La Copa es justa con el Real Madrid. Hace ya muchísimos años que no gana el título, ni en fútbol ni en baloncesto. En fútbol quizás no haya sido magnánima, pero en baloncesto pienso que ha sido ecuánime.
Cuando el Madrid tuvo el mejor equipo, cuando alineó a Petrovic, Sabonis (al menos la primera vez), ganó. Cuando ha tenido un buen equipo, ha estado muy arriba; lo hizo el año de la explosión de Gasol, con Boza y en el primer año de Plaza. En todos los casos, le ganaron equipos si bien podrían no ser mejores, sí eran comparables, o más caros, o con menos problemas, o más felices.
Todos queríamos creer en una victoria en esta Copa, por complicada que pudiera parecer, habida cuenta del durísimo cuadro que debíamos afontar y de unas sensaciones ambivalentes, oscilantes. Malos partidos resueltos en remontadas heroicas, basadas en la actitud de resistencia de nuestros jugadores.
No ha sido así. Creo que, prescindiendo de forofismos, era esperable lo que ha sucedido, y es que la distancia en presupuesto y en calidad nominal de las dos plantillas en liza esta noche eran presagio de lo que finalmente ha ocurrido. El Madrid ha luchado, se puede decir que ha tenido mala suerte en momentos muy puntuales del juego, el rigor arbitral de la primera parte, el desastre anímico del triple a tabla de Basile, en fin, muchas cosas que, por separado, podrían no haber sido importantes si otras, más serias, no hubieran ocurrido al mismo tiempo.
El encuentro, si es que alguien no lo ha visto, ha sido un quiero y no puedo por parte del Madrid, sobre todo en la segunda parte. La actitud de los que han participado ha sido intachable, pero el Madrid se ha quedado muy corto cuando el ímpetu de Navarro y la fortaleza defensiva de Santiago han ido imponiéndose en la segunda parte.
El arranque fue desastroso, por cuanto lo que en el Madrid podía salir mal,salió mal. Massey tuvo un arranque nefasto, dejando que Ilyasova anotara siete puntos casi de inmediato. El caso es que, ya en ese primer cuarto, los baluartes del Madrid en el plano teórico funcionaban. Bullock ha jugado un partido precioso, hasta que ha acabado sepultado por las defensas agobiantes y casi exclusivas del último cuarto, y Felipe ha logrado entrar en números pese a la dureza del partido. Hervelle ha puesto lo que debía poner, ha metido un triple importante, como de costumbre, ha luchado... Mumbrú ha estado desafortunado, pero tampoco se puede considerar que haya sido un factor de nada negativo, por cuanto no ha jugado en la parte nuclear del encuentro.

Se podría decir que nos ha ganado un Barcelona solamente correcto, que ha engarzado a un Navarro maravilloso. Pero es que en esa corrección mutua, en ese estar en el ámbito de lo esperable de cada equipo, es donde el Madrid ha dejado claro que tiene problemas casi irresolubles en el actual contexto.
Si miramos la actuación del Barça, vemos que Barrett casi no ha jugado, Lakovic estaba lesionado y Trías no ha pisado la cancha. Ha usado 4 pívots, Santiago, Ilyasova, Fran y Andersen. De ellos, el último ha jugado francamente mal, Fran ha hecho lo que sabe, sin los alardes de otras tardes, Ilyasova ha estado bien, sin excesos, y sólo Santiago ha salido de la oscuridad relativa de su temporada para hacer justo por lo que le han pagado: fuerza interior, una presencia gruesa, talluda, intimidante e inteligente, que ha amargado muchas acciones ofensivas a nuestros pívots, a los que lograban superar la primera línea de presión, y al tiempo ha hecho sus números en ataque.
En la línea exterior, Barton ha jugado sólo discretamente, Sada ha peleado en defensa, al igual que Basile, aunque éste ha metido alguna canasta hiriente. Grimau ha salido y nos ha hecho la pupita que suele hacer siempre contra nosotros, pero no ha sido tan doloroso como otras veces. Para terminar, Navarro ha irrumpido en el partido en su parte final para destrozarnos, como muchos otros días.
