
Lo que tiene la edad… Paul McCartney se hace viejo y, de repente, se arrepiente de toda su exitosa carrera. La fama, a la que tendría que estar sin embargo acostumbrado después de tantas décadas en activo, le empieza a pasar factura llevándole incluso a reconocer su hastío por ser un ‘Beatle’:
“Te aburres de ser quien eres. Siempre eres la misma persona. Si fuese Bruce Springsteeen, me aburriría de ser Bruce Springsteen. Me encantaría ser aquel niño que aún no tenía esa imagen de la vida.”
Pero esa actitud pesimista pertenece a la especie humana, siempre buscando lo que no tenemos, comparando, anhelando al vecino, envidiándole y suspirando por otra existencia. ¿Pero qué hubiese sido de él si no fuera por las canciones que le llevaron a ser designado Sir en Gran Bretaña? Quizá cajero de un supermercado, o quizá atropellado por un autobús al salir del colegio donde podría haber impartido clases de inglés a extranjeros.
Viviendo en el lujo desmesurado mientras otros se arrodillan ante un trozo de pan, el superviviente de la mítica formación no debería quejarse por esa vida de ensueño que millones de personas desearían llevar. Ya me gustaría verle compartiendo piso en un 50 metros cuadrados, pasando frío en invierno y calor en verano.
¿Jugamos a eso, Sir? ¿Cambiamos de vida aunque sea unos meses? Llámame y quedamos para la ocasión.