Ha estado muy cerca. Lo hemos rozado... lo hemos tenido entre los dedos, hemos sentido en las yemas su tacto, su impresión. El balón de la victoria ha estado de nuestro lado una, dos, tres y hasta cuatro veces. Cuatro ataques decisivos, cuatro ataques que suponían llenarnos de esperanza, de ilusión, de volver a ser alguien. Alguien que no somos y que, qué triste, tal vez no merezcamos ser si no fuera porque aún seguimos estando arriba en esas estadísticas que se llenan de legañas y recuerdos, las de títulos ganados hace no ya lustros, ni décadas, sino cuartos de siglo.
El Real Madrid ha tenido hoy durante muchos minutos un tono competitivo. Lo ha tenido ante un Olympiacos que, de la misma forma que no jugó un partido redondo en el primer encuentro, pero sí dejó muestra de lo que podía ser su mejor cara, esta noche ha jugado un partido simplemente correcto, sin estridencias, con otros protagonistas (Printezis superlativo en lo triste, en lo subterráneo y farragoso; Greer absolutamente fundamental en el ataque contra la zona, y los árbitros, que de forma magistral, casi inapreciable, han dejado hacer en los últimos ataques del Madrid, sin que de todos modos su actuación haya sido definitiva) diferentes a los del Martes.
En eso al Olympiacos se le ve la grandeza de la plantilla, su longitud. Puede tener protagonistas distintos y seguir siendo efectivo. Su partido durante los dos primeros cuartos fue dubitativo. Printezis se convirtió en una especie de recordatorio insistente, machacón, de la penosa inoperancia de Massey en defensa. Este hombre ha llegado a meterlas casi sin querer, lanzando mandarinas a tabla que entraban por el espíritu de El Pireo, o algo así. Pero, a diferencia de entonces, Felipe, aunque con algún fallo de más, estaba otra vez en el partido, en su mejor versión. En ella, su superioridad sobre Vujcic en ataque era evidente, siempre que conseguía ganar algo de espacio, claro está. Su primera parte fue sensacional, anotando con soltura, bajo el aro, reboteando y continuando, exhibiendo otra vez la buena mano que ha revalorizado su cotización como jugador en Europa. Él y Raúl, y Bullock, tirando más de oficio que de claridad en sus acciones, empujaban al Madrid en una lucha sorda que nos sabía a gloria tras el vendaval de 30 puntos del primer cuarto de la otra noche.

Sin embargo, la segunda unidad, ésa que sostuvo al equipo blanco en el primer partido, en éste se ha quedado en amago. No es fácil de entender. Por una parte, la "segunda unidad" no es quinteto titular por algo. Pero en este Madrid, que lo mismo puede darle minutos a Pepe como regalárselos a Van den Spiegel o, eso sí, negarselos siempre a Tomas, nunca sabes qué va a ocurrir. Van den Spiegel ha jugado poco porque Felipe estaba jugando sensacionalmente, OK; pero Winston, que había jugado su mejor partido de blanco la noche anterior, y que había tenido el valor de jugarse un 1 contra 1 en la cara de Vujcic anotando de media distancia, ha desaparecido de la cancha quizás demasiado pronto.
En partidos de estas características muchas veces te tienes que guiar por sensaciones. Las sensaciones decían que Olympiacos hoy podría perder y que el Madrid iba a tener su oportunidad. Creo que no estaba desencaminado cuando pensaba que el equipo griego no era tan implacable como nos podía haber hecho pensar su victoria contra un TAU confundido por vez primera en todo el año, y que no era casual su mal rendimiento durante buena parte de la temporada. Es un equipo que funciona por su acumulación de detalles, porque meter en un mismo equipo a jugadores como Theo, Nikola, Greer o Vassilopoulos, por el modo en que son buenos baloncestistas, es siempre una baza para el éxito. Aunque no juegues bien, aunque pierdas en algunos emparejamientos individuales; sus chispazos te darán una opción.
En el Madrid ocurre al revés. "Lo normal" es que jueguen bien... los mismos de hace tres años. Más bien diría que "lo normal" es que "jueguen" los de hace tres años, léase: Raúl (se puede entender, no lo ha hecho mal), Bullock (es imprescindible, y hoy ha vuelto a demostrarlo), Felipe (sustancial), Hervelle (necesario, fiable, valiente) y... sí, Mumbrú. Mumbrú ha empezado el partido hoy muy descentrado, sin acierto, pero lo que fue una lectura acertada del encuentro por Plaza el otro día, manteniendo lo que funcionaba y, sobre todo, encontrando una alternativa al irregular encuentro de Felipe (pese a los números), la oportunidad a los sustitutos no ha tenido continuidad.