El partido de Navarro ha sido excelso. Su robo en el contraataque que Llull yerra en la entrega a Bullock era el carpetazo al partido, como demostró el triple que anotó momentos después. Sin embargo, si lo pensamos con frialdad, Bullock, hasta ese momento, había hecho un partido casi intachable, estirando ese estado de forma sobrenatural en el que se encuentra. Y Felipe diríamos que había hecho su papel tan bien como Ilyasova. Puede que mejor, con más presencia en tareas oscuras. Luego, ¿hemos sido tan inferiores?. Mi visión es que lo hemos sido, sí, aunque para ello habría que pensar en cómo ha defendido el Barcelona y, sobre todo, cómo hemos tenido que defender nosotros.

El Madrid ha hecho una defensa muy agresiva. Con muchos riesgos. Al límite, una enorme movilidad, y tratando de denegar el tiro, siempre, tapar la penetración, siempre, etcétera. Ha sido tan, tan agresiva, que, en una paradoja cruel, Navarro ha tirado sus últimos tiros completamente solo. Los ha tirado solo porque el balón llegaba a Ilyasova, o a Fran, o a Basile, y nuestra defensa se estiraba, se abría, trataba de mitigar el peligro. En ese peligro estaba el partido. En que el Barça tiene peligro, y cualquiera de sus jugadores es un sinónimo de riesgo ofensivo.
Así, las ayudas, lo saltos ante las fintas, el miedo, al final, a que el triple te lo clave otro, son el sintoma ante un factor de la máxima importancia en el duelo táctico: el riesgo que tiene una plantilla de destrozarte.
Es en esa comparativa en la que se nos cae al suelo la supuesta igualdad del choque. Realmente, defender al Madrid es hasta sencillo. Sus jugadores de calidad, que los tiene, son pocos y generalmente acumulan muchos minutos. Si pensamos en que hemos estado en el partido durante casi 35 minutos, y repetimos mentalmente las canastas con las que lo hemos conseguido, nos daremos cuenta de que el Madrid ha luchado hoy agarrado a la genialidad de un puñadito de jugadores, absolutamente espléndidos, que han hecho milagro tras milagro durante buena parte del partido. Mi memoria ve a Bullock atravesando el espacio mínimo entre dos jugadores con un bote bajo para, en un salto con parada, meter una canasta desequilibrado. Ve tiros tras bote y paradas a un tiempo, triples desde ocho metros, un par de acciones de Raúl puramente malabares, ajenas a cualquier praxis lógica, plausible, del juego ofensivo. En suma, nosotros teníamos a dos tíos encima de cualquier jugador con balón, y cuando recibía Felipe, sabía que se exponía a ayudas instantáneas.
Sólo en el medio juego de la primera parte, y por medio de otro puñado de acciones geniales, Pepe Sánchez nos ha regalado hasta cuatro canastas for free, prolongando el aroma a medio tiempo mágico, pleno de jugadas de highlight que en su breve paso por la Copa ha regalado el Madrid.
La tragedia de este equipo no es ni siquiera la cortitud de su roster. Hoy han jugado por el Madrid los mismos hombres que por el Barça; sólo se han quedado inéditos Hamilton y Tomas (lo que en sí mismo es bastante incomprensible). Van den Spiegel ha hecho un partido decente, injustamente castigado con alguna falta que no hizo y varios fallos personales que si cometió en los tiros libres. No estuvo peor que Fran, no tanto peor. Luego, ¿qué ocurre?. Ocurre que el grueso del equipo es tremendamente romo. Por momentos, hasta desesperante. Hosley, por ejemplo, pierde, botándose en un pie, una de las jugadas esenciales en el despegue del Barcelona. Pepe digamos que ha cumplido de forma notable, en su estilo. Hoy hasta ha posteado... Massey ha culminado un racha deplorable con un encuentro para el olvido, devorado mentalmente y hostigado por su ego. Está tan muerto como pudiera estarlo en su día Lazaros, con la particularidad de que su juego es infinitamente más adaptable a esta plantilla.
Tomas no ha jugado; Mumbrú no es precisamente un peligro en la penetración, y su tiro en movimiento es bastante discreto. Carecemos de un 4 abierto que pueda generar inquietud en el tiro lejano, como hacen en el Barcelona Ersan o Andersen, incluso Fran.

