En el asiento de mi localidad en Vistalegre, al acabar el partido, uno de los compañeros de abono decía "Por cojones, hemos ganado por cojones". Hay veces que lo más visceral es también lo más exacto, porque el Real Madrid lleva encadenadas, con la de hoy, varias victorias que sólo se pueden entender desde la más absoluta obstinación, el furor más brutal, las ganas más acres, por puro tamaño de testículo, no hay otra.
Explicar la catarsis colectiva de esta noche es muy complicado. Habría que decir que la comunión del Madrid con su público, perdida en la mediocridad de un año completamente hueco, ha regresado. He de reconocer que hacía mucho tiempo que no me enganchaba al Madrid. No tiraba de mí; a veces se lo he achacado a la edad, pero hoy he comprendido que había tanto de frialdad por mi parte como de desinterés por la suya. Y es que cuando el espíritu del gladiador, el alma del luchador ha regresado, yo me he unido al exorcismo y he sido un ascua más en la pira turbulenta en la que ha ardido el Tau esta noche.
No suelo ser muy agresivo con los árbitros, pero hoy toca serlo. Hay que aceptar una cosa: el Tau es un grande. Y digo esto no por mí, ya que yo lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo, afirmando que el mejor equipo de balonesto de España en estos últimos diez años ha sido el Tau Vitoria, como institución; si nos remitimos al último lustro, con una diferencia notoria. Quienes deberían asumirlo son sus seguidores, porque lo que voy a decir a continuación no lo aceptarán muchos; y es que hoy al Madrid le han atracado con una impunidad tan absoluta que sólo se explica desde la óptica de que el Tau, y no el Madrid -como tradicionalmente se ha afirmado- es el pez grande.
La primera parte ha tenido, para el Madrid, esta secuencia de hechos: pundonor, infortunio, escarnio, obcecación, laxitud, resurgir lacerado.
Pundonor; el Madrid quería ganar, necesitaba afianzar su ego ante un Tau que le había infringido demasiadas derrotas consecutivas, algunas de ellas con una superioridad insultante, desmesurada, vergonzante. Así que salió con un equipo un poco atípico, pero pundonoroso, que hizo las cosas bastante bien. Fue directo, pero tuvo muy mala suerte. A todo esto, hay que reconocerle al Tau una defensa interior muy buena, en la que ha interceptado con ayudas prácticamente cualquier intento del Madrid por hacer jugada al poste, aunque no haya sido igual de eficiente en cerrar el rebote defensivo. En esta primera etapa, Pepe pienso que ha movido al equipo bien, con tino, pero éste estaba absolutamente negado. El aro escupía prácticamente todo, a veces incluso bandejas. En esto llegamos al infortunio.

Este infortunio incluye, además, parte del escarnio con el que el trío arbitral ha castigado al Madrid. Los números son tozudos y la cifra final de faltas indica ecuanimidad en los criterios, pero lo percibido es que tanto las retenciones, como los contactos, las interpretaciones insólitas del reglamento (como la jugada en que Van den Spiegel intenta machacar) caían de un solo lado, un lado en el que la tercera falta a Rackocevic ha llegado en lugar de la que realmente era la sexta. En el primer cuarto y parte del segundo; no hacía falta más.
No hacía falta más porque el Madrid ha caído en una espiral de obcecación (siguiente estación del Via Crucis), bloqueándose, con varios fracasos alarmantes, preocupantes. Tomas ha defraudado completamente, ha sido un espectro. No le ha salido bien absolutamente nada, de suerte que Plaza (que pienso que ha estado brillante, para qué decir otra cosa) ha tenido que jugar con Llull y Pepe en las posiciones exteriores. Si no, el equipo se descosía. El Madrid parecía desesperado. Ni a Hervelle, ni a Llull, VDS, Felipe... le entraban los tiros. Los ataques empezaron a ejecutarse con prisas, con un ansia evidente por reducir una diferencia que crecía con una precisión de cirujano, la del operario más insigne de los patíbulos ACB: un Tau absolutamente soberbio, con Igor imparable, Prigioni genial en las asistencias, Splitter saliendo y anotando casi de inmediato, Mickeal abrumador, agresivo, saltarín, machacador, un violador del verso que hasta se ha permitido algún baile funky de festejo tras un 2+1.
En ese punto el Madrid era un ariete de madera que trataba de derribar un Everest de metal, hasta tal punto que lo que era energía desaprovechada se ha transformado en abulia impotente. Laxitud.
