
A las discográficas
les siguen creciendo los enanos. Primero fue el ‘top-manta’ y después llegó el
aluvión de descargas ilegales vía P2P, todo lo cual se tradujo en un descenso dramático
de las cifras de ventas después de años abusando de precios y condiciones. Pero
la puntilla no se la va a dar (como se pensaba) un inmigrante vendiendo carátulas
fotocopiadas en el metro, o un ‘gafapasta’ con los dedos pelados de tanto darle
al ratón. Muy al contrario, el tiro de
gracia procede de una compañía de similares características a las
multinacionales de la música.
La
responsable de apretar el gatillo se llama Live Nation, una empresa de
origen californiano nacida en el 2005 tras una serie de fusiones y dedicada a
la producción y promoción de todo tipo de eventos: desde la música en vivo hasta
las carreras de coches.
La cuestión es que, desde su nacimiento, Live Nation ha ido
extendiendo sus tentáculos por todo el mundo (en nuestro país se ha hecho con
la principal promotora, Gamerco), llegando a convertirse en un gigante con un
apetito voraz y la vista puesta en las grandes estrellas de la música y sus
jugosos dividendos procedentes no sólo de la venta de discos.
Su primer movimiento en dicho sentido tuvo lugar en octubre
del año pasado. Live Nation adquirió entonces, por unos 120 millones de dólares
se comenta, los derechos de grabación de Madonna por un periodo de diez años. Y
lo hizo dentro de un modelo de negocio integral que incluyó además todo lo
relativo a la imagen y promoción de la cantante norteamericana: el pastel
(entero) se lo quedaron ellos sin compartirlo con nadie. Las alarmas saltaron
entonces en las sedes de todas las ‘multis’: uno de sus grandes tesoros había
sido robado. En esta caso a Warner.
Y ahora son U2 quienes han dejado en manos de Live Nation
todo lo relacionado con sus artículos promocionales, sus derechos digitales y
de marca, los patrocinios y alianzas estratégicas que puedan llevar a cabo, la
gestión de clubes de fans y páginas web. Del acuerdo sólo han quedado fuera los
derechos sobre las canciones de los irlandeses, que siguen en manos Universal. Esta
vez han dejado parte de la tarta sobre la mesa.
Sin embargo, las grandes discográficas ya se temen lo peor.
Y es que, cual buitre al acecho, el presidente de Live Nation, Michael Cohl, ya
ha expresado sus verdaderos deseos: “No es una situación de vida o muerte que
tengamos que estar implicados en las grabaciones. Lo preferiríamos, pero no
siempre es posible”.
Avisados quedan.