
En su imperiosa búsqueda de credibilidad, el Real Madrid ha tenido un partido cómodo en el Pais Vasco que le permite afrontar con más calma las próximas jornadas de liga y su próximo debut en Europa.
No todo va a ser dolor en el vivir, como tampoco es justa la severidad sistemática. Con la cautela justa, pero con alegría, hoy hemos salido satisfechos. El partido en San Sebastián podía entenderse como una trampa: en condiciones normales, lo esperable era una victoria; si ganas, nadie va a aplaudir en exceso. Si pierdes, serás vapuleado, y sin la posibilidad de subsanar errores por causa del peculiar calendario que ha impuesto la ACB, que incluye semanas de descanso en el más arraigado proceder de las ligas de barrio.
Sobre el papel el Bruesa es un equipo aseado. Tiene nombres que en cualquier otra época habrían asustado. Roe y Hopkins han sido dos profesionales sin demasiados éxitos colectivos a sus espaldas pero con una intachable hoja de servicios individual. Más Bernard que Lou, han conseguido una identificación casi inmediata con sus aficiones; lo han logrado, en el caso de uno con una entrega incondicional y una profesionalidad a prueba de bombas, y en el del otro con una calidad técnica y física abrumadora, propia de un jugador con más lustre en las vitrinas del salón de su casa del que seguramente tiene. Eso, más descartes de equipos que el año pasaron anduvieron por arriba (Popovic, Unicaja; Marconato, Barcelona) y españoles sí, pero, gente viable pero con limitaciones.
Lo que se ha visto en la cancha es la constatación de que dos de los jugadores del Madrid están en un estado de forma prodigioso y de que cuando en un partido sacas ventaja en todos y cada uno de los emparejamientos individuales y las ayudas no llegan, es muy, muy difícil no ganar.
El primer tiempo ha sido una exhibición de unos contra unos y dos contra dos en los que el Madrid salía victorioso. No deja de ser paradójico; Felipe es tan archiconocido por el mundo del baloncesto que rara vez, en partidos competidos, consigue girarse una sola vez a la derecha sin fijar la atención de una ayuda. Concederle el centro a Felipe cuando recibe por la izquierda es sinónimo de suicidio, y aunque David Doblas ha logrado imponer su corpulencia debajo del aro en varios ataques, en defensa ha demostrado ser absolutamente incapaz de frenar a Reyes. El caso es que no es culpa suya: una y otra vez Felipe, tras un primer paso que es favorable por simple cuestión física, tenía el camino expedito.
Sin embargo, no ha sido ésta la única razón de los abrumadores números de Felipe hoy (29 puntos y 13 rebotes). Su mano a media distancia parece mejorar mes a mes, y si el año pasado sus primeros triples anotados parecían una concesión al ego ahora empiezan a ser para mi gusto el siguiente paso, natural en vista de su evolución, de la ampliación de su rango de tiro. Felipe solo es muy seguro que te la meta. Resultado: su valor como jugador casi se ha doblado. Si a esto le sumamos la extraordinaria facilidad que tiene para ocupar el espacio muerto, hay que sumar a sus brillantes tiros y unos contra unos no menos de dos pares de canastas en las que no ha tenido ni que saltar para dejar el balón contra tabla.
El otro punto en el que el Madrid desbordaba era el del par de Llull. Hay que pensar qué tarea darle a este hombre. ¿Puede ser el escolta suplente del equipo?. Hay en su trayectoria un punto de colisión que habrá que resolver, ya que su crecimiento tiende a ocupar el espacio que Tomas debiera usar para expandir sus minutos. En no más de siete jugadas en el segundo cuarto en las que Llull ha jugado de escolta con Pepe al timón, ha anotado cuatro canastas sin que nadie pudiera pararle, superando a sus pares en el uno contra uno con suficiencia total. A mí como base no me convence, pero si sigue tirando bien (hoy lo ha hecho, de tres y hasta de media distancia) y penetrando con su habitual solvencia, realmente su puesto como combo o falso base es donde puede crecer como jugador.
Mumbrú, Hosley, uno tras otro superaban a sus pares. Es extraño que no se haya refugiado el Bruesa en una zona antes, o que no lo haya hecho durante más tiempo. Mejor dicho, tiene una explicación: en la primera parte, el Madrid sólo ha tirado un triple. Lo hizo Massey -el triple final de Bullock no fue producto de una decisión voluntaria, sino forzada-. En el arranque del tercer cuarto, llegaron no menos de tres triples más en menos de cinco minutos. El remedio llegó antes que la enfermedad, esta vez.
