
Este es un mensaje para todos aquellos niños o adolescentes que, algún día, soñaron con tener a una estrella del rock como progenitor. Porque lo que a priori podría parecer un privilegio lleno de glamour, la realidad resulta bien distinta, y sino que se lo pregunten directamente a la traumatizada Kelly Osbourne, hija del mítico y controvertido Ozzy:
“Una vez mi madre, en vez de enormes bragas, me compró un tanga. Me lo puse y en cuanto mi padre me vio con ello, se acercó a mí y, con unas tijeras, me lo cortó delante de todos mis amigos quienes, ante esa escena, quedaron boquiabiertos. Me moría de la vergüenza y me puse a llorar.”
En otra ocasión, mientras Kelly celebraba tranquilamente su decimotercero cumpleaños en una casa llena de globos de colores, serpentinas, chucherías y pasteles, su padre, borracho, en calzoncillos y con sombrero militar, empezó a perseguir a todos los invitados presentes para la ocasión. Todos ellos, asustados, salieron corriendo por el jardín y con la mente puesta en la supervivencia. ¿Quién se puede fiar de ese músico conocido por sus innumerables actos excéntricos?
Por si todo ello fuese poco, la joven de 24 años también cuenta que el vocalista tras disfrazarse de lobo feroz, atrapó a unos cuantos de sus amigos para encerrarles en una pequeña cabaña del jardín. Los niños lloraban y la madre tuvo que llamar a sus padres para que viniesen a recogerles.
Después de todo esto, tener un padre contable, cerrajero o informático parece más apropiado para el equilibrio mental…