
Todo hace indicar que el Real Madrid continuará con su actual configuración de plantilla lo que queda de temporada. Seguramente lo mejor no hubiese sido eso, o tal vez sí. Pensar en eso ahora supongo que da igual. Los jugadores pensarán eso mismo, al igual que el entrenador, o no; el caso es que el Madrid está vivo en dos competiciones, tercero en la ACB, un puesto que seguramente sea superior al que le correspondería por competitividad pura y dura, pero es el que es. Y en la Euroliga, el Madrid está en condiciones de optar a entrar en la Final Four, lugar esquivo para la suerte de este equipo, y que desde que Obradovic comandó al equipo sentado sobre los hombros de Zoran Savic y Joe Arlauckas no ha vuelto a pisar.
No podemos obviar la importancia simbólica que, para el Madrid, tendría jugar la F4 de nuevo. El caso es que, en las actuales circunstancias, la distancia que lo separa de ese remanso de paz es tan grande como la que hay de aquí a la Luna. Pero no es menos cierto que el hombre ha pisado su superficie, y su tarea fue más difícil que la del Madrid ahora.
¿Qué opciones tiene el Madrid?. Si juega como esta noche, más bien pocas. Es verdad que ha ganado al Alba de Berlín, y que éste equipo es más equipo de lo que pueda parecer su nombre carente de caché, pero no deja de ser un integrante de la clase media-baja de la competición europea, un equipo que precisamente este año está dando una buena cara respecto a lo que son sus expectativas.
El Alba es un equipo con un buen físico y carencia de centímetros, pero velocidad, agresividad en los exteriores y pívots funcionales, que no intimidan demasiado, no son muy técnicos, pero hacen correctamente su función de anotar canastas ya mascadas por el juego del conjunto.
Nos hace especial ilusión ver el buen tono de Sekulic en el equipo alemán. Fichado como suplente, ha jugado esta noche frente a su ex-equipo un partido mejor que cualquiera de los que jugó con él. Siempre ha sido un hombre correcto y activo, que excelía en su seguimiento de la jugada ofensiva y en los palmeos en el rebote ofensivo, y de ese modo ha anotado más de diez puntos, a los que hay que sumar los libres, en los que sigue siendo eficiente, y hoy, excepcionalmente, ha dejado muestra de una cierta calidad al convertir jugadas recibiendo el balón sin disponer de la ventaja: tiros a tabla, ganchos, cosas todas ellas que se le veían en el Madrid pero nunca explotó al nivel que lo ha hecho esta noche.


Sin duda habrá influido la motivación propia y la desmotivación ajena, ya que el Madrid ha aparecido desganado, como entregado a su (mala) suerte y a saber que el Barça no iba a fallar ante el irreconocible, finalmente difunto Maccabi, que rompe la singladura de éxitos que se comenzó cuando Jasikevicius arribó a Israel y se juntó con Sharp, Parker, Baston y Vujcic, marcando una época en el baloncesto moderno. Pero aún con esos matices, nos preguntamos por qué los jugadores que llegan al Madrid en esta última etapa se convierten en fracasados prematuros, aun partiendo de las mejores referencias. Intuimos por qué, lo hemos dicho más de una y de dos veces. Da igual: Sekulic, como antes Papadopoulos, o ahora Massey, el fugaz Hosley y el repescado Tomas, están irreconocibles para quien los haya visto en sus mejores noches.
El caso es que el Madrid va a llegar más o menos lejos en la medida en que sus deshauciados prematuros consigan funcionar. Se percibe una bajada de rendimiento notable en los dos últimos partidos de Felipe y Bullock. Felipe parece selectivamente desaparecido del campo, lo que según algunos rumores podría ser una última acción de entereza de Joan Plaza en su perdida lucha contra el vestuario. Lo desconocemos. El caso es que esta parquedad en sus minutos son una oportunidad que deberán aprovechar Massey y Tomas de manera imprescindible.
Son ya varios partidos los que le hemos visto a Winston y no encontramos la mejora respecto a Hosley. El hombre tiene un buen físico, un salto en parado excepcional y una respetable envergadura, es activo y móvil y parece capaz de botar deprisa, penetrar y tirar. Es realmente algo a medio camino entre un 2 y un 3, un 2 suplente posible, pero si no se suelta y logra aliviar realmente a Bullock en sus tareas no hay nada que hacer. Su fichaje será un fracaso estructural, por mucho que pueda suponer un alivio táctico, que tampoco, porque en este deporte no se admiten los cambios de jugadores al pasar de la defensa al ataque, y Kennedy no es lo que se dice un anotador al uso.
