en el Bernabéu en el partido frente al Sevilla. En aquel encuentro la afición blanca vibró con aquel equipo heroico que si no acabó de levantar el partido fue porque el árbitro no les dejó con diez, que es como ellos se sienten mejor. Aunque, no nos engañemos, la afición terminó dando por buena la destitución de Schuster porque, aún contraviniendo el consejo del santo Ignacio (el de Loyola), la gente prefiere hacer mudanzas en tiempos de aflicción.
A Juande le han traído porque pasaba por allí en aquellos momentos y, aunque yo hubiera preferido que se le diese una oportunidad a gente de la casa como Michel o Portugal, se puede entender la elección. Juande es un entrenador preparado para subir a los palacios y descender a las tabernas (como el Tenorio), a quien no le importa vestirse de frac o de operario. Dicen que le eligieron por hacer del Sevilla un equipo de fútbol ofensivo y vertiginoso, pero no le da ningún apuro convertir al Madrid en un equipo cavernícola con tal de salir airoso del Camp Nou, con el único objetivo de evitar la manita azulgrana.
Total, que a Capello se le echó por no jugar bonito y ahora hay que recurrir a Juande para hacer elogio de la fealdad. Porque el Madrid del Camp Nou fue un equipo pequeño, timorato y triste, pero sobre todo feo. Un equipo menor que estuvo casi siempre a merced del Barça y que si terminó con solo dos goles en contra fue también gracias a la inspirada noche de Casillas, aunque, en justa reciprocidad, habrá que reconocer que también Valdés salvó dos buenas ocasiones del Madrid. Pero las palabras de Xavi fueron demoledoras: “En la vida he visto un Madrid así”. De rácano, vino a decir.
Juande volvió a perder donde ya lo había hecho en sus siete visitas anteriores, así que no era cosa de esperar milagros. Se le perdonará, cómo no, que jugase de forma tan mezquina en el Camp Nou, pero, una vez asumido que no hay mucho donde rascar ( y menos con ausencias tan importantes), se le va a seguir pidiendo que el equipo transmita entusiasmo. A su favor, que nadie le va a exigir ya el título y que tendrá tiempo de ir recuperando lesionados e incorporando fichajes; en su contra, que el equipo puede quedar hoy fuera, incluso, de la Uefa, y que el sábado llega el Valencia al Bernabéu.
P.S. Perdón, el Barça bien, gracias. Es lo que tiene ser casi perfectos.