
“Mientras algunas personas famosas intentan salvar África, otras contribuyen a su hundimiento”. Quien así se expresa no es otro que el director de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Crimen (ONUDC), Antonio Maria Costa. Pero no, no se refiere a ningún traficante de renombre, dictador corrupto o empresario metido en sucios negocios. El blanco de su denuncia no son otras que la cantante Amy Winehouse y la modelo Kate Moss.
El razonamiento del señor Costa descansa en el supuesto de que, al igual que en el siglo XIX la demanda de esclavos en Europa y América provocó la devastación, física y cultural, de buena parte del África Occidental, la demanda de cocaína y otras drogas por parte de las sociedades occidentales está llevando a la ruina a muchos Estados de la zona, incapaces de hacer frente a la corrupción que el tráfico de estupefacientes acarrea consigo.
Además, el paso de la droga provoca adiciones en países que no tienen los medios necesarios para tratar a los adictos que deseen rehabilitarse. Personas enganchadas a una droga a la que estrellas como Amy Winehouse y Kate Moss dan, supuestamente, un aura de glamour e inocencia.
Hasta aquí todo muy bien. Lo que nos parece un exceso es centrar las culpas en Amy y Kate. Cierto es que en el pasado ambas han tenido (y quién sabe si los siguen teniendo) sus escarceos con el tema. De ahí a culparlas de los problemas de África va un buen trecho: el mismo que nuestros gobernantes no quieren/no saben allanar para dar con una solución a semejante problema.
El mismo Costa se descubre al señalar a Bono (cantante mesiánico de U2) y Bob Geldof (Lord de la corona británica y ex músico metido a causas humanitarios de alto copete) como ejemplos de famosos que sí lo hacen bien. Cuando son ellos los que se reúnen y suplican unas migajas que no remedian nada a aquellos que tienen en su mano cambiar las cosas pero no lo hacen.
Por favor: cada uno en su casa y Dios (en este caso la Verdad del asunto) en la de todos.
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