Sin pensárselo dos veces, Lily Allen ha tomado la que es probablemente la decisión más drástica de toda su existencia: abandonar los escenarios, los estudios de grabación y todo lo que tenga relación directa con ese contradictorio mundillo de la música que tantos éxitos pero también disgustos le ha dado.
A pesar de los innumerables premios recibidos, las ventas millonarias de sus dos sobresalientes álbumes en estudio y de una horda de fans dispuestos a perdonarle cualquiera de sus numerosos deslices, la joven rebelde se ha asfixiado bajo tantos cuchicheos y busca libertad. Por ello, la autora de himnos de la talla de ‘LDN’ o ‘The Fear’ no tiene la intención de seguir ni un minuto más entre purpurinas y opta por restregarse en el barro junto a los cerdos, sus próximos compañeros, sus próximos vecinos.
Y es que desde hace ya muchas temporadas, su sueño no era otro que el de instalarse en el campo, rodearse de animales y llevar una vida de granjera con todo lo que ello conlleva. Se terminó el glamour. Punto y final a una intensa historia de hadas que ha durado apenas tres años. Según la artista británica en cuestión:
"Sigo siendo fan de la nueva música, así que esto no es ninguna iniciativa egoísta. Los días de hacerme rica gracias a mis discos han terminado".
¿Lo dirá con la boca pequeña? ¿Mantendrá su promesa? La respuesta está escrita en el tiempo. En cualquier caso, sería una pequeña pérdida para la humanidad pero grande para la industria de la música pop.
¡Lily, quédate!