Cansancio y pesimismo. Eso es lo que despierta el equipo del Real Madrid tras noches como la de hoy.
Cuando una temporada empieza, espera el aficionado de un equipo sensaciones positivas. En los comienzos, todo es posible. El gestor de la plantilla, sus integrantes, el club en su conjunto, sabe de lo importante que es administrar la esperanza de la gente. No hay peor inicio que el de una derrota humillante, porque la de hoy lo ha sido, por dejadez en determinados momentos y, lo que siendo estrictos es casi peor, por lo que denota de características de un grupo humano con más músculo pero mucho menos talento que el de los que nos han abandonado no hace tanto.
¿Qué está pasando?. Muchas cosas. Pasa que el Madrid tiene una plantilla en la que no hay manejo de balón. Si descontamos al base lesionado, a Bullock y en menor medida a Tomas, no hay un solo jugador que ofrezca garantías en el dribbling con balón. Ni mucho menos en obtener una penetración exitosa. Hoy hemos visto a Mumbrú protagonizar más de una acción de las que debieran ser la excepción, agarrar el balón y penetrar desde muy lejos y sin ventaja, arrancando de frente y en uno contra uno. A esos extremos hemos llegado. Pero tratemos de ser ordenados.
El Unicaja ha ganado al Madrid de casi veinte puntos en un partido en el que la brillantez ofensiva local sólo apareció en el último cuarto. El resto del tiempo el juego fue ordenado y discreto, muy aguerrido, como es costumbre en los equipos de Aíto y en Unicaja en general. Sorprende una distancia semejante cuando además tenía a su mejor defensor, Berni Rodríguez, lesionado de larga duración, a su jugador más técnico -Jiri Welsh- también fuera de juego, a N´Dong renqueante y a un fichaje de última hora con una carretada de minutos. Hasta tres jugadores nuevos más han intervenido hoy, algunos con papel nuclear (Kelati y Archibald) y un desempeño magnífico.
Sin embargo, el Madrid ha dado asco. Ha dado asco por una composición de plantilla absurda, con el talento empotrado en jugadores con un físico decrépito o decadente, que tanto da; con varios fichajes destinados a mejorar el nivel físico pero sin ninguna capacidad de generar juego en uno contra uno y una calidad técnica discutible, y una carencia al interpretar lo que sucede en la cancha en el largo plazo que, francamente, asusta.
Por desgracia, la sensatez que debiera ser el marco para el desempeño de este tipo de cuerpos espléndidos ligeros de CPU, que no es otra que la que impone el entrenador, no parece que vaya a ser la que nos saque del hoyo.
Se impone una pregunta: ¿cuántos partidos competidos, contra rivales de nivel semejante -también superior- al Real Madrid se han ganado desde que Tunceri cerrara la liga con su triple hace ya un año y medio?. Descontando el repunte esperanzador del Top-16 en sus primeras cuatro jornadas del año pasado, el Madrid no ha tenido ninguna calidad competitiva en casi quince meses. Cuando ha competido los partidos y ha conseguido igualar las distancias, ha perdido; las más de las veces ha sido humillado.
Y aquí estamos. Se supone que el equipo tenía que mejorar de un año a otro. No lo ha hecho. No lo ha hecho con claridad en la gente que está en la cancha, y desde luego no lo ha hecho fuera de ella. Era absolutamente obsceno escuchar las explicaciones de Sergio Scariolo en la televisión pública indicando cómo el nudo gordiano se deshacía en el ecuador del tercer cuarto en acciones carentes de lógica por parte de los jugadores madridistas, mientras en la cancha el final del partido era abandonado a su suerte por un entrenador que seguramente pensará que no llegará a dirigir a su equipo cuando tenga que remontarse la carretada de puntos de diferencia que estropean el average entre los dos equipos.
Se han marchado Charles Smith y Tunceri. Los dos eran jugadores brillantes ofensivamente. Digamos que los dos tenían limitaciones, pero lo que no se podía negar es que los dos atesoraban una gran cantidad de talento. Incluso el desasistido Pelekanos, naufragado en su tristeza, era un jugador sobre el papel aseado, capaz de botar, físicamente contundente, que podía tirar, que no reboteaba mal, aunque no tenía la velocidad para desbordar en uno contra uno ni el clima adecuado para explotar sus virtudes. Comparar el manejo de balón de Pelekanos y Hosley puede ser sonrojante, o la corrección técnica de su tiro.
Es más que seguro que muchos prefieran esperar a que el año avance antes de lanzarse a la piscina de la calificación condenatoria. Hay infinidad de frases propicias. Acoplamiento, inicios, arranque lento. Yo digo que el arranque lento no está reñido con la sensatez en el juego y que el acoplamiento es necesario para todos, más incluso para un rival que ha cambiado a su pívot franquicia, a su base, a su escolta titular y a su entrenador.
Porque, ¿cómo va a jugar el Madrid?, ¿cómo armar un equipo coherente con una dificultad tan tremenda para llevar el balón con seguridad desde la zona de defensa a la de ataque, con un bote tan inseguro?, ¿con tanto jugador que pierde la concentración en los últimos segundos de la posesión?, ¿que ha encajado la derrota con tan aparente y funcionarial indiferencia?, ¿qué está pasando?...
