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Artículos - septiembre 2008

# jueves, 18 de septiembre de 2008 16:05

La Sombra del Crimen (Mafia): Capítulo 1: Nada de Nombres

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Ser un recién llegado siempre es difícil. Sobretodo cuando la intención de uno no es la de apuntarse al comité de festejos de la parroquia ni la de aceptar un trabajo basura por el que apenas le paguen unos pocos dólares a final de mes. Cuando uno llega a la ciudad con la idea de apoderarse de ella no puede esperar ser recibido con vítores y quilos de confeti lanzado desde las ventanas de la calle principal.

Debe aparecer con el mayor sigilo posible, investigando sobre quién se encarga de todos los trapicheos del lugar y elaborando un cuidadoso plan de ataque. No se trata de llegar y empezar a disparar a diestro y siniestro para demostrar que eres un tipo duro, sino de comportarse como la peor de las enfermedades, aquella que no sabes de dónde ha venido pero cuando te quieres dar cuenta el médico te ha dado dos semanas de vida.

Así fue mi llegada. Silenciosa. Tranquila. La llegada de un viajero más entra en Indianápolis y no sabe cuanto tiempo permanecerá en la ciudad. Sabía que tenía una semana de margen antes de que nadie supiera de mi existencia, así que la aproveché para empezar a fundar las bases de mi futuro negocio. Contraté a un par de tipos, algo caros para mi gusto, y les encargué que empezaran a extorsionar a algunos comerciantes del distrito en el que había decidido instalarme (el que me pareció más tranquilo por aquél entonces).

“Nada de nombres”, les dije. “Nada de entrar y empezar a romper cosas diciendo que os he mandado aquí”, les insistí. Lo único que quería era que hicieran su trabajo. ¿Quién los mandaba? Con un poco de suerte los tenderos presupondrían que era cosa del mafioso local de turno y antes de que ataran cabos ya habría recopilado el dinero suficiente cómo para plantar cara a quién fuera necesario.

La cosa empezó bien. Mientras Jack y Peter –realmente no tenía ni la más remota

Mi primer golpe fue improvisado, fruto de la casualidad. Me encontré a altas horas de la madrugada con una calle desierta y una anciana emperifollada hasta los topes con toda clase de joyas y me dije: “¿Acaso no es eso una señal divina?” y decidí llevarme algunas de las cosas brillantes que colgaban de aquella especie de árbol de Navidad. Fui bueno, le dejé a la pobre mujer un colgante de un santo que no llegué a reconocer y la sortija de matrimonio. Lo otro, tras llevarlo a la casa de empeños, me supuso setenta y cinco dólares extra.

Tras eso empecé con los golpes de verdad. Robé un par de coches y conseguí unos cinco de los grandes. Eso me animó a seguir por el mismo camino y me empeñé en robarle el coche a un ricachón que acudía todas las noches al teatro. Fue realmente frustrante, porque cada vez que me disponía a realizar el trabajo al tipo le daba por salir del teatro a fumar un cigarrillo. No importaba que cada noche actuara a una hora distinta, era como si una especie de sexto sentido lo avisara. Estuve a punto de dejarlo por imposible, pero si tengo un defecto es la cabezonería, así que insistí hasta que, tras diez intentos fallidos, logré mi objetivo y me sentí realizado por un momento. Había llegado el momento de dar un salto. Un atraco. Uno de verdad. A una joyería.

Una vez al mes Rubenstein recibía los diamantes más nobles de los Países Bajos para crear sus joyas. Estaba seguro que un atraco a su almacén valdría la pena, así que estudié la zona durante un par de días y me decidí. Mañana a las 22:00. Sin duda alguna, ese sería un punto de inflexión. Si hacía un buen trabajo, empezarían a oír hablar de mí; si metía la pata, acabaría entre rejas y mi aventura en el mundo del hampa habría terminado.

¡El Crimen Organizado te llama! Forma parte de la Familia con The Mafia.
# miércoles, 17 de septiembre de 2008 20:38

TRUCOS: Obtener Uridium

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Muchos de los jugadores de Dark Orbit se preguntan como obtener el preciado Uridium que tanto escasea en el espacio. Hay dos buenas formas de conseguirlo en una cantidad aceptable.

La primera es aceptando las misiones especiales que se nos presentan en ocasiones. La segunda es participar en los eventos colectivos que tienen lugar cada cierto tiempo. No importa que no nos hagamos con el premio en metálico, solo por el hecho de participar podemos duplicar o triplicar el Uridium que ganaríamos normalmente.

# miércoles, 17 de septiembre de 2008 20:32

TRUCOS: Códigos de Piratas

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Empleando los siguientes códigos tendrás acceso hasta el nivel cinco de Pirata, aunque de poco te servirán los niveles sino dedicas tiempo y esfuerzo en obtener el máximo de recursos y perlas para poder tener un barco poderoso y tantos cañones como estrellas hay en el cielo.

1- PIRATE
2- PORT
3- SURPRIS
4- ATTACK
5- ESCAPE
# miércoles, 17 de septiembre de 2008 20:21

TRUCOS: El láser fantasma

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Si quieres ver algo sorprendente jugando al Dark Orbit, prueba a vender todos tus láseres. Acto seguido regresa al espacio exterior y trata de atacar con un láser a un enemigo para que tenga lugar un curioso "milagro". Y es que a pesar de no disponer de láseres dispararás uno, eso sí, sin inflingir daño alguno a tu adversario.

