Recuerdo el caluroso verano de 1990. Wayne Brabender, por aquel entonces, nuevo y efímero entrenador del Real Madrid, se marchó a U$A durante unas semanas a fichar y decidió apostarlo casi todo en una pareja de extranjeros jóvenes y con talento... ¿demasiado riesgo?, ¿sabía Brabender lo que hacía?...
Estábamos hablando de un "niño" de 140kg y 2.15m que tan sólo había aguantado en la Universidad de Lousiana State una temporada (donde coincidió con Shaquille O'Neal y Mike Hansen)... incapaz de tener un expediente académico aceptable, con tendencia a la sobredosis de hamburguesas pero con un increible potencial para dominar en Europa, si alguien era capaz de educarle a base de cariño y disciplina. Junto con el enorme Stanley desembarcó en Madrid un ala-pivot venezolano llamado Carl Herrera (2.08m, 1966), quién llegaba sin debutar en Houston Rockets pero con buena prensa internacional por su calidad.
El Madrid invirtió mucho dinero en ambos (750.000$ en Stanley y 550.000$ en Herrera) y empleó muchas horas en su formación sin tener en cuenta que el verano siguiente ambos volverían a cruzar el Atlántico para buscarse la vida en la NBA. En aquella temporada, el gran Arvydas Sabonis era el extranjero mejor pagado de la ACB con 1.000.000$ (tomad nota de ello).
Stanley puso a prueba los tableros de todas las canchas de la ACB. 140 kilos colgados del aro, esa es la imagen más impactante que dejó en España. El Real Madrid tuvo otro año aciago siendo eliminado en cuartos de final de la liga por el Taugrés, cayó ante el Barça en semifinales de Copa y fue subcampeón de la Korac tras perder la final ante el Clear Cantú a manos de una metralleta llamada Pace Mannion. Brabender fue destituido a mitad de temporada y su sucesor Ignacio Pinedo sufrió un infarto en pleno partido de ida ante los italianos. En la ACB, Arvydas Sabonis, por entonces jugador del Forum, y Audie Norris dejaron en evidencia a la "estrella" madridista.
Las estadísticas de Roberts en el Real Madrid fueron 11.8 puntos, 8.8 rebotes, 2.8 tapones y 2 mates en 28 minutos de juego por partido, con una valoración de 17.3 en el ranking ACB... Los números eran aceptables pero falló en los partidos decisivos... imperdonable!
Stanley Roberts volvió a su país, fue elegido en el draft por el Orlando Magic e inició su carrera en la NBA. Un talento desperdiciado, esa es la impresión que se tiene de él en Estados Unidos. "Hubiera sido un gran jugador si hubiera aprendido dos palabras: estoy saciado", ironizó en una ocasión Charles Barkey, que coincidió con Roberts en el Houston Rockets. Sus problemas de peso eran constantes y los intentos de ponerle a dieta no dieron nunca resultado. "Le insistimos en que probara una dieta líquida. Fue cuando se secó el lago Superior", bromeó otro ex compañero, Pat Williams. Tampoco tuvo suerte con las lesiones y en dos ocasiones se rompió el talón de Aquiles. Aún así, en las pocas ocasiones en las que su condición física era adecuada, su rendimiento fue aceptable.
En 1999 llegó la sanción por consumo de anfetaminas. La NBA le castigó con la pena más dura y le expulsó por dos años. Intentó regresar a Europa, pero la FIBA no le concedió la licencia y extendió la sanción a su jurisdicción. Roberts perdió un contrato por valor de casi un millón de dólares en Turquía. "Fue mi peor momento, me sentí como si me hubieran cortado las piernas", reconoció el jugador. Llegó a ser detenido después de que la policía de Houston registrara su coche y encontrara marihuana en la guantera.
"Sé que cometí errores. Mucha gente los comete", reconoció el baloncestista hace unos meses. Ahora trabaja en una compañía energética en Houston y realiza trabajos para la comunidad como parte de su reinserción. Ha perdido peso, se ha recuperado de sus problemas físicos y ha superado con éxito cinco análisis para detectar posibles recaídas en el consumo de drogas. "No es por ser pedante, pero ahora mismo podría hacer un mate delante de muchos pívots de la NBA. Soy veterano, pero también lo son Divac y Sabonis. Creo que hay sitio para mí".
Sería increible tener a Stanley ahora en el equipo, eehhhh? ... lo pienso y se me pone la piel de gallina.