¿Quién no se acuerda de él? Ese negrito (lo digo con cariño) de Guinea Ecuatorial que se hizo famoso en el mundo entero en los
JJOO de Sydney 2000 por participar en la prueba de los
100 metros libres. El chico hizo lo que pudo aunque no hizo mucho.
Realizó la peor marca de la historia y en los últimos metros casi se deja la vida en el intento. Tardó 1:52, una marca todavía superior a la plusmarca mundial de los 200 metros.
Vamos que como dice el dicho: "ir pa'na sí fue una tontería" y un ridículo espantoso a la par que mundial.
Moussambani consiguió participar en los Juegos Olímpicos sin alcanzar los tiempos mínimos requeridos gracias a un sistema diseñado para permitir la participación de deportistas de países en vías de desarrollo. En las eliminatorias compitió con otros dos nadadores, admitidos en los Juegos por el mismo sistema, que fueron descalificados por falsa salida, por lo que Moussambani nadó solo.
Después declararía: "Los últimos quince metros han sido muy difíciles". En los días y meses posteriores, Moussambani se convirtió en un héroe popular invitado a programas de televisión y otros eventos.
El pobre hombre nunca había visto una piscina olímpica de 50 metros. Había comenzado a practicar natación sólo ocho meses antes en una piscina de 22 metros de un hotel, dada la falta de infraestructuras deportivas en su país.
Moussambani no se conformó con estar en Sydney. Intentó estar en Atenas 2004 pero la suerte no le acompañó: un problema con el visado se lo impidió. Eso sí, bajó su plusmarca personal, algo no muy complicado.