Que nadie se engañe. El baloncesto es un deporte peludo, que puede dar momentos de hermosa orfebrería pero también tiene hueco para los amantes del riesgo. El de esta noche europea en Vistalegre ha sido un encuentro en parte arrancado del pasado, cuando los equipos griegos luchaban por traducir sus inversiones en triunfos y el Madrid era un habitual de las grandes citas continentales. Con una diferencia. Entonces, cuando en Zaragoza el Madrid tocó cima por última vez, se avecinaba una época de baloncesto paupérrimo en guarismos y una apología del control en la cancha que llevaron a cambios en el mismo reglamento, disminuyendo las posesiones, cambiando las normas. Hoy, se ha luchado con la ambición y la pelea de entonces, de la época mítica de los Volkov, Prelevic (memorable barriga), Yannakis o Christodoulou, pero con el acierto de ahora.
No me ha gustado la puesta en acción de Olympiakos. Ha salido a jugar a medias, y el Madrid lo ha aprovechado sacando un trecho que a la postre es el que le ha permitido ganar el partido. Intimidaba el equipo griego al principio del año, con una batería de nombres que realmente hacía pensar que el semáforo se iba a poner rojo en el Peloponeso, pero entre lesiones inoportunas y una cierta falta de consistencia general como la que hemos presenciado en el primer cuarto de hoy desde luego van a tener problemas. En realidad tienen de todo, grandísimos defensores, jugadores fajadores y potentes al poste, algunos con nombres que hacen casi llorar de los recuerdos, pero al tiempo no impresionan en absoluto. Tal vez Mache sea un hecho diferencial demasiado notorio, o no; pero no terminan.
Si en algo se puede criticar la salida del Madrid es en su abuso del tiro lejano, pero ¿qué objetar si te entra absolutamente todo? Mumbrú parece haber conjurado sus miedos con un primer tiro aceitoso desde lejos y ya se atreve a despedir el calentamiento con un triple frontal antes de su consabido gancho bajo el aro. Qué más da, si así le entran, bienvenidas sean las manías. Tunceri ha estado entonado mientras los triples le daban confianza, y Sekulic y Hervelle hacían un trabajo bastante sordo pero de gran efectividad.
Hay que quitarse el sombrero con la defensa ante Marc Jackson. Estaba mirándole pegar culetazos contra los jugadores rivales y pensaba qué importante es la lucha en el baloncesto. No ha habido ni una vez en que el jugador americano haya tenido balones francos en la primera acción. Una y otra vez se turnaban en la defensa de anticipación, negándole la recepción, permitiéndole tocar el balón de espaldas siempre en posiciones laterales y fuera de la pintura. Yo no creo que Jackson haya hecho un mal partido. En cierto modo ha encendido al pabellón, pero su equipo ha defendido de forma extraordinaria en el final de partido, con un Raúl ciertamente discreto, aunque finalmente triunfante con ese robo oportuno y la necesaria decisión del triple a falta de unos siete minutos.
Pero no nos adelantemos. Al Madrid le entraba prácticamente todo, y yo estaba esperando una espantada de Yannakis en el banquillo, él que tan dado era a sudar hasta la camiseta de otros. De alguna forma -con triples y una bajada lógica en los porcentajes del Madrid- el partido se ha equilibrado en una distancia cómoda, pero que auguraba una segunda parte interesante. La buena noticia de este final de primera parte ha sido que Pelekanos ha vuelto a la rotación y ha sido productivo. O sea, que lo hemos descubierto: hay que traerle equipos griegos todas las semanas para que vuelva a ser él. O mejor, podemos ir a jugar a Grecia y así tendremos al hombre de 14+6 que fue elegido en el quinteto defensivo de su competición. Desgraciadamente, por mucho que el público -y yo mismo- lo animemos con intensidad, nada más que su cabeza separa un jugador yo creo que más que correcto de un puesto más firme en las rotaciones. Pero ocurre que las cabezas no se pueden desenroscar, carecen de recambios. No le ayuda que haya dos jugadores tan capaces para la posición de tres como Mumbrú y Smith. Al menos, días como hoy le permiten mantener un caché que seguro que le da un buen equipo en su vuelta a casa, si es que se produce...
Iturbe ha vuelto a la tierra y Woods y Vasilopoulos han dejado algún apunte interesante -el griego físicamente es impresionante, y si Woods tuviera más continuidad en sus acciones difícil sería pararle desde la posición de alero fuerte... pero es, como todo Olympiakos hoy, sólo amago.
