Estudiantes y Real Madrid son como el haz y el envés del baloncesto madrileño. Uno solía acaparar los títulos y otro forjaba un estilo especial, buceando entre los jovencitos que descollaban en altura dentro de la capital para enseñarles a correr y jugar con alegría, a amar el contraataque, a defender con garra. En realidad no eran tan distintos, hasta el punto de que muchísimas veces han compartido protagonistas. Jóvenes canteranos que se quedaban sin opciones y que se movían a Magariños, o hacían de la cesión permanencia, y algún sonoro fichaje en sentido inverso que, lógicamente, levantaba resquemores.
Hace no demasiado tiempo, la frase "me voy a ganar títulos" dejó, sin embargo, de ser tan cierta. La sólida brecha que separaba los rendimientos de uno y otro adelgazó hasta transformarse en una asíntota casi invisible en la que se besaban las dos gráficas, hasta el punto de que la negra (o amarilla, o azul, aunque a mí no me guste la equipación de este año) superaba a la blanca, o hacía proezas como encadenar tantas semifinales en la ACB como para que te empezaran a faltar los dedos para contarlas, siendo más constante que muchísimos otros plagados de nombre y presupuesto.
Pero el trasvase hacia Chamartín de nombres tan sonoros que hacen innecesario el apellido, Fernando, Alberto o más recientemente Felipe hacen inevitable una merma en la competitividad del club matriz. Todos estos hombres -algunos más que otros, claro- han sido decisivos en el Real Madrid. Si lo pensamos, hasta el mismísimo García Coll, un correcaminos de la Comunidad, apuró su baloncesto ganando una Copa de Europa como titular... cuando lo más fácil era recordarlo como guerrillero estudiantil, por mucho que se iniciara en el club blanco. Lo que a la inversa también ha funcionado, aunque en menor medida; Orenga o Iturbe son buenos ejemplos. Pero la clave es pensar qué habría hecho Estudiantes con Martín, Herreros o Reyes agotando en sus filas su vida deportiva. Es un buen ejercicio éste. ¿Dónde estaría hoy Estudiantes con Felipe Reyes?. Seguramente no habría perdido el balance del rebote hasta los extremos sonrojantes de esta mañana frente a un equipo que sufre mucho bajo su aro... Habría tenido una amenaza interior real, que ni Young (al que sólo Aíto motivó), ni Torres ni Pietrus pueden ofrecer. Habría tenido una mejor defensa en la zona, evitando que cada balón recibido por Lazaros fuera una asistencia o una canasta. En suma, probablemente habría ganado el partido pero eso no debe ser un motivo para tirar la toalla y clamar al cielo.
Estudiantes ha sido un gran club antes de llegar a la elite y podría seguir siéndolo sin tantos posibles. Fuenlabrada subsiste en una guerra de trincheras acumulando españoles con experiencia y sobrada profesionalidad. Quizá el problema sea éste. Sin el núcleo español básico, los Azofra, Jiménez e Iturbe, y sin el adecuado relevo de la cantera (por razones dispares, Sergio Rodríguez, Suárez y Sergio Sánchez no ayudan o no pueden hacerlo) este Estudiantes está desvaído, desdibujado. En una reciente entrevista radiofónica Reyes, otras veces tan polémico, pareció apuntar en la dirección correcta.
Enfrente, un equipo en el que todo más o menos funciona. Los pívots rebotean, encestan y asisten, los escoltas tienen momentos felices en los que anotan y defienden (o hasta taponan, como Bullock hoy), el alero hace sus cositas y los bases mantienen un nivel aceptable, o hasta implacable si se trata de anotar canastas. Hasta sale el marginal y anota cinco puntos con una aportación justificable. Hay quien piensa que un Sonseca habría resuelto muchos de sus problemas básicos en Estudiantes: el ausente rebote, la deficiente defensa interior, la intimidación coyuntural. Y habría evitado bochornos como el del deportivamente aceptable Potapenko, moralmente injustificable.
¿Bajará Estudiantes?. Es la pregunta que todos nos hacemos. La otra es, ¿ganará títulos este Real Madrid?. Desde luego, las respuestas son en ambos casos vacilantes, pero que en ambos casos podamos esbozar un "es probable" no deja de ser un cambio radical en la historia de la rivalidad ancestral de estos dos clubes. Sería bueno que, en este año tan divergente, uno pudiera lamer sus heridas y otro siguiera en la brecha del triunfo, pues a los dos les debe el baloncesto mucho. Qué digo, muchísimo.
Simpson_M