¿Pueden valer más cinco robos que cinco triples?. ¿Tiene la agonía más fuerza que un disparo?. ¿Es posible volver desde la oscuridad y redimirse del errar del mundo pretérito?. Una noche agria, desesperada, en la que las masas han acudido al pabellón sin tener claro si saldrían de allí aplaudiendo al local o al visitante, ha servido para que el Real Madrid, con todos los asteriscos que nos dé la gana, vuelva a ser un equipo de baloncesto. Ha permitido que Plaza se redima de su pasado y demuestre que la pequeñez de lo simple, la obviedad de lo evidente, es lo mejor si no quieres ser recordado como un apellido que se enterró a sí mismo por transgredir a la razón.
Todo esto en medio de grandísimos problemas, porque este Real Madrid no tiene bases; tiene, en su lugar, un templario que nos han trasplantado del pasado más ignoto, un rosacruz, un caballero del grial, un loco melenudo que no puede ser real. El Madrid no tiene tanta suerte; sus presidentes son chorizos, sus fichajes NAF's y su entrenador es bajito y tiene cara de ajo. No puede ser que de la nada surja un muchacho, olvidado en el ostracismo durante casi quince meses, para devolverte una vida que creías olvidada, inalcanzable, y que ahora pulula, bulle, nos excita, respira, suspira, qué coño, grita. Que no hay quien tire de tres, él lo hace; que el público está hasta los cojones de ver en el Barça o TAU equipos insultantemente superiores en calidad y recursos, los enciende a base de mates; que estamos cansados, él corre; que no tememos fe, él nos la mete a zancadas, diríamos, por el culo.
Llull ha trasncendido en una noche el valor neto de gente nobilísima como Felipe o Bullock, porque sencillamente Llull es el jugador que Vistalegre pide, un estadio castizo, de la calle, que reparte paquetes o contesta al teléfono, y quiere alguien que entienda su pulsión, una pulsión de carrera desbocada, grito en cuello y masacre de franchutes. El Barça habla una especie de dialecto francófono, degollemos a esta gente, cojámosla de los pelos y saquémosle la lengua por debajo de la barbilla. Es increíble, pero este hombre ha devuelto la identidad a un equipo que, por momentos, parecía marcado por la desgracia de lo inevitable, y es que este Barcelona es de una superioridad técnica que llega a ser hasta cómica por momentos, dejando que el Madrid hiciera la goma con tanta fe como impotencia, pim, pam, pum, triple y hasta luego.
El caso es que si queríamos un equipo que ganara por algo tan primitivo, pero al tiempo tan perfecto símil de la esfericidad del balón naranja, como son los testículos, aquí está. Gente que suma triples que no tocan ni el aro y mates en los que el codo se incrusta en el plexiglás o metacrilato, tanto da, de la canasta, consecutivamente. Croatas que son más eficaces tirándose al suelo a robar un balón que metiendo un triple, belgas sin pelo y costillas como púas o que salen a rotura de nariz por temporada. Qué tontos que no lo vimos, este Madrid es un equipo de latinos, latin's kings, quiero decir.
¿Qué ha pasado esta noche?... El milagro de la fe. Pero hasta las historias más extraordinarias tienen inicios previsibles y, la mayoría, desesperantes.
El primer cuarto planteaba dos estructuras distintas. El Barça apostaba por un quinteto clásico, con Santiago como pívot interior puro, Ilyasova como "4" abierto y versátil, Basile como marcador de Bullock y un backcourt muy anotador con Lakovic y Navarro. El modesto rendimiento de Barrett obliga al Barcelona a usar a Lakovic de base, posición en la que a veces tiene problemas, aunque toda la zona exterior es capaz de mover el balón, penetrar o lanzar a canasta. El Madrid, en cambio, optaba por Felipe de "5" y Massey como "4", aceptando una clara diferencia de estatura, Raúl, Bullock y Hosley en la zona exterior.

El inicio no pudo ser más tenebroso. El Madrid no tenía fluidez en sus ataques, con Felipe bien cubierto y Louis hostigado, como habitualmente, por la defensa blaugrana. Raúl estaba algo acelerado y Hosley se mostraba superado en su emparejamiento defensivo, incapaz de sacar ventaja al poste sobre Basile. Estos malos ataques terminaban en robos que los de Pascual culminaban con gran facilidad, bombas de Navarro e, incluso, mates en transición de Daniel Santiago, sí, he dicho Daniel Santiago, no Fidel Castro, pero casi. El partido se encrespaba con un 5-17 que olía a paliza. Lo normal, lo previsible caramba.