Así llegábamos al inicio del tercer cuarto con algo entre modorra y paz espiritual, pero también la sensación de que algo debía hacer Yannakis para que conservase su equipo opciones de volver a Madrid en primavera. No nos equivocábamos. El Olympiakos ha endurecido el juego en todas las líneas y hemos asistido a algo que yo al menos echaba en falta, un partido de mala ostia (o baba, no se me asusten), de recaditos y piques alternos. No sé si ha sido porque Felipe seguía haciendo un trabajo cariñoso con Jackson demostrando que a moneda el kilo de cachete son euromillonarios, si Bullock había soplado el aire que rodeaba la oreja de Greer -clónico, pero en zurdo, y escurrido-, o si simplemente Hervelle y Makrocefalidis departían sobre el tamaño de sus respectivas cabezas y las tensiones laterales que tiene una protuberancia ósea al impactar en ángulo recto sobre una superficie inelástica. El caso es que cerca de mi canasta Marc dijo que ya era suficiente de tanto mamonazo impidiéndole tocar bola y le sacó el codito a Louis. Éste, que parece tranquilo pero tiene en la rabia el único elemento que le provoca hacer mates in-game (en Euroliga hace dos años... en un partido de esta índole, y a dos pies el muy...) no reparó en que su compatriota le superaba en aproximadamente medio quintal y respondió a la afrenta gesticulante. A partir de ese momento, Felipe y sus sonrisas, el ubicuo Mumbrú -yo me parto con él, en serio, a este tío el apellido se lo puso un futurólogo-, Yannakis feliz, redivivo, tonificado, exultante, pletórico, locuaz, erguido, potente. Esto, sí señor, esto es BA-LON-CES-TO en estado puro.

Los árbitros perdieron la cabeza y los tiros libres de la falta múltiple no los lanzó Jackson que, reconozcámoslo, ha importado parte del merchandising de blockbuster que sólo saben generar en los EE.UU. dando vueltas a la manivela del enterteinment. Bramante Marc, saltinbanqui en la presentación del equipo -creo que tembló hasta mi asiento con su aterrizaje-, resoplante en sus eternos y arcaicos libres, hablador hasta el exceso, dominado por su ojo biónico en la detección de microgotas de sudor en la pista. Pero el partido seguía, y los griegos estaban defendiendo.
Ocurre aquí que Tunceri se lleva un golpe y Raúl, que ya de por sí estaba agobiado por bases pequeños pero ágiles, fuertes y agresivos tiene que tragarse casi todo el partido. Digo casi todo porque Plaza sacó a Llull, al que demasiado le llegó a no hacerse caquita con los cuartos jugándose en sus únicos minutos en cancha, siendo simple subidor de balón y dejando que la jugada se la fabricasen otros, hasta que esto fue imposible y tuvo que buscar soluciones él mismo, cosa que todavía le viene un poco grande. Raúl no estuvo cómodo. No lograba sacar fluidez en el equipo, y es que los interiores no recibían, bien anticipados, Smith apenas podía despegarse -aunque cuando lo hizo casi cierra el partido, qué grande- y Bullock estaba sentado a la espera del último cuarto.
Pero ocurría algo inexplicable. Y es que los griegos siguen siendo amantes del amase. Curiosamente, tres veces que Greer decidió saltarse el guión dejó retratados los problemas de Raúl en defensa; pero había que ejecutar el sistema, renunciar al contragolpe -aunque el Madrid ha hecho bien el balance- y buscar. Buscar con calma, pero con el tiempo en contra... Ahí se les han ido sus opciones. Bocadito a bocadito se iban aproximando, el Madrid estaba asfixiado, pero no daban miedo. En ningún momento he sentido el aliento al cuello por muy pocos que fueran los cinco puntos del último tramo. Un tramo en el que el equipo (con Smith extrañamente sentado) pedía devolverles el trato, seguir con pausa. Felipe se ha equivocado a falta de tres minutos forzando ante Jackson cuando quedaban casi veinte segundos y les ha dado algo de vida, pero ahí ha aparecido Bullock, con un triple colosal y su maestría en los libres para finiquitar el partido.
Porque el tiro ha sido de antología. Con un hombre que le sacaba una cabeza punteándolo, ha debido girarse y en aire lanzar algo entre gancho y extensión, milimétricamente bombeado, un gesto totalmente suyo que acrecienta su carácter mítico. Bullock, al que ni yo mismo veía como un fichaje óptimo hace ya años, es un jugador extraordinario, con límites definidos, pero una calidad ofensiva extraordinaria. Y con una palabra cosida como la piel: tacto. Otros anotan por puntería, él lo hace por sus caricias. Su mano es una insólita zona erógena que le hace el amor al balón cada vez que lo toca. Y así, claro, entran limpias.
Si encima, cuando un poco por los pelos, Smith sale a falta de un minuto y en su primera acción atrapa un rebote con la solvencia de quien lleva viviendo el partido los cuarenta minutos, qué más se puede decir. Que tenemos unas cuantas joyitas, que no serán las mejores, pero que se están mereciendo una final, qué diantre.
Ahora, la liga. Queremos ser primeros. No podemos flaquear. Ojalá la rotación de hoy pueda consolidarse en el fin de semana. Está siendo duro, pero seguimos caminando, entre baladas y saetas profundas. Que este deporte lo juegan valientes. Algunos, al menos.
Simpson_M