La situación del Real Madrid es compleja. Tras el anticlímax de la Copa y la inesperada victoria en Tel Aviv, hoy nos han machacado en Bilbao, en un partido en el que el Bilbao ha jugado mucho mejor, ha tenido más suerte y ha hecho que jugadores mediocres parezcan grandes. Es inostenible una comparativa hombre a hombre entre los dos equipos; las críticas al entrenador del Bilbao no han cesado en todos estos años, pero eso da igual cuando quien hace la visita es un equipo con problemas, que no sabe a qué juega y qué futuro le espera.
En un ejemplo muy claro de lo que es el aluvión de desgracias que le sobrevienen al Madrid es la explosión de Markota en el último cuarto del partido. Cuando una zona frenó la desastrosa acumulación de rebotes ofensivos que arrebataba el Bilbao y le permitía seguir en el partido cuando los triples no entraban, su último interior apareció para encadenar dos triples, un 2+1, libres, canastas, revolucionando al pabellón y dejando a su equpo a diez puntos que a la postre an sido insalvables.
El Bilbao ha jugado muy bien. Ha peleado, ha tirado con muchísimo acierto y sobre todo ha reboteado durante todo el partido sobre la canasta del Madrid. Cuando la defensa se trató de centrar en los exteriores, en varias acciones sus pívots terminaron por tirar solos, y es que la defensa interior hoy ha sido, en una palabra, penosa.
La mala suerte ha hecho que Hervelle falle el mate en la acción final que podía haber apretado el marcador y hacer que los nervios afloraran a un club que no las tenía todas consigo. Lo siento por él, porque ha sido el jugador que se ha negado de forma más firme a irse del norte de España con una derrota ha sido él. Una oposición firme habría desarbolado al Bilbao, que ni siquiera con el público volcado y a diez puntos de distancia ha sido capaz de limitar el miedo que respiraban sus acciones espasmódicas, de una violencia que solo denotaba miedo. Sin pulsar esa tecla, la oportunidad de robar un encuentro en el que se ha sido inferior se ha esfumado.
La derrota en sí no es tan grave. Las opciones de ganar la ACB son remotas y estando a la espera de una decisión sobre el cierre de la Euroliga, a lo que aspira el equipo es a tener un cruce de cuartos favorable y, sobre todo, a evitar a equipos peligrosos. Lo que sucede es que el equipo está sumido en una depresión profunda, que no será superficial, no será evidente para quien recurra a las estadísticas, pero es francamente alarmante.
Tratemos de hacer un análisis de la situación. De la Copa, jugada con impotencia aunque, como tantas otras veces (no hoy), dejando la piel, el equipo ha salido con una notable polémica por el uso de las rotaciones por parte del entrenador, Joan Plaza, y con serias dudas sobre su capacidad para contener al vestuario. En la práctica, se ha cortado al único hombre que tuvo la mala suerte de señalarse con una acción supuestamente despreciativa hacia Plaza, Quinton Hosley, que tenía, accidentalmente (seguro que sí), un contrato hasta este verano.
En una entrevista, Antonio Martín dijo que el corte de Hosley estaba pactado con anterioridad a la Copa del Rey, lo que choca con que Quinton fuera más utilizado en ésta por Plaza que Massey, otro hombre que pinta como fuera del equipo de facto. No es creíble que las razones del corte de Hosley sean por bajo rendimiento si el entrenador recurría a él con insistencia en los partidos que amagaron con devolver la ilusión al equipo. Hosley, en sí mismo, era un jugador que se intuía apreciado por el grupo, divertido y aparentemente intachable en la cancha, luchador, esforzado y aparentemente silencioso ante la infamia de jugar minutos despreciativos o ser desplazado de su posición habitual en su anterior destino, la de ala-pívot. Con sus limitaciones, su pobrísimo tiro lejano, su dificultad en el bote, el hombre había cuajado buenos partidos y se nos antoja, sobre todo, una víctima propiciatoria y una forma de señalar a Plaza como incapaz de dominar al vestuario.
