Sensaciones perdidas. Eso es lo que esta mañana ha despertado en mí el Real Madrid. Seguramente ha sido el mejor medio tiempo desde el primer año de Joan Plaza, contra un rival real, serio, uno de los que estará arriba.
Los antecedentes nos dejaban en la más completa de las incógnitas. El Madrid había tenido algún buen partido este año, incluyendo una victoria en la cancha del CSKA y del DKV Joventut con remontada agónica incluída. Sin embargo, los partidos contra el resto de rivales de nivel, además de varios encuentros contra equipos claramente inferiores en plantilla y aspiraciones, se habían saldado con derrota.
Unicaja aparecía intimidante. Había barrido a Maccabi en su cancha. Hay que reconocer, de todos modos, que Unicaja es un equipo distinto como local y fuera de su cancha. Fuera de ella ha llegado a sufrir derrotas que han rondado los 50 puntos, y en la suya las ha infringido a visitantes con cara marcada por el dolor. Ha jugado su partido, pero en el tercer cuarto el Madrid lo ha sacado de la pista, ha anotado de una forma extraordinaria y ha reecontrado a dos jugadores que estaban llamados a marcar diferencias, Bullock y Massey.
El arranque del partido fue eléctrico. Los dos equipos se plantaron en la cancha con un juego muy agresivo, extraordinariamente físico. El Madrid pudo sobrevivir en unos primeros buenos minutos de Massey, sensacional, esta vez sí, en ataque. Sus características le obligan a actuar a una velocidad más que los contrarios, haciendo un uso del espacio como camino a la canasta y de su cuerpo como proyectil una vez en el aire. Si Massey duda, Massey encuentra barreras humanas que superan sus características físicas, por mucha fuerza que esconda su cuerpo. De la misma forma que Teletovic ha sido definido, a mi juicio con gran clarividencia, como un escolta tirador con cuerpo de ala pívot, en el caso de Jeremiah tenemos a un escolta penetrador en el cuerpo de un alero fuerte.
La gran desgracia para Massey es que su tiro no sea consistente. Si tuviera un tiro de tres eficaz, su marcaje podría ser realmente problemático. Un jugador que tiene varios conceptos del juego, la interpretación del corte, el bote, un buen trato de balón y capacidad de pase, brillantes, en realidad se limita a ser un jugador modesto por culpa de sus ausencias mentales en la pista -sobre todo defensivas- y la ausencia de ese tiro tan necesario. Massey hoy, sin embargo, ha ganado la partida a un Haislip frío, que sin hacer nada se ha ido a la decena de puntos, y es que el suyo es el típico caso de talento infrautilizado, de la misma forma que en el caso del macedonio asistimos a una maximización de sus atípicas virtudes. La agresividad de Massey es un activo tremendamente importante, si se conduce adecuadamente. Está en camino, tiene que hacer uso de ella.
Sin embargo, el Madrid no conseguía solucionar el dilema de las ayudas de los pívots y el control del uno contra uno durante el primer cuarto. El resultado, Archibald disparado en anotación casi sin tener oposición. En la parte exterior, Bullock sostenía un duelo sordo con Kelati, defendiéndolo con maestría (con la de Oleson ya acumula dos grandes defensas consecutivas) y siendo parte activa en la construcción de los ataques de su equipo, aún sin acaparar tiros.

La actividad asfixiante de los equipos de Aíto se quebraba por su raíz. El Unicaja no terminaba de ser certero en sus lanzamientos, y al final el encuentro se convirtió en un intercambio de segundas opciones, faltas y contactos, en los que tímidamente el equipo malacitano iba tomando ventaja.. Hasta en dos ocasiones amenazó con romper el partido, llegando casi a la decena de puntos de ventaja, pero el Madrid respondía con acciones de genio de Raúl López, que se pasaba el balón por la espalda para anotar en un uno contra uno, o el esfuerzo de Tomas Van den Spiegel, que demostraba su capacidad para anotar ganchos lejanos desde el centro de la zona. Una falta de ataque forzada por Hervelle, un rebote...
