Kelly, esa doña nadie, más conocida como la hija del prestigioso vocalista de Black Sabbath, Ozzy Osbourne, ha decidido poner un punto y final a su amistad con, contrariamente a ella, una artista de verdad llamada Amy Winehouse.
El caso es que intentando salvar a la diva del neo-soul de su adicción a las drogas, Kelly la invitó a pasar una temporada en su casa… unos días que resultaron finalmente ser un fracaso en toda regla cuando Amy Winehouse, aprovechando la ausencia de su anfitriona, decidió reestructurar la disposición de los muebles según las estrictas leyes del Feng Shui.
Una fuente ha declarado al respecto:
“Amy lo cambió todo, todo, todo, colocando cada cosa en sitios absurdos. Le daba la vuelta a las sillas y se permitió incluso tirar objetos que ella consideraba diabólicos.”
Por lo visto, esto último fue la gota que colmó el vaso y que ha obligado a Kelly Osbourne a anular un viaje a Santa Lucía al enterarse que Amy Winehouse también estaría por esa zona. No quería, para nada del mundo, que nadie pusiese en riesgo la tranquilidad de sus vacaciones
Y a todo eso, la pobre Amy Winehouse disgustada al no entender como alguien deja de hablarle cuando ella, lo único que deseaba, era hacerle un favor, intervenir para bien en la también caótica existencia espiritual de una joven que, como ella, ha tenido que pasar por varias curas de desintoxicación.