Creo que soy capaz de encontrar una sistemática en las rotaciones de Plaza. No siempre se cumple. Está claro que hay gente en la que confía y en la que no. En los que no confía, si hay una oportunidad, es una oportunidad y no más; Tomas no ha empezado bien, es obvio, pero cuando ha logrado anotar una canasta en un palmeo ha desaparecido para no volver más. Kennedy no ha jugado los minutos nucleares del encuentro. Hoy en su ventana no logró maximizar el rendimiento, y por eso no se alteró el orden establecido (pre-establecido, diríamos). El contexto de Plaza se limita al partido en curso. Si el anterior encuentro ha dejado sensaciones, esas sensaciones no tienen un valor per se. Cada día hay que empezar de cero, y así entiendo que, para muchos, puede ser muy difícil. Sobre todo, para los que no están entre los elegidos.
El momento cumbre de los errores de Plaza han llegado en la explosión coincidente con la técnica. La técnica (que las cámaras no han dejado claro si ha sido de Hervelle o de Plaza) reúne todos los elementos para el desastre. En primer lugar, surge de una jugada en la que la falta de Axel era posible, pero lo mismo podía haberse no pitado; el Madrid estaba en un buen momento, y servía para abortar la remontada (luego el daño fue sólo de dos puntos, quedandonos a 8, pero en ese momento no se sabía); Hervelle fue muy expresivo al reclamarla... El problema es que, cuando ocurre al lado del banquillo y el entrenador irrumpe entre el árbitro y el jugador haciendo aspavientos, el tic que hace que el colegiado junte las manos y pite una técnica es mucho más fácil que surja. El histrionismo debería estar lejos de las prácticas admitidas en una situación de máxima tensión como ésa; no lo estuvo.
Sin embargo, también hay que reconocerle que la jugada de la zona le ha salido bien. El Madrid inició el tercer cuarto en una cuesta abajo lenta, pero segura. Llull no ha sido, en toda la eliminatoria, el revulsivo demoledor de otros partidos. Ha jugado con dignidad, con todo, pero sin transcendencia, destacando principalmente un triple solitario, casi triste, que permitió al Madrid soportar el buen momento de los griegos en el arranque de la segunda parte.

Parecía que la cosa iba a terminar en una derrota clara, pero la reticencia a correr del Olympiacos, su remiso uso del triple y la más que evidente falta de cuajo que tiene el equipo griego fue perfecta invitación a la persistencia de la zona. Ahí ha estado Plaza en su mejor versión, porque ha sabido leer que más que una gran ejecución, lo importante era jugar la baza psicológica que esconde toda defensa zonal. Con unos mínimos ajustes en los cortes que hacían los griegos por el centro y, sobre todo, retando a que tirasen los postes que se abrían para el lanzamiento, el Olympiacos se iba desinflando, perdiendo balones y fallando tiros que, en varios casos, permitían al Madrid contraatacar.
En esa fase del partido la vieja guardia blanca ha asumido todo el protagonismo. Y hay que decir que su comportamiento ha sido bueno. Con matices. Bullock, durante algunos instantes, ha estado sensacional. Ha sacado dos triples sobrenaturales, de los que a fuerza de verle meterlos nos van a hacer creer que es hasta fácil. Pero su filigrana sobrenatural ha terminado por volverse en su contra, y ha sido por dos motivos: saberse el único con garantías de resolver el partido, estirar un tiro de más su momento (ese triple final saliendo de la parte baja de la zona, con el defensor encima, a la media vuelta, debía de haber esperado unos segundos más y haber tenido más equilibrio), y jugar fuera de casa.
Bullock, en los finales, es un hombre al que con balón es muy difícil pararle sin hacer falta. Más bien, es muy difícil pararle sin contacto; porque que se pite falta o no es muy variable. Si juega de local, pitarán casi siempre; si juega de visitante, no pitarán casi nunca, y menos en una cancha como la griega. Por eso las tres últimas jugadas que mueren en sus manos, esa acción en la que se encierra en la línea de fondo, ese toque que evitó la canasta en penetración, o la falta a Raúl -más clara, pero igualmente en el limbo de la Paz y la Amistad- no han de ser tenidas en cuenta como un crimen, sino como un mal esperable, un factor del juego.