Volvemos, por lo tanto, a depositar la vista en Raúl, Mumbrú y Llull, que sabemos que tendrán minutos y acumularán lanzamientos. Raúl hoy ha ganado el partido, aunque en general no se peude decir ni mucho menos que haya dirigido al equipo bien. Antes al contrario, el Madrid ha sobrevivido durante casi 30 minutos de talento individual y acciones aisladas con algo de coherencia. Mumbrú ha jugado bien, ofreciendo lo que lo define como jugador de baloncesto y no como un energúmeno. Y Llull al menos ha vuelto a ser productivo. Es Vistalegre un reducto en el que empieza a ser reconocible su talento racial, pero se antoja el nivel de esta noche mucho más cercano a su calidad real en el momento presente. Tiempo tendrá para ser consistente fuera de casa y ante mejores equipos, que falta hará si queremos llegar a algo.

Al Madrid lo que le pasa es que no cree en sí mismo. No es un equipo sereno, y tiene que ser su público y el exceso el que le hace peligroso. Fuera de casa es hasta vulgar y se amedrenta con facilidad. No diré que tiene miedo antes que confusión e ira. El odio llamaba al reverso tenebroso, es cierto. El equipo se empequeñece tanto como puede crecerse en entornos propicios. La plantilla parece desaprovechada en su mayor parte, con déficits de calidad y competitividad puras, pero también descreída y sin ánimo.
Por eso detalles como el partido de hoy de Massey son absolutamente esperanzadores, lo mejor que una noche como ésta nos pueden dar. Si Massey tuviera un tiro consistente, simplemente como el de esta noche, su futuro en el baloncesto de élite sería viable. Ha anotado dos triples y dos lanzamientos de media distancia, a su modo, planos, poco bombeados y sin apenas suspensión: puntos, al fin y al cabo. Si consigue que el contrario tenga que estar encima suyo, su velocidad podría ser utilizada para desbordarlo, haciéndolo un jugador muy interesante en ataque. La edad permite mejorar el tiro. Tiene que hacerlo para su futuro.
Tomas, en cambio, tiene en la irregularidad su mayor característica. Es bueno, a veces nos parece muy bueno, pero no guarda con Vistalegre una relación amorosa. Su físico le permite proezas como el tapón en transición de esta noche, en el que ha recuperado a un jugador mucho más rápido y ágil casi tres metros de desventaja para imponer su envergadura y una fuerza magnífica en las piernas. Pero en ataque no la mete, no es el factor de equilibrio que exige el exterior del Madrid. Un hombre tan fuerte, móvil, de dos metros, buen salto, capacidad para el posteo y una gran penetración debería ser un fijo. Pero no lo es. Hay que recuperarle, en él está la clave de completar la mejora que al juego exterior le puede ofrecer Llull.
Habrá que hacer piña. El Madrid tiene que dejarse la piel para volver a la F4, que debería ser su hábitat natural por historia en bruto. Aunque no se pase de primera ronda. Es preciso que esos aires los volvamos a respirar. Muchos aficionados jóvenes no saben lo que es que el Madrid dispute un partido de ese cariz. En ello hay que poner todo el empeño.

Todo hace indicar que el Real Madrid continuará con su actual configuración de plantilla lo que queda de temporada. Seguramente lo mejor no hubiese sido eso, o tal vez sí. Pensar en eso ahora supongo que da igual. Los jugadores pensarán eso mismo, al igual que el entrenador, o no; el caso es que el Madrid está vivo en dos competiciones, tercero en la ACB, un puesto que seguramente sea superior al que le correspondería por competitividad pura y dura, pero es el que es. Y en la Euroliga, el Madrid está en condiciones de optar a entrar en la Final Four, lugar esquivo para la suerte de este equipo, y que desde que Obradovic comandó al equipo sentado sobre los hombros de Zoran Savic y Joe Arlauckas no ha vuelto a pisar.
No podemos obviar la importancia simbólica que, para el Madrid, tendría jugar la F4 de nuevo. El caso es que, en las actuales circunstancias, la distancia que lo separa de ese remanso de paz es tan grande como la que hay de aquí a la Luna. Pero no es menos cierto que el hombre ha pisado su superficie, y su tarea fue más difícil que la del Madrid ahora.
¿Qué opciones tiene el Madrid?. Si juega como esta noche, más bien pocas. Es verdad que ha ganado al Alba de Berlín, y que éste equipo es más equipo de lo que pueda parecer su nombre carente de caché, pero no deja de ser un integrante de la clase media-baja de la competición europea, un equipo que precisamente este año está dando una buena cara respecto a lo que son sus expectativas.
