Hace no muchos años, Estudiantes llegó a marcar un récord de presencias consecutivas a las semifinales de la ACB. Aquel equipo, que se había gestado echando raíces ya en los años de Pinone, Orenga, Winslow, Herreros, Azofra, Antúnez y Aísa, había crecido incorporando a hombres como Jiménez, Pablo y Gonzalo Martínez, Vandiver, Cvjeticanin; incluso el recientemente fallecido Mike Schlegel (a quien le deseamos lo mejor allá arriba; descansa en paz) tuvo una breve aparición en aquel equipo bullicioso, que tenía una imagen siempre reconocible, americanos característicos, espíritu alegre y una afición animosa.
Justo en el momento cumbre de su trayectoria, con la aparición de Carlos Suárez y los años de plenitud de Pancho Jasen, el Estudiantes terminó por consumirse. Agotado, indeciso entre el camino tradicional de club modesto y basado en la cantera y los números y los nombres de equipos con presupuesto mucho más sostenible, ha llegado a estar a un par de partidos del descenso en dos años consecutivos.
Éste, en concreto, con varios fichajes prometedores pero, a la postre, poco productivos, ha conseguido sostenerse con cierta mano en el movimiento del banco. Popovic, una factoría de carne de escasa calidad pero con un indudable oficio y un enorme corazón, les ha permitido tener una presencia interior durante el año que Wideman, extrañamente empobrecido tras grandes tardes en Fuenlabrada, no ha sabido aportar. Brewer ha sido decisivo para ofrecer consistencia defensiva y agresividad en el ataque al equipo estudiantil, en un revival afortunado de una de las claves de aquel equipo que dejó al Tau más recordado (el del último "Chapu") sin final y a Bodiroga, Pesic, Fucka, Navarro y Saras empapados de sudor hasta el último partido de una ACB que todos guardamos con cariño en la memoria.
De todas formas, el Estudiantes ha sobrevivido a este año -en el que, ganando el partido de hoy contra el Madrid, se ha garantizado la permanencia para el próximo- gracias a constantes estables en su historia. Durante el arranque de campeonato, una buena etapa, vivió pegado a la irrupción exitosa de Granger, un improbable paragüayo con sangre negra que, casi inédito en la ACB, se revelaba como un base físico, agresivo y con recursos ofensivos. Luego, su año no ha sido tan espectacular como se previó a comienzos de temporada, pero no quita que haya ayudado a su equipo dando un buen relevo al comienzo de la carrera.

El que lo ha tomado ha sido Carlos Suárez, quien increíblemente aún no tiene 23 años y parece que ha estado siempre en la familia. Y es que ya asomaba cuando Boza ganó su ACB con el Madrid, haciéndonos 8 puntos en apenas cinco ataques en aquella lejana eliminatoria en que Jay Larrañaga metió tres triples seguidos, uno de once metros, preámbulo del minuto más absurdo de la historia del Tau Vitoria. Ese año, "Chimpa" -como se le llama en su casa- tenía diecisiete, y parecía tener diez más.
Suárez representa, mejor que nadie, las dudas de su club. Llegó cuando el equipo aún estaba arriba; vivió como canterano los instantes de fama y gloria del Estudiantes y, cuando le tocó dar un paso al frente, se hablaba de su internacionalidad, de que sería el sustituto perfecto para Jiménez en la selección cuando éste decidiera retirarse (antes, mucho antes de que Mumbrú volviera a ser, de la mano de Aíto, algo parecido a un jugador de baloncesto y se colara oblicuamente en las convocatorias de España), desapareció.
Se alababa su estatura, su envergadura, su enorme capacidad reboteadora, su juego al poste, su movilidad y sólo se echaba en falta un mejor lanzamiento de perímetro y algo más de manejo, lanzamiento -por otro parte- que efectúa con una mecánica y soltura superior a la de su ancestro en esa fuente mágica de exteriores que es Estudiantes para el baloncesto patrio, también Carlos, Jiménez.
Pero, como decimos, algo -una mezcla entre lesiones, un equipo deprimido, un estilo ambigüo, una edad difícil- hizo que desapareciera del panorama, no pudiendo unirse a la fiesta incompleta de Sergio Rodríguez en el preludio del drama que iba a vivir su equipo estos dos últimos años. Volveremos a Suárez luego.