El Madrid ha tirado, consecutivamente, cuatro ataques cuando estaba a -1 y con bola, a -3 y con bola, a -5 y con bola. El Olympiacos ha perdonado dos tiros libres que han dado una chance más. En suma, han jugado un partido absolutamente ganable, con Vujcic discreto, Childress fantasmal (dos minutos ha tenido de actividad defensiva y se ha notado clarísimamente... no sé en qué pensaba Raúl cuando se pasó el balón por detrás de la espalda y se llevó un tapón colosal), Vassilopoulos castigado muchos minutos por las faltas y Bouroussis simplemente correcto. Halperin desastroso, Pargo desaparecido... Hemos perdido una oportunidad de dar vida a la eliminatoria.
Salimos de Atenas con una sensación muy amarga. Como casi siempre este año, es imposible ser categórico en la crítica. Se puede ser corrosivo, pero sigue habiendo argumentos para la defensa. El caso es que el Madrid demasiadas veces da el pego, aunque sea para no ir a ningún sitio. Siendo más pragmáticos, lo que me queda es que un equipo más equilibrado, con unos roles más definidos o con un Felipe entero en el primer partido habría podido mojar en Grecia. En ese sentido, el análisis es devastador, porque hemos perdido dos muy buenas oportunidades de sacar algo positivo ante un rival que está en plena reconstrucción, a unas alturas de la temporada en las que reconstruírse es casi imposible. Lo que pasa es que tiene la plantilla que a nosotros nos falta, y así parece hasta que hemos hecho una proeza, teniendo opciones hasta el último minuto y medio en un partido decisivo.
Sin embargo, como digo, el cuartel que hay que dar por estar aún el balón en juego y quedar, como mínimo, otros cuarenta minutos que jugar, nos permiten enfocar la situación desde la óptica positiva: en Madrid puede que a Bullock le piten a favor los contactos del final, en los 80 minutos jugados hasta ahora todos, incluso Pepe, menos Tomas (por supuesto) han tenido su momento, el Olympiacos no es superior a TAU ni por asomo y se les ve cortos, con varios jugadores que (supuestamente) podrían bajar su rendimiento fuera de casa, leáse el racial Printezis o el valiente Vassilopoulos. Mejor no pensar en que Childress no ha hecho ni una puñetera acción de mérito en ataque, que Halperin ha jugado deleznablemente hoy o que Pargo está aún por manifestarse. Que en el fondo son Papaloukas y Vujcic los que han jugado hoy muy por debajo de su rendimiento teórico como superclases europeos, por mucho que sumen ya entre los dos casi setenta años..

El principal problema es que el Madrid ha jugado muy bien para lo que nos podíamos esperar, y el Olympiacos bastante mal. Y en este intercambio de impresiones, o nos salen dos partidos perfectos (en los que jueguen 12.000 contra cinco, además, cosa que no pongo en duda) o no volveremos a Grecia.
Por todo ello, el Martes nos veremos otra vez. En esta ocasión cara a cara. Yo estaré allí y seré uno de los doce mil. Sólo queda pedir que el esfuerzo de miles no lo dilapiden doce. No lo harán, estoy seguro. Nos queda aún un buen combate.
Y luego ya veremos. Como bien nos recuerda un anuncio de un vehículo tristemente inferior que el poema que utiliza para exhibirse, si vamos a emprender el viaje hacia Ítaca, pidamos que el camino sea largo, rico en experiencias y en conocimientos. No temamos ni al airado Poseidón, ni a los cíclopes o a los lestrigones, porque alto es nuestro pensamiento y limpia la emoción.
Aunque tengamos a Joan, Alberto y Martín, pidamos que el camino sea largo, que sean numerosas las mañanas de verano en las que arribemos a bahías nunca vistas, con placer, felizmente. Tengamos siempre a la Copa de Europa en la memoria. Llegar allí es nuestra meta. No apresuremos el viaje, que -efectivamente- dura ya varios años. Sólo un poco más. Si llegamos tras cinco jornadas, habremos gozado de baloncesto más que en tres. Y si no llegamos, al menos volvamos ricos en saber y en vida.
Porque entonces, habremos comprendido. Y el juicio será terrible y, efectivamente, ni Poseidón, ni Zeus, ni Ares, ni el mismísimo Olimpo levantado en armas podrá contener nuestra furia.
Simpson_M
| Olympiacos 79 (18+20+21+20): Halperin (-), Pargo (-), Childress (2), Printezis (18), Vujcic (14) -cinco inicial-, Papaloukas (12), Greer (21), Vasilopoulos (3), Bourousis (9) y Erceg (-). |
| Real Madrid 73 (15+21+13+24): López (4), Bullock (22), Winston (2), Massey (4), Reyes (23) -cinco inicial-, Van den Spiegel (1), Mumbrú (4), Hervelle (6), Llull (5) y Tomas (2). |