El Alba es un equipo con un buen físico y carencia de centímetros, pero velocidad, agresividad en los exteriores y pívots funcionales, que no intimidan demasiado, no son muy técnicos, pero hacen correctamente su función de anotar canastas ya mascadas por el juego del conjunto.
Nos hace especial ilusión ver el buen tono de Sekulic en el equipo alemán. Fichado como suplente, ha jugado esta noche frente a su ex-equipo un partido mejor que cualquiera de los que jugó con él. Siempre ha sido un hombre correcto y activo, que excelía en su seguimiento de la jugada ofensiva y en los palmeos en el rebote ofensivo, y de ese modo ha anotado más de diez puntos, a los que hay que sumar los libres, en los que sigue siendo eficiente, y hoy, excepcionalmente, ha dejado muestra de una cierta calidad al convertir jugadas recibiendo el balón sin disponer de la ventaja: tiros a tabla, ganchos, cosas todas ellas que se le veían en el Madrid pero nunca explotó al nivel que lo ha hecho esta noche.


Sin duda habrá influido la motivación propia y la desmotivación ajena, ya que el Madrid ha aparecido desganado, como entregado a su (mala) suerte y a saber que el Barça no iba a fallar ante el irreconocible, finalmente difunto Maccabi, que rompe la singladura de éxitos que se comenzó cuando Jasikevicius arribó a Israel y se juntó con Sharp, Parker, Baston y Vujcic, marcando una época en el baloncesto moderno. Pero aún con esos matices, nos preguntamos por qué los jugadores que llegan al Madrid en esta última etapa se convierten en fracasados prematuros, aun partiendo de las mejores referencias. Intuimos por qué, lo hemos dicho más de una y de dos veces. Da igual: Sekulic, como antes Papadopoulos, o ahora Massey, el fugaz Hosley y el repescado Tomas, están irreconocibles para quien los haya visto en sus mejores noches.
El caso es que el Madrid va a llegar más o menos lejos en la medida en que sus deshauciados prematuros consigan funcionar. Se percibe una bajada de rendimiento notable en los dos últimos partidos de Felipe y Bullock. Felipe parece selectivamente desaparecido del campo, lo que según algunos rumores podría ser una última acción de entereza de Joan Plaza en su perdida lucha contra el vestuario. Lo desconocemos. El caso es que esta parquedad en sus minutos son una oportunidad que deberán aprovechar Massey y Tomas de manera imprescindible.
Son ya varios partidos los que le hemos visto a Winston y no encontramos la mejora respecto a Hosley. El hombre tiene un buen físico, un salto en parado excepcional y una respetable envergadura, es activo y móvil y parece capaz de botar deprisa, penetrar y tirar. Es realmente algo a medio camino entre un 2 y un 3, un 2 suplente posible, pero si no se suelta y logra aliviar realmente a Bullock en sus tareas no hay nada que hacer. Su fichaje será un fracaso estructural, por mucho que pueda suponer un alivio táctico, que tampoco, porque en este deporte no se admiten los cambios de jugadores al pasar de la defensa al ataque, y Kennedy no es lo que se dice un anotador al uso.
Volvemos, por lo tanto, a depositar la vista en Raúl, Mumbrú y Llull, que sabemos que tendrán minutos y acumularán lanzamientos. Raúl hoy ha ganado el partido, aunque en general no se peude decir ni mucho menos que haya dirigido al equipo bien. Antes al contrario, el Madrid ha sobrevivido durante casi 30 minutos de talento individual y acciones aisladas con algo de coherencia. Mumbrú ha jugado bien, ofreciendo lo que lo define como jugador de baloncesto y no como un energúmeno. Y Llull al menos ha vuelto a ser productivo. Es Vistalegre un reducto en el que empieza a ser reconocible su talento racial, pero se antoja el nivel de esta noche mucho más cercano a su calidad real en el momento presente. Tiempo tendrá para ser consistente fuera de casa y ante mejores equipos, que falta hará si queremos llegar a algo.

Al Madrid lo que le pasa es que no cree en sí mismo. No es un equipo sereno, y tiene que ser su público y el exceso el que le hace peligroso. Fuera de casa es hasta vulgar y se amedrenta con facilidad. No diré que tiene miedo antes que confusión e ira. El odio llamaba al reverso tenebroso, es cierto. El equipo se empequeñece tanto como puede crecerse en entornos propicios. La plantilla parece desaprovechada en su mayor parte, con déficits de calidad y competitividad puras, pero también descreída y sin ánimo.
