
O es un ‘guasón’ de tres pares de narices o, definitivamente, está perdiendo el norte. Nos referimos a Robbie Williams; a quien, por lo que se ve, tantos años de excesos le están empezando a pasar factura.
La última por su parte no es otra que aficionarse a la ufología hasta extremos enfermizos. El tipo, en su obsesión por la caza y captura de ovnis (con los que dice haber tenido hasta tres experiencias a lo largo de su vida), ha llegado a abandonar temporalmente el mundo de la música: “Voy a dejar de ser una estrella del pop. Me voy a dedicar por entero a la ufología”, ha dicho.
No queda ahí la cosa: cual Don Quijote, en un signo evidente de su locura el cantante ha embarcado además a sus íntimos en nocturnas excursiones por las afueras de Los Angeles en busca de extraterrestres. Pero, no contento con ello, ha decidido reclutar a la también cantante Lily Allen.
Williams y Allen no se conocen en persona. Pero la segunda está grabando su nuevo disco en la ciudad californiana y el primero creo que Lily es una especie de alma gemela suya (por eso de que también le gusta darle a la bebida). De manera que está tratando de convencerla para que se sume a sus alucinadas aventuras.
Claro que la cosa tiene truco. El plan de Robbie Williams consiste en una cena romántica antes de acabar la velada bajo las estrellas… “mientras mi mano se desliza bajo tu falda”, debe pensar.
Anda que no es listo ni ‘ná’ el Robbie.