
Algo raro pasa con la agenda del Jefe del Ejecutivo. Quizás la falta de personal en su Gabinete por las vacaciones que él no disfruta, quizás el desconcierto del mismo presidente ante la suma del hambre y las ganas de comer. O sea, al encaje de bolillos de preparar unos Presupuestos que reduzcan el gasto y pasen la aprobación parlamentaria, se le añade la cercanía de un curso político en el que se juega su futuro y el del PSOE.
No son otras las causas -si desechamos que Zapatero sea un veleta, un inseguro nadando en la duda- que explican que en lo que llevamos de mes haya suspendido las dos citas más importantes que tenía previstas en Moncloa. Primero ocurrió con el jefe de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, a quien citó para pedirle que se retirara de la carrera electoral, anuló la cita porque se conoció públicamente y lo recibió 24 horas más tarde.
Algo semejante ha pasado con otra reunión secreta prevista para este miércoles con los presidentes de las seis mayores constructoras. Semejante encuentro, para hablar de la reducción de obra pública, se conoció el lunes y acto seguido fue suspendido. ¿Por quién? Unos dicen que por Moncloa, otros que por los empresarios para no parecer pedigüeños. Esta última versión me parece despectiva hacia el presidente del Gobierno, pues da idea de depender de sus interlocutores.
El vaivén de la agenda presidencial es poca cosa al lado de del baile de datos y declaraciones sobre la próxima subida de impuestos. Solo hay una cosa clara: si los Presupuestos para este año han incluido subida del IVA, los de 2011 nos traerán subida del IRPF. ¿Para quiénes?
Según Rodríguez Zapatero para los más ricos. ¿Y quiénes lo son? No lo han aclarado, pero los iniciados apuntan que Hacienda considera ricos a los que ganan por encima de los 60.000 euros anuales y muy ricos a los que superan los 150.000. Habrá que ver.
La confusión, las contradicciones y las rectificaciones aparecen, como en la agenda del presidente, en las voces gubernamentales que anuncian la subida. Lleva la voz cantante no la vicepresidenta de Economía y Hacienda sino el titular de Fomento, José Blanco, que también es número dos del PSOE.
Hace unos días predijo, y lo confirmó Zapatero, que como las arcas públicas estaban menos mal de lo previsto, se harán algunas obras públicas anuladas por la reducción del gasto. Poco después va y dice que si queremos tener buenas infraestructuras hay que pagar más impuestos y que España debe subirlos para al nivel de la UE.
Pero resulta que las argumentaciones ofrecidas por José Blanco se contradicen con el último Informe Anual de Recaudación Tributaria, correspondiente a 2009, elaborado por la Agencia Tributaria del Ministerio de Hacienda.
Lo que recoge ese documento no tiene vuelta de hoja y con datos muy precisos, como que somos 24 millones los declarante de IRPF, que por este impuesto se recauda el doble que por impuesto de sociedades y algo menos que por el IVA o que somos 15 millones de trabajadores sujetos a retenciones del trabajo. ¿Os salen las cuentas?
Aunque las cifras económicas, no digamos las estadísticas, se prestan a toda clase de interpretaciones, lo destacable es que la Agencia Tributaria desautoriza al ministro José Blanco en eso de la baja fiscalidad española. La recaudación del IRPF no sólo subió un 22% en el último lustro, sino que el esfuerzo fiscal de los ciudadanos, es decir, el pago de todos los impuestos, tasas y tributos estatales y locales, es de los más altos de la Unión Europea.
No es lo mismo hablar de los 50.000 millones recaudados por IRPF, los 45.527 por IVA y los 16.350 por impuesto de sociedades, que sumar a todo eso los 27,4 millones por impuestos de la gasolina, 25,9 por los de la electricidad, los 10.000 por tabaco y los 7.500 por alcohol y cerveza. Más el IBI, más las tasas de basura, más el impuesto de circulación, más...
En conclusión: si hay que pagar, se paga, pero sin que nos vendan la mula ciega de que tenemos impuestos muy bajos.