Pues bien, este Estudiantes depauperado, con un Udrih que en los dos partidos más importantes del año ha fallado no menos de doce triples para anotar dos, con Iturbe cada día más limitado y Junyent casi haciendo bulto por fichas castellanoparlantes, nos ha infringido lo que yo calificaría de muy duro correctivo en un encuentro que el Madrid, gran parte del Madrid, no quería jugar.
No es difícil detectar cuando un equipo está triste y/o desmotivado. Hoy, el Estudiantes era un equipo ultramotivado. El Madrid, era un equipo completamente hastiado. Uno se jugaba evitar el descenso, y otro optar a una tercera plaza que -suponemos- se veía inaccesible, pues dependía de la abulia de un depredador como es el Unicaja de Aíto que, con sus más y sus menos, huele a escollo sangriento en el Play-Off por la ACB.
Por supuesto que hay matices. Felipe, que reaparecía, estaba no ya motivado, sino motivadísimo. Quiero decir algo sobre él: este Felipe, no otro, éste, el jugador que supera los quince rebotes por simple cuestión de orgullo y ganas, es un jugador capital. El jugador que anota más de veinte puntos y carraspea al árbitro en cada pausa no es un jugador capital. Será un jugador vistoso, publicitable, mediático, sonoro, pero no es un jugador que te acerque a la victoria como lo hace el otro Felipe, el luchador, el emprendedor, el entregado al sudor y a la garra.
Desgraciadamente, el Madrid es un equipo complicado. Está siempre a la luz pública; podrá ser injusto, habida cuenta de su constantes bajonazos y su ineficacia probada en las más altas cimas europeas en los últimos casi veinte años, pero la cámara lo ama y siempre encuentra un hueco en prensa, aficionados, radio y televisión. Tiene, por lo tanto, mucho en su entorno de merodeo y exceso. Si algo lo hace bien, se cacarea hasta el pasmo; si ocurre a la inversa, se carece de misericordia en el análisis. Es alto o bajo, jamás olvido.

A Felipe ese entorno, palabra no por usada menos precisa, creo que le ha hecho perder parte de su serenidad. Él es un jugador excepcional, y lo es no ya por lo que añade a su juego, sino por lo que constituye su hecho diferencial. Lo que él aporta es algo que constituye la esencia del baloncesto. No es extraño que el Estudiantes de hace seis años fuera finalista de la ACB. No lo es porque ese Estudiantes tenía en sus filas a él, a Jiménez, a Jasen, al mejor Iturbe, a un base defensivo y otro estilista (también a un improbable o, mejor, imposible Loncar, pero eso es otra historia). Tenía defensa, garra, fuerza, rebote, anticipación y energía. El tiro de cuatro metros está bien, pero no lo está tanto si se pierde lo otro. Felipe, el camino es el de hoy, porque a lo de hoy no te gana nadie..
Sin embargo, el resto del equipo ha sido un solar arrasado. Tomas... Ay, Marko Tomas. Es increíble ver cómo el proceso de "Stojización" de Marko se ha completado. Tomas es, como lo fue en su día su compatriota Mario, absolutamente incapaz de hacer una canasta. Boza tuvo que cortar a Stojic porque su mente era un solar, un solar que en otros equipos se ha demostrado que fue transitorio... pero qué pena da ver a Marko, al que conocemos buen jugador, aplastado por las circunstancias.
Van den Spiegel hoy ha desaparecido. ¿Las razones?. Es imposible explicarlas. Este equipo es tan ininteligible que buscar sensatez en él conduce a la locura propia. Raúl parece física y mentalmente fuera de combate, pero en él hay una cosa, que es la casi perpetua batalla que parece librar contra sí mismo para demostrarse que sigue existiendo en él el proyecto de mejor base de España de sus tiempos en el Joventut, que hace que persevere. Sin fortuna, pero se ve que lo intenta.
Winston, desconocemos si afectado por la gripe porcina, ha permanecido aislado en el banco. Mumbrú está lesionado... Llull ha hecho un partido razonable (meritorio, si pensamos dónde estaba en agosto de 2008) y Hervelle, que lleva un año en franca regresión -las cosas hay que decirlas como son- tampoco ha sido factor de nada. De nada bueno, claro.