En el Madrid sin embargo no se podía ser demasiado optimista porque Mumbrú estaba francamente horrible en prácticamente todo lo que hacía, superado por la agobiante presión de Unicaja, impreciso en un par de triples que lanzó desmarcado y en un par de acciones al poste, y Tomas salió a la cancha frío, trabajador y sufriente frente a la defensa de Kelati, lo bastante más rápido para que tuviera que defenderle casi siempre con el pie cambiado, recuperando espacios y tratando de evitar que sus contactos se convirtieran en faltas.
Si en algo el partido se mostraba favorable al Madrid fue en la insólita cantidad de faltas que acumularon Welsh, Jiménez y N'Dong. La verdad es que el trabajo de Jiménez es escalofriante. Encima si, como hoy, está mínimamente acertado en sus tiros, las ganas de ir a por él son enormes. Algún día tendrá un bajón físico, y entonces dejará de ser tan importante para su equipo; pero hoy ha hecho de todo: rebotes, pases, defensa y faltas necesarias, palmeos, más un par de canastas a la media vuelta y de lejos. En suma, fantástico.
La segunda parte fue una cosa muy distinta. En realidad, marca el camino a seguir para poder aspirar a algo este año. Una defensa asfixiante, grandísima agresividad, correr en la medida de lo posible, producto de la defensa intensa, y superioridad en el uno contra uno en ataque. Calidad, en suma. ¿Qué quinteto nos dio todo eso?... Llull, Bullock, Hosley, Hervelle y Van den Spiegel transformaron la faz del Madrid hasta abrumar a un Unicaja que, insólitamente, se fue del partido.
Llull presionaba desde la salida del balón rival hasta el más mínimo amago de línea de pase que estuviera en sus cercanías, con la virtud de regresar a tiempo para evitar que su par generara ventaja. Su peso liviano, que le permite presionar sin desequilibrar y le deja realizar contactos poco visibles para los árbitros, su infinita agresividad, a veces contraproducente, pero muy interesante para el equipo, son indicios para la esperanza. Van den Spiegel, atrás, por fin es una presencia física no tanto poderosa como incómoda. Correoso, con sus larguísimos brazos, logró que el duelo con N'Dong no fuera una incógnita que tuviera que despejar gente de quince centímetros menos de estatura. En una jugada paradigmática de lo que fue su labor, en una ayuda taponó un lanzamiento de esos que se pillan arriba, justo cuando el balón deja la mano del jugador, de suerte que éste termina derribado por la inercia del brazo doblado hacia atrás. El resultado de la jugada fue un contraataque pleno de facultades, arriesgado, pero brillantemente culminado por Llull, delante de Carlos Cabezas, con el apoyo de la tabla y entrando por la derecha del aro. El Madrid corría, y el Unicaja por primera vez se veía por detrás en el duelo físico.

A esto se sumó el trabajo sordo, pero tremendamente efectivo, de Hosley y Hervelle. Axel, por fin en un partido completo, volvió a sus orígenes con Boza, empeñado en el juego subterráneo, la búsqueda del rebote ofensivo y la aparente invisibilidad, que se tornaba en hachazo súbito cuando tomaba alguna de sus célebres decisiones en el tiro lejano. Esta vez, uno de sus triples frontales supuso la ruptura del partido, llevando al Madrid a la decena de ventaja y dejando al Unicaja sumido en la perplejidad. Hosley atosigaba, obviando sus limitaciones, porque en el juego veloz de las transiciones sus problemas con el balón y el tiro eran menos notorios. Siguió impreciso en el tiro, pero su afán terminó por dejarlo cerca de los diez puntos, haciendo -de otro modo- un trabajo similar al que Jiménez, con virtudes mucho más evidentes, hacía en el otro campo.