Por último, el elemento final que describe nuestro descenso a los infiernos es el terrible, durísimo, fracaso de Llull esta noche. El Madrid había logrado, por medio de su ímpetu y fortuna, sobrevivir a al menos cinco partidos jugados de forma deplorable, pero que se saldaron con victorias.. Hoy no le ha salido nada, y su juego directo ha sido frenado con, diríamos, facilidad por el Barcelona. Esto nos hace insistir en dos detalles, uno particular y otro general: sin su tiro, mejorado a marchas forzadas, Llull no podrá ser más que un jugador interesante. Sin Llull y su raza, el panorama del Madrid en Euroliga y ACB sería tenebroso.
Plaza, en ésta una de sus quizás últimas reválidas, ha optado por acortar las rotaciones y señalar la inoperancia de un Massey impotente y frustrado y un Tomas ajeno al encuentro, con su chándal incólume. Habría quien pensara que ha hecho lo que creía que era importante para ganar. Seguramente, si Llull hubiera entrado en el partido y la doble amenaza mínima necesaria para que Bullock no tenga a dos o hasta tres jugadores pendientes de sus acciones se hubiera consumado, el Madrid habría tenido opciones, pues al final no ha estado tan lejos del Barcelona. Lo cierto es que, ahora, el principal problema con él no es otro que la inoperancia a la hora de obtener una productividad mínima de varios de sus jugadores.
El Madrid había hecho una apuesta clara por el músculo, antes que por la calidad, este año. Había reducido hasta el extremo los jugadores capaz de generar una canasta por sí mismos, pensando que sería desde el sudor, y la defensa, que lograría ganar los partidos. El Barcelona elegía a Andersen, Barton o Santiago, el Madrid a Hosley, Massey o Van den Spiegel.. El contraste es notorio, las características de unos y otros también.
Descontando el valor de Massey como defensor, cercano a la más burda de las patrañas, el caso es que tenemos lo que queríamos, o eso parece. El caso es que nos empeñamos en hacer más notorio el abismo entre los jugadores de calidad y los que carecen de ella. Tomas ni siquiera juega; ¿tendrá que ver con una pose acusatoria hacia los que han estado en el partido?. Con el plazo para fichar jugadores ACB cerrado, más bien se diría que Plaza apunta al mercado europeo, un mercado complicado y en un equipo cerrado sobre su desgracia.

Joan Laporta llegó al trono presidencial blaugrana haciendo uso de una expresión sin duda extravagante, pero, al tiempo, muy interesante. Dijo que el Barça debía iniciar con calidad y brillantez el ciclo de vida de la excelencia, un ciclo que tendría una realimentación positiva y haría crecer al club en la dirección correcta. A este ciclo lo denominó "circulo virtuoso". Es complicado no ver el ciclo en equipos como el Tau, cuyo partido acaba de terminar, venciendo (diríamos que "derribando") a un rival que lo ha hecho de maravilla, ha luchado hasta el último aliento, con acierto en muchas fases del partido, pero que ha palmado de prácticamente veinte puntos.
Si tienes una buena plantilla que se entrega al máximo, tienes una buena posición en la clasificación ACB, con lo que el primer cruce de la Copa lo juegas contra equipos inferiores y tienes que darlo todo en dos, en lugar de tres partidos, mejorando tus opciones de éxito. Si eres competitivo, es más fácil sacar un partido bueno, o sobrevivir en un partido malo. Si tienes grandes jugadores, tu nombre crece, y los grandes jugadores que están fuera de tu club desean llegar a él, hasta haciendo un esfuerzo. Si tu nombre aparece en la esfera internacional, los jóvenes que se inician en el balocesto verán en ti un estímulo para mejorar y llegar a la cumbre.
En suma, si tienes una plantilla con Andersen, Ilyasova, Navarro, Santiago, Lakovic, Fran, Basile o Barton podrás no ganar siempre, pero es muy probable que jamás te floten a un jugador cuando reciba un balón en ataque, de suerte que un compañero pleno de confianza, como esta noche Navarro, tire el triple decisivo completamente solo.
El Madrid ha perdido, pero... ¿era razonable pensar otra cosa?