La forma de frenar esta situación pasó por sacar a la cancha a un jugador jovencito con el pelo largo y otra gente, digamos que Tomas, Mumbrú y más por dentro a Hervelle y Van den Spiegel. Louis se fue al banco con 5 puntos y un buen trabajo. Es innegable el efecto de Hervelle en estos partidos de máxima competitividad. Su primera decisión en ataque fue anotar un triple y, así, junto con algún contraataque y un buen trabajo de Tomas, más suelto que otras veces, y que lograba iniciar la jugada con mucho espacio y con bote, lograba apretar la situación. La jugada final del primer cuarto fue un "afortunado" triplazo de Mumbrú, desde ocho metros, con el tiempo cumplido.
Hay que tener en cuenta que, por sus características, Tomas puede hacer un daño razonable a los exteriores bajos del Barça, sobre todo si consigue contactar con ellos y hacer valer su mayor fortaleza. La contrapartida, que no es muy veloz, por lo que necesita de mucho espacio para hacer su jugada, pero al aguantar el choque mejor que sus pares, suele sacar el lanzamiento.
El efecto de ese triple final, con todo lo que tuviera de vistoso, fue negativo, ya que nuestro querido amigo Mumbrú empezó a jugarse jugadas al poste sin fortuna, algo que Xavi Pascual, del que dicen que es un fanático del scouting, había previsto. Álex no sacó nada claro de su merodeo insistente en el poste, frustración propia y ajena, a lo sumo. El jovecito de los pelos dejó alguna buena entrada antes de irse al banco, por ahora normal, y Raúl volvío más sereno, anotando en un par de ocasiones con su habitual calidad y estética.
El rebote defensivo merengue, sin embargo, era un problema terrible. Evidente. Si el equipo contrario es "más mejor", o luchas con todo o estás frito. Más de una decena concedió el Madrid, impotente ante la mayor envergadura de los jugadores azulgranas. Hervelle entró en faltas muy pronto, pero el Madrid lograba correr, no tiraba mal de tres... quizás el partido se detuvo en una situación estacionaria, en torno a los 5-7 puntos, por la absoluta incapacidad para conseguir algo positivo en ataque de Hosley y Massey. Ilyasova perdonó en no menos de tres ocasiones la inacción de Jeremiah fallando lanzamientos francos. Eso y que Sada no tenía el punto de mira acertado dejó el partido apretado al descanso. El airball de Hosley en un triple lateral desmarcado fue la gota que colmó el vaso de la paciencia del respetable, que amagó con una protesta cuando fue sustituido en el banco, lugar en el que platicó airado con Tabak, tratando de justificar sus problemas.
El aficionado blaugrana entonaba una sonrisa, porque parecía que el Madrid estaba dando todo lo que podía ofrecer, y esto, francamente, no era para preocuparse demasiado. El partido parecía controlado y el Madrid al límite.
El tercer cuarto empezó realmente mal. Vázquez empezó a aparecer en sus jugadas aéreas, imparables para los jugadores que tenemos en nómina, salvo tal vez VDS, a no ser que le agarren del badajo, que a lo mejor es la solución. El paseíllo del gallego lo hizo otra vez ante la pareja Massey-Felipe que, efectivamente, deben estar una cabeza por debajo.. El Madrid empezó a hacer malos ataques, con Mumbrú forzando mucho las acciones (¿no había dicho esto antes?), y el equipo obsesionado con los árbitros, como ocurre tantas veces. Hervelle había cometido la cuarta demasiado pronto. Para colmo, Raúl se retiraba renqueante al banco. Sin bases, ou yeah!!.
Sin embargo, esto, que podía haber sido contraproducente, hizo que volviera a la cancha el jovencito melenudo para, ¿cómo decirlo?, levantar al pabellón. Lo hizo con una jugada en transición, en la que desbocado se lanzó al ataque y penetró por la derecha, enardeciendo al público que empezó a gritar como un loco. Reyes logró un "2+1" ante un Santiago impotente cuando el español iniciaba el movimiento y se culminó la reacción con un mate espeluznante de Hosley (Mumbrú se había ido al banco, en una situación que se repite cada vez más en el equipo blanco y, qué queréis que os diga, yo comparto) a pase de melenudo tocapelotas otra vez.

