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# miércoles, 08 de octubre de 2008 15:46

Crónicas de SeaFight : Capítulo 2:

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Todo estaba preparado. La tripulación, aunque habíamos tenido una baja de última hora provocada por la mezcla de alcohol y una apuesta demasiado optimista, estaba preparada para iniciar el viaje y tratar de salvar la vida al viejo Barbaroja. Se lo debía. Y mis hombres me lo debían a mí.

Los preparativos habían sido largos, pero estábamos preparados para enfrentarnos a cualquier contratiempo, así que levamos anclas con la seguridad de saber lo que estábamos haciendo y con ciertas ansias de entablar combate lo más pronto posible, cosa que se produjo nada más repartir las camas. Dos bajas más. Ya eran tres en pocos días. Por suerte había sido previsor y teníamos suficientes hombres para realizar la misión con cierta seguridad.

Durante el trayecto decidimos cazar un par de monstruos marinos con la intención de abastecer nuestra despensa de un buen puñado de carne fresca, pero nos topamos con varios piratas de segunda, cobardes marineros de agua dulce que nos robaron alguna de las piezas justo cuando nos disponíamos a darles el tiro de gracia. Por desgracia no pudimos atraparlos, pero memoricé el aspecto de todos y cada uno de ellos para vengarme cuando llegara el momento. Aquél momento lo único que importaba era salvar a Barbaroja.

Cuando nos hallábamos cerca, un barco enemigo se cruzó en nuestra trayectoria y no pudimos evitar acabar a cañonazo limpio con él. Hacía mucho tiempo que el viejo John Hawkins me la tenía jurada, desde el día en que decidí hacer efectivo aquello de “una mujer en cada puerto” y tuve la mala idea de que la suya fuera una de ellas. Aquella aventura me costó muchas amenazas por parte de John, pero el destino había querido que no nos cruzáramos hasta entonces.

Podría decir que fue un combate bravo e intenso, pero faltaría a la verdad. Aunque sufrimos varios desperfectos y un par de hombres resultaron heridos, uno de ellos víctima de su propia estupidez, la victoria fue nuestra con una claridad que subió la moral a toda la tripulación y nos permitió retomar el camino con fuerzas renovadas.

Lástima que el tiempo corriera en nuestra contra y que muy cerca ya del lugar de ejecución una embarcación empezara a dispararnos y nos viéramos obligados a responder el fuego enemigo hasta hacerla añicos. ¿Quiénes eran? Si he de ser sincero, lo desconozco. Algún amigo de John, quizá, otro marido cabreado, tal vez, o sólo un puñado de piratas con ganas de entablar combate y sin la inteligencia necesaria para saber que aún les quedaba mucha verdura por comer si querían enfrentarse a un pirata experimentado como yo.

Sea como sea, fue una victoria pírrica, pues al enzarzarnos en el combate perdimos demasiado tiempo y no conseguimos llegar a tiempo al lugar de ejecución de Barbaroja. Todo el trabajo y entrenamiento acababa de ser lanzado por la borda. Y lo que era peor, ya no podría devolverle el favor a mi viejo amigo.

Cuando ya me disponía a volver a puerto y decidir nuestra próxima misión, descubrí que Barbaroja no había sido ahorcado aún. Temiendo el intento de rescate de varios de sus más fieles amigos, las autoridades les habían parado una trampa y habían acabado con algunos de los más famosos piratas del momento. Algunos otros pudieron poner pies en polvorosa cuando vieron que toda la flota del rey estaba allí esperándolos, pero en mayor o menor medida, todos sufrieron daños.

Después de todo, había tenido suerte. Aquél barco que se cruzó en mi camino en el último momento me había salvado. Había dado su vida por salvar la mía. Inconscientemente, claro está. Pero yo siempre fui un tipo agradecido. Decidí que averiguaría su nombre y enviaría una buena indemnización a su viuda, pero antes que eso debíamos volver a plantearnos la misión. La ejecución sería mañana. Y esta vez no sería una emboscada. Esta vez llegaríamos a tiempo y salvaríamos a Barbaroja. Entonces podría volver a sentirme bien conmigo mismo. Habría pagado mi deuda. Al fin.

¡Únete a la hermandad de los piratas en SeaFight y escribe tu propia leyenda!
por juegos

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