Pero lo que explica la victoria no es otra cosa que el sobrenatural partido de Bullock. Con Kelati desquiciado, el americano hizo un partido memorable. A Bullock le cuesta arrancar, pero cuando entra en el partido se siente con confianza para hacer cosas al alcance de muy pocos. No tendrá el aliento depredador que exhibe un Rakocevic, pero sin duda lo hace mucho más bonito. En el uno contra uno, en el tiro lejano, asistiendo, Louis hizo lo que quiso y cuando quiso. Una jugada en la que se cuela entre el defensor del bloqueo y el propio y culmina una bomba; penetraciones francas por mor de su quiebro de cintura; extensiones frente a hombres que le superan en treinta centímetros muertas suavemente frente a la tabla. Triples tras bote, escapadas tras bloqueos eficaces, libres, en el colmo del insulto uno de los tres mates que ha hecho en estos años: robando un balón, escapándose delante del otras veces vencedor Berni Rodríguez, se permitió el lujo de meterla con las dos manos, suave pero hermosamente. Quien haya visto a Bullock entrenar sabrá que su salto es espléndido, y que sólo es su natural discreción la que evita exhibiciones más frecuentes. Su salto a dos pies es fantástico, y es capaz de culminar alley-hops sin esfuerzo, si carece de oposición.
En esto está el secreto del baloncesto. Felipe y Raúl no fueron necesarios para destrozar al Unicaja, al que el oremus se le terminó por escapar y comenzó a jugar muy por debajo de sus posibilidades. Es posible que el arbitraje fuera permisivo con el local, pero en otras parecidas se ha visto el Málaga y ha superado los problemas. Pienso que quedó perplejo por la fortaleza del Madrid, que llegaba como cordero listo para el sacrificio. El final del partido, sin embargo, nos deja insatisfechos, porque el average realmente estuvo al alcance, con Unicaja comatoso, pero tuvo que ser Berni Rodríguez el que, como siempre, cosiera a los suyos a sus intereses, con un triple que cerraba la discusión y que estuvo a mano de no mediar hasta tres ataques pésimos del Madrid.
¿Qué conclusión podemos extraer?... Una magnífica y otra desesperante. La magnífica es que en el quinteto defensivo del tercer cuarto el Madrid tiene una semilla para la competitividad, para poner las cosas difíciles a equipos tan versátiles como Unicaja. Spiegel, Hervelle, Llull y Hosley son cuatro personajes solidarios, abnegados y con cierta, modesta, capacidad ofensiva, pero al tiempo una magnífica capacidad para correr y llegar al ataque en ventaja: rebote o robo, velocidad y anotación franca. En ese contexto, ni siquiera Felipe tiene que rebotear por encima de lo natural, Raúl no tiene que hacer locuras para conseguir sus canastas de malabar. Todo es más natural y primario, más cercano a la raíz del baloncesto básico.
Otra noticia positiva es que Plaza ha pasado desapercibido, lo que generalmente significa que su trabajo ha sido bueno. Hoy nada se ha antojado antinatural; quizás ha parecido excesiva la presencia de Mumbrú, deplorable durante el encuentro, en los tres últimos minutos. Sí, definitivamente ha parecido que el Madrid renunciaba a dar un paso más y a ganar el average. Eso no nos ha gustado.
La desesperante es que el perímetro está roto. Pepe no ha jugado (previsible ante la fenomenal agresividad exterior del Unicaja en defensa), pero Tomas da muchas más de arena que de cal y Mumbrú no nos da confianza. Raúl en defensa no se ve capaz de hacer el sobreesfuerzo que Bullock está haciendo, y Cook ha hecho más o menos lo que ha querido, por mucho que su acierto hoy haya sido bastante mejorable.
Puestos en las manos de un Bullock con sobrecarga de funciones y un Hosley simplemente entregado pero con carencias evidentes, y con un único cambio fiable (Llull), el Madrid no puede ser competitivo en el largo plazo. O Tomas logra sentirse más cómodo, o Pepe se integra en el juego, o se ficha a alguien, que es lo que venimos repitiendo desde hace largo tiempo y que la ficha de Hamilton sugiere. Más si, como esta mañana, vemos a Mirotic rondar en el banquillo.
En suma, hemos visto esta mañana una victoria justa, ante un rival que empezó grande y terminó pequeño, y no por propia dejadez, sino porque la defensa del Madrid y un Bullock sobrenatural los sacó de la carretera. Con matices, pero al tiempo con la alegría de saber que, aunque sea con muchísimos asteriscos, el Madrid tiene algún partido competitivo al más alto nivel, afrontamos la Copa con una media sonrisa y la sensación de que ver el partido contra el Barcelona no será, para el aficionado, una pérdida de tiempo.
Simpson_M