
Ser pijo suele estar muy mal visto desde ciertos sectores de nuestra sociedad. Sin embargo, peores son los nuevos ricos quienes, no acostumbrados al lujo, se vuelven locos en cuanto se convierten en personas con un alto poder adquisitivo. Derroches, caprichos y gastos innecesarios forman parte del día a día del nuevo rico. Entre los numerosos ejemplos que podríamos citar, está Céline Dion cuyo gran vicio dice mucho (y mal) de ella. Ni sexo, ni drogas, ni alcohol, a la célebre vocalista lo que más le pone son los zapatos, tanto que ha admitido tener una colección de 3.000 pares.
"Si tienes, digamos unos 600 pares de zapatos, ¿se te considera un friki?. Pues yo tengo unos 3.000. Alguna gente se droga y yo compro zapatos."
Esas excentricidades (por no decir otra cosa) ocurren cuando uno se ve superado por las cifras de su cuenta bancaria y busca la felicidad suprema a través de la tarjeta de crédito. Céline Dion, en su infancia, era una niña humilde que creció en el seno de una familia modesta:
"Crecí en una casa muy muy pequeña. Mi madre era capaz de poner una almohada en un cajón y recostar allí a uno de nosotros. Estábamos seguros y teníamos calor de hogar, aunque dormir tres o cuatro en la misma cama era normal para nosotros. No éramos pobres, pero nunca teníamos dinero. No sé si eso tiene sentido, pero era así. Nos daban amor y cariño, ¿qué más se puede pedir?".
Difícil es vivir sin dinero, pero más complicado es comportarse de forma ética con mucho dinero en los bolsillos.