Esta, quién sabe si intencionada, alternancia entre juego interior y penetraciones y juego exterior de uno a otro tiempo parece un camino a seguir casi por obligación en esta plantilla. Tirar de fuera únicamente con buenas posiciones, habida cuenta de que no hay muchos tiradores consumados capaces de hacer un lanzamiento tras bote. Hoy ha funcionado, contra un rival de la zona media. Hay que esperar para ver si una táctica como ésta es válida ante defensas más cerradas, que inviten a la circulación por fuera, denieguen la penetración y obliguen a tirar.
Sigue habiendo cosas que no van bien. Lazaros ha vuelto a la mediocridad. Ha tenido al menos dos continuaciones en las que ha recibido en ventaja y que no ha sabido terminar. También es cierto que el equipo sigue cambiando con él en los bloqueos y que es persistente su imagen defendiendo unos contra unos frente a exteriores en la línea de tres. Ahí la jugada es prácticamente imposible que no termine en falta del griego. Tampoco es que su velocidad le permita corregir demasiado bien las decisiones posturales que asume en la defensa interior. El concepto de cambio de dirección le queda lejano a su fisonomía. Sin embargo, sigo percibiendo un amago de contundencia que el año pasado no concurría en su persona. Un rebote ofensivo en la segunda parte, así como un rebote alto en defensa que ha capturado a una mano indican que procura dar un paso para ganar elevación en pos de la bola, algo que en su caso se antoja necesario.

La otra cosa que sigue siendo una asignatura pendiente y con indicios de hacerse crónica es la propia defensa del uno contra uno en las posiciones de 1 y 2. Sergio Sánchez ha dejado atrás a Pepe no menos de dos veces, en carrera, sin que éste pudiera hacer nada. Obviamente una ayuda que intercepte la trayectoria del base puede ser una solución, pero no todos los jugadores van a tener la querencia de Sergio por verificar en primera persona la impenetrabilidad de la materia sólida. Un hombre que pueda doblar el balón (y en el Barcelona, por decir algo, me salen al menos cinco) sin duda iba a crear una cadena de desequilibrios que sólo una defensa atentísima -y rápida- iba a poder controlar.
El tercer factor preocupante (que Hervelle falle más de lo habitual es hasta perdonable, ya que a él cuando se le espera es cuando arde la calle) es la escasa participación de Tomas. Hoy ha salido muy avanzado el segundo tiempo y por un periodo de apenas unos minutos. Con Llull amenazando desde la posición de 1 y Mumbrú dosificando sus actuaciones respaldado por la solvencia física de Hosley, el suplente de Bullock no se sabe muy bien a qué ha venido al Madrid... ¿para asumir decisiones ofensivas cuando no esté el americano?, ¿ofrecer minutos de descanso con calidad a Mumbrú?, ¿ jugar minutos de la basura?. Es pronto, en ataque de momento parece que no acusa el ostracismo -una que ha tenido, la ha tirado y la ha metido, punteado además- pero sin duda nos sabe raro el guiso que Plaza le cocina. En defensa se le ve descentrado, y un plano certero del realizador televisivo ha retratado al croata justo tras ser sustituido, platicando con Mumbrú en
el banco y en ademán de señalar el marcador, como si se lamentara por cuán poco había estado en pista.
Lo de Tomas podrá o no traer cola según avance el año. Esta tarde los biorritmos de lo que sería un equipo solvente en una visita relativamente cómoda han vuelto a la expedición blanca, pero nos queda la sensación de que en esta semana extra que tendrá Plaza para entrenar a su gente deberán tomarse algunas decisiones. Qué se hará con Raúl y su lesión, qué papel va a tener Llull de ahora en adelante, cómo casa Tomas con el veredicto que se tome en ese asunto y si Hamilton es un quinto pívot capaz de jugar siquiera cinco minutos.
La temporada es joven y tras un inicio tenebroso parece volverse a un mínimo de normalidad. No es el momento de ponerse campanudo y sacar pecho; más bien de aprovechar este piélago de calma que es la jornada extra para reordenar los papeles y solventar las carencias: qué es de Lazaros, cómo se elige el tiro, qué ritmo se desea, qué rotaciones se imponen, qué técnica trabajar con quién, cómo mejorar la defensa, estudiar al contrario, crecer, en suma.
| 78.-Bruesa GBC (18+23+12+25): Hopkins (18), Panko (8), Sánchez (7), López (10), Doblas (15) -cinco inicial-, Úriz (4), Urtasun (3), Andrade (0), Marconato (4), Roe (6) y Popovic (3) |
| 94.-Real Madrid (25+28+18+23):Sánchez (0), Reyes (29), Mumbrú (15), Hervelle (4), Llull (16) -cinco inicial-, Hosley (4), Papadopoulos (2), Massey (11), Bullock (10), Tomas (3) y Hamilton (0) |
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