Primera Parte
Todo lo bueno se acaba, y lo malo también. Así, para alegría de la gente inteligente, y desesperación de unos pocos chiflados sin criterio que son la vergüenza de la especie humana, termina la gloriosa primera temporada de Los Comecocos. Un apoteósico final que no puedes perderte, básicamente porque el mundo se va a pique. En diez minutos, el tiempo exacto que Ronaldinho tarda en pronunciar la palabra Danet, nos convertiremos en polvo cósmico.
Sí amigos, ha llegado el Día del Juicio Final del que tanto hablan los profetas y los presentadores de la Teletienda. Así es la vida. Unos días se gana, unos días se pierde. Otros días se muere carbonizado de una forma lenta y agónica. Pero no temáis, apenas sufriremos.
Segunda Parte

Sólo tendréis la sensación de que miles de agujas al rojo vivo se os clavan por todos los poros del cuerpo, mientras un torrente de ácido sulfúrico corre por vuestros conductos sanguíneos, y litros de lejía pura manan a borbotones de vuestros orificios corporales. Vamos, lo mismo que sentís cuando vuestra novia o esposa os dice que no le ha venido la regla.
Han transcurrido ocho grandes episodios de Los Comecocos. Son tantas anécdotas y experiencias vividas. El primer baile de Werner Bruda, la primera bola de pelo que vomitó el Conejo Nocivo, el paquete de cleenex que El Tarzán jamás logró vender... Nos vamos de vacaciones, no sin antes desearos un feliz Agosto. Que las medusas os dejen con un cutis peor que el de Aramis Fuster. Un abrazo, seguido de una patada en los testículos.