No quiere esto decir que Massey o Hosley no puedan ser jugadores útiles en determinados contextos. Ambos son fuertes y puede que pongan empeño. Pero técnicamente son francamente limitados, no tienen tacto con el balón y Massey defensivamente no ha podido en ningún momento con Haislip pese a la diferencia de peso. Massey se postula como un Felipe más fuerte y menos inteligente, con parecidos problemas a la hora de generar intimidación, y un tiro que ha sacado hoy y que parece completamente aleatorio. Un hombre con facilidad para jugar cerca y buen rebote ofensivo, un hombre que ya teníamos por duplicado.
Hosley es un hombre animoso pero con dificultad para la concreción, tosco, sin aparente capacidad para pasar el balón con seguridad, que bota sospechosamente y que tiene un tiro extraño e irregular, con querencia por la soledad que tan pocas veces va a tener en esta hiperprofesionalizada ACB.
Llull y Pepe, los bases, tampoco ofrecen confianza. Sergio tiene la canasta grabada y quién sabe si con mucho tiempo podría hacer de sus carencias con el balón en la mano un hándicap menor, habida cuenta lo fácil que suma puntos. Pepe en realidad es un buen jugador, en un equipo equivocado, sin estructura, sin roles, sin jerarquías -jugar a rotaciones en un equipo deshecho como era hoy el Madrid es muy atrevido- y sin un segundo base que pueda complementarlo sin que el equipo se venga abajo. Pepe tenía que ser la mecha de una bomba, no la metralla, la carcasa, la espoleta y el explosivo.
Si a esto sumamos que Tomas va a tener a Bullock por delante casi sistemáticamente y que tampoco puede garantizarnos estabilidad, siendo Louis un hombre ya de 32 años y conocidos problemas ante hombres agresivos en ataque, lo peor es que no sabemos dónde poner el peso en el vehículo.
Así, Mumbrú sigue apareciendo como uno de los motores de algo que no creo que vaya a ningún puerto seguro. Felipe tiene 28 años y está en el mejor momento de su carrera. Tiene que ser horrible que te ocurra como le pasó a Alberto Herreros, que acumuló ojeras en equipos con carencias mientras la edad lo iba horadando poco a poco. No nos merecíamos esto, la verdad.
Lo más triste de todo es que no queda ya ningún crédito que haga tener esperanzas. Seguramente se puede armar una plantilla efectiva con lo que hay, aunque haya tanto jugador con carencias técnicas básicas y lagunas de atención. Pero para ello habría que tener una dirección serena, consecuente e implacable. No parece que vayamos a tenerla. No parece que el goteo de refuerzos vaya a llegar con continuidad como ocurrió el primer año de Plaza, y vaya recuerdos. No sé si habrá alguien que a estas alturas reniegue de un cambio entre Milic o Hosley, o entre Varda y Sekulic por Lazaros. En aquel momento había lucha, había esperanza por mejorar. Ahora parece que todo está permitido. Hasta perder los papeles en un final de partido sonrojante.
Tampoco se puede olvidar la negligencia de la directiva. Al Madrid le hace falta como el oxígeno un jugador que sea capaz de llevar el balón conducido desde A (la canasta propia) hasta B (el medio campo) superando un 2 contra 1. Gomis, un hombre por otra parte con grandes carencias en la lectura de la jugada, es perfecto para esto. Tiene además un tiro que en la plantilla no aparece por ninguna parte. Considerando que Raúl puede estar lesionado varios meses y que Hamilton es un caso ya casi cómico de negación de la realidad, ¿cómo no está en nuestro equipo?.
¿Podrá la directiva tener la capacidad de asumir sus responsabilidades si el equipo sigue jugando del modo en que lo ha hecho hoy medio partido?, ¿será valiente para negarse a aceptar que el Real Madrid no puede estar año y medio sin ganar un partido a cara de perro contra un rival comparable?, ¿es consciente de que el ánimo lentamente conquistado en la afición puede esfumarse si el Madrid se encamina en la senda de los años que Imbroda o Lamas -con desigual culpa- regalaron no hace tanto?.
Más concretamente, ¿podrá Alberto Herreros tragarse su orgullo y fichar a uno de los tres mejores entrenadores de España en este momento, que espera rumoroso a que alguien lo reclame con el corazón contrito, comentando partidos con desgana?.
Queremos soluciones. El equipo puede rehacerse, pese a los errores de bulto que vuelven a describirlo como un grupo desequilibrado y con carencias sangrantes. Pero para ello hace falta excelencia. Experiencia y calidad. En una persona al menos: el que manda. El que dirige. El que piensa.
Queremos a Sergio. Desde hoy. Ni un día más. Cada derrota de aquí en adelante va a ser un golpe en la cara de la directiva. No miraremos al banco; miraremos al palco. Es, ahora más que nunca, ahora que aún hay tiempo, cuando el rector máximo de la parcela deportiva de la sección tiene que pensar. Evaluar, y decidir. Se le paga para eso. Aquí nos examinamos todos. Y es ya hora de ver resultados. Y de sentir impotencia ante tantos y tantos nombres. Reneses, Spahija, Scariolo, Ivanovic. Por favor, queremos sentirnos orgullosos de algo, aunque sea de ser más guapos. O vestir con más elegancia. Por favor.
Simpson_M