Es como si el Madrid de Plaza se hubiera terminado por consumir hasta el punto de ser incapaz de superar el reto que le ha ofrecido un equipo con problemas de mentalidad bastante evidentes, por muchos arrestos que le echen al juego, como es el Estudiantes. Un Estu al que el Granada le comió la tostada por ser más duro mentalmente en el largo plazo, y por tener un buen partido de Hunter y Aguilar -ojo con el muchacho- que llevarse a la boca. Aquí no ha sido así: una defensa muy activa, que denegaba las penetraciones y el juego rápido que tanto alivia al Madrid en su anotación, así como las jugadas interiores, ahondando en lo que va a ser una constante en lo que queda hasta el final de año, el gravísimo problema del tiro exterior blanco, nos ha dejado tiritando.
El Madrid, si no consigue correr (y hoy ha reboteado bien, lo que lo tendría que haber habilitado para ello) tiene un grandísimo problema en el ataque estático. Bullock, que se ha chupado los primeros 13 minutos del partido sin descanso, es el principio y el fin de demasiados ataques. Massey, el último del que quedaba por hablar hoy, casi se recibe con alegría al haberse anticipado en ánimos y ganas a Hervelle, que parece estar rumiando si no debería de haber renovado al lado de Plaza y debería de haber probado éxito al otro lado del charco, lo que se nos antoja una aventura imposible con sus lagunas técnicas y su magro tiro.
Massey, al menos, parece querer. Sus defectos queman como el sol del trópico, pero en una tarde como ésta, en que el contraste de sudor de los dos equipos, de fe y de convicción, se miden por quintales, se nos hace hasta agradable.
En suma, lo de hoy no es sino un episodio más del desastroso curso del año presente. Un año con un entrenador acabado desde casi antes de empezar el segundo trimestre, y una directiva empeñada en reincidir en el error en los fichajes. El equipo habría que describirlo como caótico, menguante, asfixiado, agobiado, confuso, nervioso, querellante, dividido, asqueado. Con buenos jugadores fuera de control y jugadores mediocres mal aprovechados. Incluso el ánimo de algunos no consigue dar forma a lo que es un año que está más que claro -o al menos así lo veo yo- que estaba acabado casi desde Navidad.

Así, se nos hace imposible no desear que el sufrimiento dure lo menos posible, y se transforme en esperanza. Una esperanza que tendrá que acrecentar un proyecto serio, duradero y meditado, que trabaje con alternativas a los fichajes, en el que la idea del equipo se consensúe entre entrenador y directiva, y se fiche según características, desde el conocimiento exhaustivo e "inteligente" del jugador. No queremos a jugadores con aspecto de treses pero juego de ala-pívots, como Hosley, ni bases desmotivados y de ritmo lento en equipos que basan su juego en la velocidad, como ha sido Pepe Sánchez.
En ese proyecto de futuro se nos hace muy difícil no mirar a jugadores como Carlos Suárez. Joven, de la ciudad, con características difíciles de hallar en un hombre de su estatura y posición, con trayecto por recorrer pero, a la vez, muchos kilómetros y piedras en las zapatillas, a algunos nos parece una respuesta obvia a la pregunta de "¿pero qué alero fichar?". Siendo Mumbrú un jugador que, si no es controlado de forma férrea, pierde el oremus con enorme facilidad, la explicitud del ánimo de Carlos nos seduce. Un jugador que, efectivamente, hemos visto naufragar ya una vez, sumergirse en las dudas de la oscuridad pero que, al tiempo, es -en plenitud- una fuente inagotable de energía, de vitalidad, de ganas de ganar y capacidad para hacerlo.
La gran duda ahora no es qué puesto tendrá el Madrid antes del Play-Off.. Es, más bien, si estará en la Euroliga el año que viene (lo que a mí al menos, salvo acuerdos extradeportivos, se me hace difícil de asegurar) y la gran incógnita del proyecto por venir. Plaza está "muerto" (la gestualidad, la falta de autoridad, concreción, CREDIBILIDAD que transmite es descorazonadora), pero los dos de arriba son meros espectros, y los -cada vez menos- de abajo son un muestrario de problemáticas diversas. Querer y no poder, buscar y no encontrar, dudar hasta desaparecer, silenciarse hasta olvidar, luchar sin conocer, reir hasta llorar.
Simpson_M
MMT ESTUDIANTES 71: Udrih (7); Granger (3); Jasen (15); Suárez (12); Popovic (10); Rancik (2); Junyent (2); Brewer (8); Iturbe (8); Wideman (4).
REAL MADRID 63: Winston (0); Reyes (15); Van den Spiegel (0); Hervelle (6); Massey (9); Bullock (15); Llull (8); Raül López (10) y Tomas (0).