Recuerdo como si fuera ayer mi primer día en la compañía. Llegaba con ilusión y ganas de triunfar y mi superior no tardó en hacerme un pequeño resumen de mi trabajo: “Te proporcionaremos una nave espacial que ya está esperándote en el hangar” – me dijo- “Explora la galaxia, recoge materias primas, cámbialas por créditos en la estación espacial y haz bien tu trabajo” – continúo; y tras eso, desapareció por el mismo lugar por el que había venido, seguramente con la intención de dar la misma charla rápida y concisa a otro nuevo empleado. Lo que él no sabía era que yo iba a dar mucho que hablar en el futuro.

Por aquél entonces yo era un novato que lo único que hacía era mirar la lista de los mejores y soñar con ser algún día cómo –Arturo[ORO]- o .:Anubis-Re:., mi objetivo era conseguir entrar en alguno de los mejores clanes. Asociaciones míticas como Cazadores de Oro o Amanecer Sombrío eran metas inalcanzables por aquél entonces, pero algo dentro de mí me decía que algún día lograría llegar tan lejos como ellos. Quizá más.

Cuál fue mi sorpresa tras encaminarme hasta el hangar y descubrir que la nave que me habían asignado era una Phoenix Starjet. ¿A qué estaban jugando? Con aquella birria de cien cohetes y un láser no llegaría demasiado lejos; ni siquiera tenía una buena protección contra la radiación. “Paciencia, ten paciencia” – me dije a mí mismo y me lancé a la conquista del espacio. Cómo suelen decir: “Hasta el más largo de los caminos empieza con un paso”.

Así que decidí empezar por el principio, aceptando un encargo de recogida de Endurium, concretamente de treinta piezas. Cuando acepté me pareció un buen primer encargo: salir a dar una vuelta, recoger unos cuantos pedruscos y sacarme un dinero extra con el que mejorar mi nave. Y la realidad fue bastante parecida, a decir verdad. Salvo por el hecho de que pasé mucho más tiempo del que había calculado explorando la galaxia en busca de Endurium. Me sentía como la última víctima del famoso Murphy y sus odiosas leyes, cómo si hubiera decidido encadenarme y mantenerme preso durante una buena temporada. Encontraba piedras de todo tipo, pero justamente las de Endurium se me resistían un poco más de la cuenta.

Por suerte, y gracias a mi constancia, logré la misión, recuperé el dinero y, dejándome a mí mismo algo de margen para recapacitar sobre en qué era mejor invertir la recompensa, acepté una nueva misión. Una misión algo más peligrosa que pondría a prueba algo más que mi capacidad de observación.

Según mi superior, los Streuner, una de las malditas razas alienígenas a las que se enfrentaban a diario en la compañía, estaba molestando más de lo habitual, así que habían decidido mandar a alguien acabar con cinco de ellos; esperando que aquello sirviera de ejemplo y los mantuviera alejados un buen rato. Aún con la duda de si había acertado o estaba echando por la borda mi futuro en la empresa, acepté. Había llegado el momento de armarse a conciencia y lanzarse a la caza de aquellos malditos alienígenas.

¡Vive tu también tu propia aventura espacial en Dark Orbit!
# martes, 16 de septiembre de 2008 14:52

Crónicas de SeaFight : Capítulo 1: La Ejecución

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Cuando me llegó la noticia de la inminente ejecución de mi viejo amigo Barbaroja, el corazón me dio un salto, como si tratara de escapar violentamente de mi pecho. Y es que el viejo bribón me había salvado en más de una ocasión de una muerte segura y dos años atrás me prometí a mi mismo que si llegaba el día en que pudiera devolverle el favor, lo haría.

Por desgracia, en mi situación actual era toda una temeridad ni siquiera el hecho de plantearse tal proeza, así que decidí que antes de hacerlo – aún temeroso de que la espada de Democles que pendía sobre la cabeza de Barbaroja acabara cayendo – me prepararía a conciencia. Fui a la cantina más cercana y recluté varios hombres, hasta conseguir llenar mi barco con más de setenta y cinco bravos corsarios, compré munición suficiente para estar preparado contra cualquier contratiempo, llenando mis bodegas con más de dos mil quinientas balas de cañón, y renové mi arsenal de cañones con diez preciosidades que ampliaban mi poder destructivo hasta las treinta y cinco bocas negras.

Aunque el tiempo seguía corriendo en mi contra decidí realizar unas cuantas salidas al mar con mi nueva tripulación para conseguir que alcanzaran la experiencia necesaria para no salir corriendo en pleno combate o convertirse en un lastre para el resto de la tripulación si el mar se empeñaba en tragarnos, como solía ser desgraciadamente habitual. Rebusqué en un par de mis escondites y recogí un buen puñado de dinero, algo más de cien mil monedas de oro, cantidad que consideré suficiente para salvar cualquier contratiempo, y me encaminé hasta el puerto más cercano. Tanto tiempo de cacería de monstruos por fin empezaba a tener sentido.

Todo se complicó al llegar al astillero y colocar los cañones que acababa de comprar hacía apenas unos días. Haciendo gala de una estupidez impropia de mí, descubrí que sólo tenía espacio para treinta de ellos, cosa que convertía la operación de rescate en algo totalmente inviable. Por un momento estuve tentado a desistir, pero finalmente decidí que haría lo imposible por conseguirlo y me lancé a la caza de bestias marinas con el objetivo de conseguir las doscientos cincuenta mil moneas de oro que requería de la compra de un nuevo barco, más otras cien mil para financiar la operación.

Fueron días difíciles y tras varios días el destino me deparaba una sorpresa que tardaría mucho tiempo en olvidar. Algo que tal vez me llevaría de nuevo a la gloria como corsario.

¡Únete a la hermandad de los piratas en SeaFight y escribe tu propia leyenda!

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