La-xi-tud. Je-re-miah. /je-re-maia/. Insoportable. Esa falta de ambición lo ha llevado al banco, por un Hervelle desafortunado (en esta primera parte todo eran calamidades para el blanco), pero al menos convencido de luchar.. Y el muy impresentable se ha cabreado. Esto es intolerable. Intolerable. Muy-mal. Ma-ssey. No es admisible ese gesto de desprecio, esa mano desdeñosa con la que ha abandonado la esquina en la que los técnicos, sentados, le han transmitido sus instrucciones en la vuelta al banco. Ahí se ha quedado durante el resto de partido. Te lo mereces, qué quieres que te diga. En ese plan (que NO es una novedad) sentado estás más guapo.
Y así, aguantando como buenamente podía, el Madrid ha amagado con resurgir. Porque durante unos instantes ha habido un puñado de acciones en las que el balón por fin empezó a entrar. No deja de ser muy preocupante que cuatro de los doce puntos que el Madrid llevaba entrado el segundo cuarto fueran producto de dos balones salvados in-extremis por compañeros cuando se iban fuera de banda, que se transformaban en asistencias bajo el aro. Pero es así como se construyen las grandes obras; en ocasiones, de despojos, a partir de las miserias.

Esta primera parte explica el por qué esta temporada un equipo y otro están donde están en la ACB. El Tau juega de memoria, con una mecanización de los movimientos, de la ocupación del espacio en cada acción y el bloqueo directo que, por momentos, hacen de él un mecanismo casi perfecto. Luego, tiene una calidad tan enorme en aspectos como el tiro, el físico, el bote y la velocidad que no hay fisuras en su edificio. Cuando Prigioni no inventaba algo, un exterior penetraba y servía por fuera a un jugador abierto, siempre solo, siempre en un sitio distinto. Pura clase.
El Madrid, en cambio, tenía a medio equipo empeñado en construir, sin fortuna como hemos dicho, y a la otra mitad empeñado en derribar cada par de ladrillos que por voluntad divina caían uno encima del otro. Esa fractura del equipo era la que (y hoy no ha sido una excepción) nos dejaba al final del primer cuarto con el partido perdido.
Como ejemplo final de esta diferencia esencial entre los dos conjuntos están los tres minutos que enlazan el final de la primera parte y el inicio de la segunda. El Madrid, que se había acercado a rondar los 10 puntos de desventaja, veía cómo se transformaban en 20 en cuatro ataques. Dos triples, una penetración de Rako y otra canasta más. En segundos, como una ráfaga que te atraviesa el pecho y te deja diez orificios sangrantes. Todo esto, sacando el Madrid en la reanudación. ¿Despiste o impotencia?, ¿ambos?.
¿Qué ha pasado, por fin?. Que hay un aliento indómito en este Real Madrid que, al menos mientras nos dure, nos hace capaces de ganar a cualquiera, y cualquiera es cualquier equipo, aunque sea el mejor de Europa y máximo candidato a la Euroliga a día de hoy, como es el Tau.
Para lograrlo, el Madrid de la segunda parte se ha encogido. Ha dejado fuera a los que no querían contribuir o no sabían cómo hacerlo y ha conservado en cancha a las piezas básicas. En estas piezas ha estado Pepe, que aunque no ha tenido fortuna, yo veo que mueve al equipo con una soltura que no hemos tenido desde ya ni me acuerdo. Incluso él me puede sobrar. Los protagonistas de esta micro-historia han sido, de menos a más: Hosley, desesperante pero al tiempo intachable, luchando por rebotes, lanzando libres que botaban diez veces en el aro antes de entrar, recuperando un rebote ofensivo y anotando una canasta. Qué pena que no sea capaz de meterla ni en una piscina si se separa tres pasos de ella.

Felipe, diecisiete rebotes, diecisiete... que se dice pronto, en una versión esencial, primigenia, bozística, pero que acerca a la victoria tanto como cualquier otra, y que a mí al menos me congracia más, más dos tiros libres esenciales. Mumbrú, hiperracial,supremacista blanco, agitador, putero, perra, escupidor, sudoroso, malencarado, peligroso, verbenero, desmañado, sucio, leñador, cojonudo, huevoroso, testicular, gonádico, eréctil. Ha metido un par de canastas por la fuerza de su ego, que hoy al menos nos ha dado la victoria en un porcentaje absolutamente decisivo.