Por eso detalles como el partido de hoy de Massey son absolutamente esperanzadores, lo mejor que una noche como ésta nos pueden dar. Si Massey tuviera un tiro consistente, simplemente como el de esta noche, su futuro en el baloncesto de élite sería viable. Ha anotado dos triples y dos lanzamientos de media distancia, a su modo, planos, poco bombeados y sin apenas suspensión: puntos, al fin y al cabo. Si consigue que el contrario tenga que estar encima suyo, su velocidad podría ser utilizada para desbordarlo, haciéndolo un jugador muy interesante en ataque. La edad permite mejorar el tiro. Tiene que hacerlo para su futuro.
Tomas, en cambio, tiene en la irregularidad su mayor característica. Es bueno, a veces nos parece muy bueno, pero no guarda con Vistalegre una relación amorosa. Su físico le permite proezas como el tapón en transición de esta noche, en el que ha recuperado a un jugador mucho más rápido y ágil casi tres metros de desventaja para imponer su envergadura y una fuerza magnífica en las piernas. Pero en ataque no la mete, no es el factor de equilibrio que exige el exterior del Madrid. Un hombre tan fuerte, móvil, de dos metros, buen salto, capacidad para el posteo y una gran penetración debería ser un fijo. Pero no lo es. Hay que recuperarle, en él está la clave de completar la mejora que al juego exterior le puede ofrecer Llull.
Habrá que hacer piña. El Madrid tiene que dejarse la piel para volver a la F4, que debería ser su hábitat natural por historia en bruto. Aunque no se pase de primera ronda. Es preciso que esos aires los volvamos a respirar. Muchos aficionados jóvenes no saben lo que es que el Madrid dispute un partido de ese cariz. En ello hay que poner todo el empeño.

No va a ser Olympiakos un rival sencillo, pero si cabe nos deja un espacio para la duda. Ha ganado con solvencia a Tau, lo que es toda una referencia, pero al tiempo es un equipo nuevo, no hollado este año, atractivo para el espectador como rival histórico, y precisamente fue quien mordió el polvo el año de gloria en que Sabonis levantó la Copa de Europa única de nuestra edad moderna.
El Pireo será un hervidero de sangre, pero Massey conoce la pista, el Madrid también (con un recuerdo infausto, pues allí enterramos hace un año la opción de solucionar lo que no logramos resolver contra el Maccabi), y fuimos capaces de ganarles el año pasado un partido. Aceptamos que este Olympiakos es más equipo, un candidato claro a la F4 o incluso a la victoria final, pero si queremos hacer historia, hay que hacerla. Y la oportunidad es mañana.
Si el Madrid logra salir de la depresión que hace que todos festejemos con una sonrisa una victoria contra un contrario depauperado y con una raquítica hoja de servicios en el último segundo y con un exiliado metiendo más de veinte puntos sólo reciclando basura, existirá alguna opción, siquiera mínima, para la esperanza. Como dijo alguien, el partido empieza con cero a cero, y no termina hasta que no pasan cuarenta minutos.
En una secuencia para el recuerdo, en la película Hossiers el entrenador del equipo inexperto pedía a uno de sus pupilos que midiera la altura a la que estaba la canasta en la que iban a jugar frente a 20.000 personas por vez primera, y quién sabe si única, en sus vidas. Efectivamente, era la misma que las de su gimnasio rural. El Pireo esconde aros a 3,05 metros de altura, líneas de tres a 6,25 metros de distancia de la proyección del centro de ese aro sobre el suelo, y en su parquet habrá dos equipos con cinco jugadores luchando entre sí.
Lo absolutamente desesperanzador es que en Grecia, en este preciso instante, no haya alguien escribiendo en un blog y tratando de encontrar energías, transmitirlas a sus aficionados y asegurarles que ganar al Madrid, en su cancha, es posible. El Madrid, definitivamente, es un outsider.
Al menos, que no sea un perdedor prematuro. En lo que queda, unidad. Y procuremos que el rojo no se nos atragante como el martes se le atragantó al hermano rico. Cualquier cosa, menos la humillación.
Somos el Real Madrid, y eso es lo único que podrá equilibrar tantas y tantas decisiones fallidas, balbuceos e infortunios en la institución. Que el espíritu rellene los huecos en nuestras filas. Aunque nos quieran hacer creer lo contrario, Europa va a disfrutar un playoff histórico, entre dos grandes, y nosotros podremos formar parte del escenario. Suerte, valor, y al griego.
Simpson_M