Pascual pidió un tiempo muerto para frenar los amagos, las palpitacioncillas, pero eh amigo, tampoco nos pasemos, que la cosa tampoco era para tanto, que mucho ruido pero el Madrid seguía por debajo en el marcador. En esas situaciones, el Barcelona se aferraba al juego pragmático, a las faltas y las segundas opciones, una defensa suficiente y, en la práctica, la falta de tiro exterior del Madrid, que trataba de suministrar balones a Felipe insistentemente, porque Bullock no se liberaba como en la primera parte y el pelanas delgadito sólo parecia una abeja cansina, que pinchaba con alguna penetración de calidad, pero que (era lo lógico) terminaría por clavarse su propio aguijón para desaparecer. Reyes obtuvo rendimiento de las primeras tres jugadas en las que recibió, pero después Santiago empezó a ajustar la defensa, llegando a robarle algún balón. Sin solución, por debajo.
En estas estaba el Madrid cuando el recalcitrante abejorro hizo otra de las suyas, con una penetración ultraagresiva, y Plaza ordenó una zona que obtuvo resultados inmediatos con una falta en ataque del Barcelona. Por primera vez, quizás, el seguidor azulgrana torció el gesto, ya que el muerto estaba resultando demasiado contestón. Pero quedaba la última baza, la más pura, la de la calidad. Tomas salió al campo y el árbitro le pitó manejo; justo después, Basile volvió a hacer la distancia más grande con un triple (6 abajo) y aunque el menorquín le contestó con una bomba impresionante y una asistencia interior muy buena a Massey (que de paso hizo su primera acción realmente meritoria en el partido, posteando sobre Basile), En el colmo de la desgracia, Lakovic, tras un bloqueo directo que el_joven_que_por_última_vez_fue_humano_esta_noche erró al pasar por detrás del defensor y conceder el espacio a Jaka, anotaba otro triple. Con el tiempo casi cumplido y desde casi ocho metros, que así jode más.
El Madrid no lograba acortar la distancia hasta imponerse. Si bien en este cuarto la reacción final, de la mano de nuestro amigo el fanático, casi logró dar la vuelta al partido, la calidad de los azulgrana mantenía la distancia a base de empellones escogidos quirúrgicamente para romper la fe del más pintado. La mía, la primera:
"Esa es la diferencia. El Madrid lucha, corre, se esfuerza y trata de apretar, echa al público encima del rival, pero el Barça tiene un físico superior, más velocidad y sobre todo mucha más calidad. Hay más jugadores capaces de anotar, de sacarse una buena acción aislada que el Madrid".
Pura empírica. Ejemplo adicional: Ilyasova anotaba un triple nada más iniciarse el último cuarto. Tanto esfuerzo se veía roto por tres triples, de tres jugadores distintos, por iniciativas individuales.

Ante eso, los robos de balón del Madrid y sus salidas veloces parecían insuficientes, pobres, vacías. Tomas lograba generar ventajas casi cada vez, pero sin demasiada continuidad, y con resultados pobres. El tiro exterior era casi inexistente y, para colmo, se empezaron a fallar libres. Más: Navarro, tras quiebro alucinante, clavó el cuarto triple consecutivo. El Barcelona pasó de un 4/16 a un 8/20 en el momento preciso. La grada se silenció desesperada cuando la diferencia llegó a diez puntos. Era el fin.
Entonces ocurrió.
Hay que reconocer que el empeño del melenudo a esas alturas del encuentro era casi más propio de un demente que de un ser realista. Qué suerte tenemos de haber descubierto a este hombre que, en su casi absoluta soledad, parece de la estirpe que se rebela ante lo que parece inevitable, y creedme que la diferencia de calidad entre ambos equipos es difícil no asumirla como sinónimo de derrota. Hasta el horroroso problema del triple lo mitigó con uno de sus, cada vez más frecuentes, lanzamientos arqueados, nevados para, después, robar un balón a un incrédulo Ilyasova y culminar la jugada con un mate... Massey robó otra bola, contagiado por el balear, y se adornó en otro machaque, pero seguíamos a 3 puntos. El público recuperó algo de energía, aunque yo desde luego no las tenía todas conmigo porque, aunque fuera con un Barcelona que no se quitaba el frac, sin bajar a los subterráneos y las cloacas que había en el fondo de Vistalegre, parecía que otra racha decidiría el partido.