Todos habían visto el gesto del chicle. El hecho de que Antonio no afirmara en la radio que su corte obedecía a razones disciplinarias (espero que el tema lo sacara al menos el entrevistador, porque si no la impunidad de la acción manipuladora llegaría a lo obsceno) en último término no impide que el despido quede, a la vista de todos, como un gesto de apoyo a un Joan que sería incapaz de poner orden por sí mismo.
Esta cortina de humo esconde el enorme fracaso que la política de contrataciones de la directiva de la sección acumula en sus dos últimos años.. Se intuye una ruptura real en los criterios de los jugadores contratados por la directiva y los alineados por Plaza. El entrenador pareciera que, tras intentar acoplar a los jugadores a su forma de entender el juego, tratara, tras los diversos fracasos en la adaptación (Pelekanos, Lazaros, Hosley, Massey, Pepe) de corregir los fichajes apartando a jugadores de las rotaciones y entregándose, encerrándose podríamos decir, en lo que es además el núcleo duro del vestuario: Raúl, Felipe, Mumbrú y Hervelle, además de un Bullock al que su calidad lo hace absolutamente indispensable.
Por otro lado, el propio Plaza no ha conseguido dominar a la plantilla para que ésta acepte a algunos de los recién llegados (el caso más obvio es el de Lazaros), aunque muchos nos preguntamos hasta qué punto es ayudar al técnico fichar a un jugador que exige que el juego gire en torno a su persona, cuando tu hombre franquicia nacional ocupa la misma posiciión y se adapta mucho mejor al juego que propone el entrenador del equipo. Lazaros era una bomba de facto para el clima del vestuario y su jerarquía, y ha terminado como lo ha hecho.
Todo esto se termina concretando en un Plaza que parece desconectado o, más bien, ignorado por la directiva, utilizado al tiempo como parapeto de la misma (siendo estrictos, él es el único éxito indiscutible que puede atribuirse), incapaz de doblegar el cemento armado del núcleo hispano que rige el vestuario y despreciado muchas veces por sus jugadores, a los que trata desesperadamente de enfrentar a la realidad por medio de sus rotaciones excluyentes, que se nos antoja imposible que respondan a otro criterio que no sea el de denuncia pública o privada.
Hay que reconocer que la pretendida reestructuración del equipo que la directiva quiso acometer este verano (el famoso "músculo") ha sido un fracaso rotundo. Se ficharon dos jugadores que jugaban en la mejor posición del equipo, la de cuatro, con resultados conocidos. Massey no debió de llegar jamás una vez se supo de la renovación de Hervelle, lo que ha terminado por hundirlo y apartarlo de la participación en el juego ofensivo, en el que tendría alguna opción si fuera feliz y estuviera tranquilo (aparte de que su defensa sea muy mala). Hosley no era el sustituto más apropiado para Smith, y menos cuando el que llegaba para el puesto de "2" era Tomas, un hombre que en realidad se postula como suplente de Mumbrú (idealmente titular, pero eso no ocurrirá jamás mientras el español permanezca en el equipo).
Pepe era una buena idea, pero exigía de Llull que éste fuera algo más que un suplente terciario (cosa que ha conseguido en una racha de partidos, por la vía del arrebato). En la práctica, tras la explosión pre-Copa, y el enorme, tremendamente fuerte fracaso en la misma, el Llull de hoy es más cercano al jugador que se intuía el año pasado, un hombre con problemas de elección de la opción, un bote poco seguro para lo que se espera de un base de equipo grande y que no ha terminado de digerir todo lo que le ha ocurrido estos últimos dos meses.
El Llull precipitado de la segunda parte de hoy, que ha jugado de más, en una decisión incomprensible de Plaza (demasiadas, demasiadas veces van ya), incrementa con sus malas decisiones el punzante golpe que recibió tras la Copa.
