Acostumbrada a ser una mera muñeca pasiva a la espera de órdenes venidas de los despachos de su discográfica, Mariah Carey tuvo por fin el valor de proponer una idea, un gesto que sin embargo le fue finalmente objetado.
La diva de silicona, contratada por unos grandes almacenes londinenses, había pensado (¡sí, había pensado!) que para la presentación comercial hubiese sido bonito estar rodeada de 20 gatitos blancos y un centenar de palomas mientras ella encendía un árbol de navidad. Vaya cursilada…
Por desgracia, poniéndole freno a su desbordante imaginación, las autoridades prohibieron la presencia de los felinos y de las aves alegando razones de salud y seguridad.
“Llevamos a cabo la gestión para el tema de las palomas, pero lo de los gatitos resultó demasiado complicado. Al final, fue imposible porque los animales están prohibidos en Westfield y esa regla se aplica para todos.”
A pesar del disgusto provocado por la negativa, lo que sí le fue aceptado fue el estar de pie sobre un podio de color rosa sujetando una barita mágica mientras confetis en forma de mariposas caen del cielo. Otra cursilada…
Además, para darle un toque aún más glamoroso (por no decir ridículo), la vocalista llegará al centro comercial en Rolls-Royce y protegida por… ¡80 guardias de seguridad!
Mariah, piérdete.