¿Es posible que los robos de balón ganen a los triples?, decíamos al principio. No queda más remedio que hacerse esa pregunta cuando un parcial de 9-0 se fundamenta en robos, realizados por tres jugadores distintos, movidos por una fuerza mítica. Secuencia de jugadas: Fran Vázquez anotaba desde el lateral, Felipe recibía una ayudita arbitral cuando Massey se colgaba del aro para agitar la pelotita y meterla. Gran defensa de Tomas a Navarro, boutade de Massey, boutade de Basile en pase absurdo a Fran, ayuda oportuna sobre una jugada interior de Felipe, grandísima decisión de Basile, canasta hecha que Massey manda al limbo de los aros fallados pasivos. Se redime con una gran defensa sobre Andersen y Bullock hace que estalle el mundo con un triple... para que Tomas robe otra bola, Bullock penetre y asista a un ser del inframundo que, desde la esquina, lanza...
.... y anota un triple más. Demoledor hachazo. Llull Llull Llull Llull estalla el público... Time Out!!... Llull Llull Llull Llull Llull. No le importa nada, es su oportunidad, y es el momento preciso, contra un grandísimo Barcelona, un delicado Barça, pero que ha perdido (le han quitado) cuatro balones en seis minutos. El triplazo de LLULL parecía haberle golpeado a Navarro en el brazo cuando lanzó una bomba cortísima, cortedad que no sufrió Fran en la siguiente jugada, que entró llorando, qué cosa más extraña, ahora lloran los balones que él lanza, no llora él mientras lanza balones. LLULL tenía una prueba más: libres, el primero llora, el segundo entra (encima tiene frialdad, ¿será El Elegido?), y el horror, del déjà vu: falta o defensa, tras un tiempo muerto en el que le tocaba a Plaza tomar contacto con su pasado. Y no hubo duda: Tomas le hizo falta a Navarro, que metió los dos. Sale Mumbrú (lagarto lagarto)...
.... el Madrid necesita un saque de fondo para ganar. Bullock, falta a seis segundos que se hacen eternos, hay que volver a hacer falta, porque mete los dos, y la tiene BASILE, ojo que la tiene BASILE, Felipe no te escurras hijo de perra, HACED LA FALTA DE UNA PUÑETERA VEZ. La han hecho, Bullock, mensaje personal para su némesis, que fallará el segundo, pero hombre, no me jodas, no es físicamente posible que cojas tú el balón bajo el aro cuando delante tienes cinco hombres si no has pisado antes la pintura, se ¿acaba?. ¿Ya?. Se acabó.

El Madrid ha ganado un partido. Lo ha ganado desde la tosquedad, desde la fuerza, el ímpetu y la raza, lo ha ganado porque Tomas (que yo pienso que en este tipo de trances funciona) ha hecho una defensa sensacional a Navarro y ha robado dos balones decisivos, el resto del equipo ha robado otros tres, Massey ha logrado defender un puñetero par de veces a Andersen sin que éste anote, Felipe ha sudado como suele hacer y Bullock ha oficiado de coejecutor junto al real, único, destapado a nivel FIBA por razón de este partido, Sergio Llull Meliá y no, no es un hotel, es un jugador de baloncesto, y uno que podrá decir que le ganó al Barcelona, en Euroliga, mientras 12.500 personas imploraban, lloraban, gritaban con las gargantas rotas su nombre. Algo que hacen muy, muy pocos.
Pero diría más. El Madrid no ha ganado un partido. Lo que ha ganado es el alma que creía perdida, y es que en la cancha nos ha nacido un revolucionario, un Mesías, que, aunque crucificaran esta noche, ya nos habría regalado un milagro: nuestra resurrección.
Tenemos vida. Por Dios que esa vida nos sirva para algo a partir de ahora. Nos han regalado un nuevo amanecer; seamos dignos de él.
Simpson_M