
Cada día que pasa, doy gracias al Dios de turno por no haberme convertido (aún) en multimillonario. No es de extrañar que la infeliz Beyonce se sienta extenuada y haya tenido que tomar una drástica decisión, quizá la más dura en toda su carrera como profesional: descansar dos años en cuanto termine con su gira actual. Normal... ¡Qué sacrificada es la vida de la estrella! ¡Qué arduo es viajar, conocer mundo, hacer turismo! ¡Qué duro es verse obligado a disfrutar de los mejores manjares en los restaurantes y de las suites de los hoteles más espectaculares del planeta! Y todo ello sin contar con los lujos que uno se puede permitir con una cuenta bancaria a punto de reventar.
"He trabajado muy duro durante mucho tiempo para poder hacer esto ahora" declara la ex Destiny’s Child.
Claro que sí Beyonce. Para que luego vengan los mineros o los obreros a quejarse de sus largas jornadas laborales bajo el sol veraniego a cuarenta grados, manifestándose incluso en contra de sus, a priori, infernales condiciones de trabajo. ¿Acaso no se dan cuenta de lo mal que lo pueden llegar a pasar los artistas del show business?
Lejos de los escenarios, lejos de los estudios de grabación, Beyonce se pondrá cómoda para pasar tiempo junto a su Jay-Z y a su familia. Vivir de las rentas… ¡qué privilegio!