El primer año de Maljkovic, en la Copa, Hervelle tuvo una actuación no ya mala, sino desesperante. Falló absolutamente todo; por momentos fue ridiculizado, como ocurrió en el partido contra Tau de semifinales, en el que fue humillado en varias acciones, entre ellas un tapón que aún recuerdo. El caso es que Hervelle terminó por rehacerse. Aquel Axel no era demasiado distinto de lo que es Llull ahora. Un muchacho joven, con un gran físico, y lagunas técnicas importantes, que poco a poco fue subsanando. Esperemos, por el bien del balear y del Madrid, que vea en la trayectoria del belga un reflejo y un estímulo, para -al menos- ser lo que es hoy Axel en el equipo.
El el bullicio de todo este ir y venir de rarezas, bizarradas y calamidades, nos llega Kennedy Winston, un intento más del dúo dinámico que rige la sección por parecer que se hace algo. Al tiempo, se corta a Hamilton y se añade al primer equipo a Mirotic. Demasiado tarde, diríamos.
Demasiado tarde porque nuestros dos queridos Captain Obvious han dado contramarcha en lo que todos veíamos como evidente: la necesidad de un pívot alto y defensivo, activo, que tuviera oficio y capacidad para hacer algo en ataque (Van den Spiegel, que no es sino una encarnación, y diríamos que mejorable, de una pieza imprescindible), y un hombre exterior con buen físico que fuera un 2 plausible, ya que Tomas, poco a poco queda claro, es un 3, un 3 que se mueve, pero que también postea y que si es marcado por un hombre no muy móvil puede hartarse de hacer penetraciones si se le hacen aclarados. Ese día nuestros amos de lo obvio parece que no hicieron el cursillo.
Winston será una aportación interesante. Hoy ya se le han visto maneras, una defensa activa y un potente salto, muy rápido de ejecución; un tiro poco estético pero que puede ser efectivo. En suma, un hombre necesario, pero necesario con un comunitario a ser posible, no con el extranjero que está consumiendo y que el año que viene se antoja plaza libre.
A mí toda esta situación me produce cansancio. El paso a cuartos se va a vender como un éxito rotundo, y desde luego que lo es, pero a mí no se me olvida que la racha de victorias ha venido por remontadas improbables, no por un buen juego de conjunto, sino por la acción intrépida de Llull y el magisterio de Bullock, cosas ambas que por lógica no se van a repetir mucho tiempo más (en un caso, por lo explosivo, en otro, por la edad, que no perdona). Winston sigue siendo un fichaje, como Van den Spiegel, que no mejora exponencialmente lo esperable de este equipo. Un equipo, por otra parte, en el que su entrenador nos parece que no es escuchado por arriba, y no es respetado por abajo. Que tiene la imperiosa necesidad de hacer las cosas de acuerdo a sus criterios, lo que es totalmente lógico, pero al que pensamos que la situación le está superando.
Esa superación nos cuesta victorias. Hoy, tal vez con Pepe se hubiera logrado pausar el partido en el momento en el que el Madrid se ponía a 1 punto del Bilbao, impidiendo que Llull y Mumbrú entraran en éxtasis, uno porque seguramente quiere volver a ser héroe, otro porque juega un partido de egos y piques que no es el real, el que vemos tú y yo. El día del Barcelona, Tomas habría servido para tratar de defender a Navarro, y habría amenazado desde fuera sin botarse el balón en el pie, cosa que sabemos que él puede hacer.
Cuartos de Euroliga contra el Tau serán ni más ni menos que un puñado más de partidos de desgaste para nuestros titulares, para el memorable Bullock, ya sí uno de los ¿tres? mejores americanos de nuestra historia, y si no mejores, sí más queridos; un viaje a ninguna parte. Luego, volveremos a la realidad, nos podrá tocar, si no el Bilbao, sí tal vez el Pamesa, o el DKV, en los cuartos de la ACB, con el primer partido en casa, y amenazaremos con moder el polvo porque, esto, señores, así no va a ninguna parte.
El año pasará, y seguiremos sin ver nada nuevo. El mismo equipo depauperado con los mismos tics y el mismo descontrol, las mismas decisiones transitorias y un hastío creciente. ¿Alguien duda que Hosley terminará por ser un jugador importante en Europa?... Yo no.
Simpson_M