Seamos sinceros. A todos nos llega el día en que nos cuesta ir a trabajar. Muy poquitos harán de la tarea cotidiana, aunque se base en la más feliz de las vocaciones, una fuente de motivación inagotable. Nos cansamos, protestamos, bostezamos, nos pica la oreja o nos absorbe el office, el café, la mosca que ronda la planta con hojas de plástico. Eso, en lugares donde el rendimiento es difícil de evaluar o no estamos de cara al público, puede pasar inadvertido. Pero en el baloncesto el día de abulia puede coincidir en la misma cancha con la necesidad más extrema y lo que para unos es un tránsito de obligado cumplimiento para otros es una cita con la vida.
El Fuenlabrada, este año, está sufriendo más que los anteriores. Ha tenido mala suerte con algunos fichajes y está intentando superar la marcha de jugadores tan emblemáticos como Francesc Solana, quién le ha solucionado papeletas en incontables partidos. Tras un inicio tenebroso, las últimas semanas habían sido de esperanza, si bien ya no era tan cierto el axioma de otros años de que el Fernando Martín era poco menos que una fortaleza inexpugnable. Han llegado algunos jugadores, y Ferrán y Guardia como no, más el entrañable Tom Wideman (pocas veces el apellido hará más honor al físico de su dueño), un evolutivo Saúl y el bullir de los balcánicos, más o menos afortunado, han devuelto parte de la alegría perdida.
El partido de hoy marca una línea entre los dos equipos. El Madrid descentrado y el Fuenlabrada bregador, al que quizá el primer cuarto de atonía y falta de fé le ha privado de consolidar la sorpresa. Desconozco lo que cuesta PJ Ramos, pero no parece justificar su lugar, ni siquiera con la esperanza de la juventud. En un reparto habitual de minutos, quizá habría sido él el perjudicado si Jorge García hubiera estado en cancha, o más seguramente, habría sido Paraíso el que no hubiera podido mostrar los restos de lo que fué, en un día un poco añejo, uno de los mejores aleros ofensivos de la ACB. Aún así, se nota al Fuenla renqueante. Iván Tomas no me ha parecido un base al uso, con su tendencia a postear y su uso recalcitrante de la izquierda, tan parecido al hermano en la técnica, pero sin esa arroba de fuerza y empuje que hace a Marko efectivo.
Porque el partido se decide en la profundidad. Con Felipe y Hervelle completamente fuera de onda, Lazaros intermitente y Smith poco inspirado -aunque trabajo da siempre, siempre-, Mumbrú sin soltura en el tiro... han sido Llull y Sekulic los que han aguantado al Madrid en el partido. Con ellos en cancha el dominio era tranquilo, hasta holgado. Sin ellos, el equipo blanco se ha perdido.
Veamos. Felipe y Hervelle son magníficos en los días de verdad, y luchan prácticamente siempre. Es decir, jamás se podría sospechar de ellos por vagos, esquivos, caras. Es otro el problema. Son dos jugadores que técnicamente deben todo al trabajo (o casi todo) y además su sangre es, de caliente, casi violeta. Eso hace que, si su juicio no lleva sus esfuerzos -continuos- a la senda de lo práctico, por momentos puedan tomar decisiones incomprensibles, poco afortunadas. Hoy Axel tenía cosas que decir a Guardia, en un tono franco (no comparto la imagen que del belga se da como de camorrista; es justo y va de cara, entiende el deporte como lucha, pero jamás supera la línea de la artimaña, el juego canchero, la hombría, para caer en la maldad o la inconsciencia). Se ha metido en su primera jugada un triple y a partir de ahí se ha ido del partido, más o menos. No debe abusar Hervelle del triple si no tiene un día normal. Tácticamente el equipo lo agradece, pero no si se lleva hasta la obcecación. Y Felipe tiene que aprender a sobrellevar los partidos poco afortunados, en los que el rebote no llega y el rival se faja hasta tirarte al suelo, sin por ello forzar la lógica. En cualquier caso, su calidad persiste: el rebote decisivo lo captó entre tres hombres y anotó la falta siguiente. El problema surgió antes.
La defensa del Madrid es muy agresiva y sube líneas con frecuencia, al tiempo que suele ejecutar buenas ayudas, pero de algún modo debe equilibrarse con un aspecto decisivo en este deporte, como es el rebote defensivo. Hoy ha sido sonrojante el poco control que se ha tenido de esa faceta del juego, que sólo las pérdidas y un acierto muy pobre en el tiro de dos del Fuenla ha impedido que sea motivo de una derrota. Más allá de esto, sin duda Llull ha jugado un partido que tendrá menos repercusión que el del pasado jueves contra el Barcelona, pero para mi gusto más completo: no ha perdido balones, ha defendido muy bien sin forzar demasiadas faltas, y sobre todo ha botado transmitiendo sensación de seguridad, soltando el balón cuando debía, haciendo, en suma, un partido más que correcto. Un base tiene que inspirar confianza, estar ahí y ser el referente al que darle el balón para que el equipo se desahogue, se reorganice, descanse. A veces a Llull el pulso le late demasiado aprisa, lo lógico si eres tercer base y ves mucho banco; hoy ha sido primus inter pares y lo ha encajado bien, sereno, eficiente.
En los últimos años el Madrid ha tenido varios bases jóvenes rondando al equipo, pero ninguno ha cuajado. Joshua Fisher era un combo de emergencia que tuvo poco vuelo, aunque demostró honestidad. Justin Hamilton marchó lastrado por su condición de extracomunitario y no consolidó su buen hacer previo en su paso por Valencia, por más que recordemos sus 20 puntos en la mítica remontada contra el TAU en Vitoria que ayuda a entender el Madrid actual. Estuvieron Mena en el annus horribilis, Núñez (lastrado por su espalda), y antes seguro que se recuerda a Lucas Victoriano. De ellos, Llull no es ni mucho menos el más ofensivo, pero está entre los que atesora un mejor físico y además es bastante completo. Victoriano, la gran promesa que no terminó de cuajar, era un hombre impresionante pero irregular, que se autoexigía la gloria en cada partido y que quizá por ello se hundía en las tareas de bulto. Yo le admiré siempre, pero ni su bote alto, ni su atolondramiento tuvieron cabida en equipos de elite.
Hay que esperar a que Llull confirme estos primeros pasos. Ya hoy, él, como Sekulic, son ejemplos de que se puede ganar en una cancha difícil sin que tus estrellas tengan un día feliz, en base a esfuerzo, habilidad y sudor. Gracias a ambos. Seguramente el montenegrino sea el más preparado para cubrir a los treses reconvertidos que tanto daño hacen saliendo al perímetro en el puesto de ala-pívot.
Un último pensamiento... qué lastima que la "Araña" no tenga cinco años menos, porque desde luego no parece que Pelekanos esté en condiciones de estirarle la vida útil. ¿Qué ocurre aquí? ¿No lo necesitamos, no se adapta a lo que se le pide –más 3 que 2-, o Plaza teme que hunda partidos?. No parece que, por lo visto, su lugar sea insustituible. Mal asunto para el ánimo del jugador griego, que físicamente va sobrado, pero no luce ni en la periferia en la que Blagota nos alegra los partidos de resaca.
Simpson_M