Llull, que ha sido un embarazo ectópico en el bajo vientre de Rakocevic, con varias defensas en el límite, único hombre capaz de hacerle algo parecido a un marcaje a este ser que, en puridad, sólo es capaz de neutralizarlo él mismo, como demuestra ese tiro libre final fallado, de forma hasta previsible para los conocedores profundos de su trayectoria; Rako, el autoinmune. Llull, que ha sido irregular pero también decisivo, con algunos encestes oxigenantes y dos libres que han rebosado su capacidad de asimilación en este cursillo acelerado de excelencia que el Madrid le está pidiendo, sin permiso.
Hervelle, cada vez más desencajado, con el pelo más fino y la cabeza más huesuda, como si el ansia por ganar amenazara con explotarle la sesera, que está ahí siempre, siempre, sin éxito, con éxito, amenazante, sin clase ninguna, haciéndonos persignarnos cada vez que se pone en la frontal del triple, inclinado hacia un lado, dispuesto a "repartir" juego. Nuclear, recalcitrante, este hombre ha tenido a alguien que ha muerto heroicamente en cada conflicto bélico de los últimos treinta siglos. Una noche le estallará el corazón en la cancha, y su espasmo final será el que despiste al marcador del jugador que con su canasta le dé la victoria póstuma al belga. Será inevitable.
Y por último Bullock, que si Mumbrú es al barriobajerismo el paradigma, el americano lo es al salón zen, al Ikebana, al yoga y al pincel con que Miguel Ángel decoró la Sixtina, insólitamente liviano, un soplo de brisa marina que mece una hamaca en un porche de la costa del Pacífico. Si fuera mujer querría, en esta fiesta comercial de los enamorados, que de su rostro surgieran, susurrantes, las palabras que me llevasen al camastro, aunque lo peor de todo (mujer fácil) es que le bastaría con su media sonrisa.
Ya van dos, consecutivos; dos explosiones de furibunda felicidad. El partido seguía inalcanzable, el Madrid trepaba, rondaba la decena, el Tau nos pegaba un coscorrón, pero en un par de minutos irrepetibles, el cielo amenazante se derramaba sobre el coso en una lluvia de triples aglutinantes de diez mil voces. Lo que primero fue el trueno de la red perforada luego estalló en el relámpago de un clamor extásico, en el que nos despojamos de nuestra condición individual y nos sumamos a un descuartizamiento felicísimo: "A por ellos, este partido lo vamos a ganar, Portela, cabrón, saluda al campeón, Llull-llull-llull-llull, vamos vamos uaaaa a a a a auaaa auaa auuuuuuua ua au".

Un par de minutos, el Apocalipsis. Empate a algo, era increíble, era real..
Luego volvió el encuentro táctico. El Tau hiper-encallado ante una zona en la que nadie ocupaba el centro, pero que confiaba insistentemente en Splitter tras la canasta, con desigual acierto, respondido con faltas, y libres que no entraban. Una zona que duró casi cinco minutos seguidos y ante la que no tuvo respuesta, se desdibujó. Unos minutos en los que Rakocevic fue frenado por un Sergi Llull izado por diez mil piernas, y en el que el Madrid eterno volvió a hacerse corpóreo, con un Plaza atinado y atento y, lo que es más importante, un proceder inteligente en la cancha, con faltas muy bien hechas, y eso sí, un Vidal en el instante final que falló la canasta de la prórroga quizás demasiado solo.
El Tau no superará este año el récord del Joventut de victorias consecutivas en la ACB. Estuvo a un peldaño de conseguirlo; hay que aplaudirle, entre otras cosas porque me parece justo que este tipo de récords lo ostenten instituciones nacidas por y para el basket. Es un equipo que, pese a lo de esta noche, es el máximo favorito a todo. Pero no es perfecto. Nadie lo es, y menos quien se enfrenta a la furia de los elementos y a un cojón silbante del tamaño de la Luna, que brilla sobre las cabezas de los caídos en las redes del amor con encrespados vellos haciendo sortijas de queratina, lanzando destellos purpúreos que matizan la luz que desprenden tus ojos de miel.
Eso sí, al Tau, atacar una zona, como que le convendría repasarlo. Y también, al Madrid, le exigiríamos que en vez de tener un escroto vacío, lo llenara de sustancias vivificantes, porque hay por ahí varios NAF que de producción espermática van más bien mancos.
Hoy, con todo, era San Valentín. De valiente, no de tunante.
Simpson_M
p.d. de Maragota: Rudy, muchísmas gracias por recordar a nuestro gran Fernando Martín en el concurso de mates de la NBA. Has demostrado ser excepcionalmente generoso poniéndote su camiseta en un momento tan importante para ti. Bravo, Rudy, bravo!.
