
La tarde de hoy era importante por varios motivos. Por una parte, suponía la vuelta a sus orígenes de varios de los jugadores de nuestro equipo. Un choque siempre complicado, por mucho tiempo que haya transcurrido desde el abandono del club matriz. De otro lado, permitía verificar si el amago de recuperación que se vio en Madrid el pasado sábado tenía un reflejo fiel en la competición que al Madrid más hostil le ha resultado, la que lo lleva fuera de su estadio. Además, contra el Joventut, un equipo que -aunque fuera por simple estadística- llevaba demasiados días sin ganarle un partido al Madrid en su casa.
Esa racha se ha roto. Por una parte, en su reencuentro, varios de los que debían comparecer lo han hecho con vigor. Por su lado, Sonseca, tremendamente importante en el aspecto defensivo y reboteador, y eficiente en los balones de que ha dispuesto en ataque. Moiso, que se puede decir que ya es más badalonés que madrileño, ha jugado uno de sus mejores partidos esta temporada, intimidando y devolviendo lo que parecía improbable, la jugada que le hizo aparecer a Massey la última jornada en los resúmenes televisivos: tapón mas culminación en la jugada siguiente en el otro aro. Sin embargo, quizás oscurecidos por la falta de minutos, otros han intervenido con bastante poco éxito. Mumbrú, que cada vez se asoma menos por la pista, seguramente por causa de su lesión, lo poco que ha comparecido no ha tenido una actuación brillante. Raúl López, por último, nos ha dejado un gran partido, un partido de alguien que juega al límite de sus posibilidades físicas, precisamente hoy, contra un rival que le ha presionado con todo.
La respuesta de Raúl ha sido satisfactoria, pero no deja de ser peligroso confiar toda la dirección de juego a un jugador que no pasa un solo partido competido sin recluirse en la banda, estirar, sentir cómo le duelen cada uno de los músculos de sus piernas, el abductor, los gemelos, el tríceps femoral.
Un hombre cogido con alfileres que, sin embargo, ha jugado como muy pocos pueden hacer. Es su sino: una clase inmensa en un cuerpo destrozado, apurado y que huele a decadencia prematura. Raúl tiene apenas 29 años, conserva, con cuentagotas, su velocidad y tiene una clase innata. A cambio, sufre en defensa sin remisión. Hoy, el ataque de Ricky Rubio, la antítesis física de nuestro jugador, lo ha destrozado casi cada vez que el verdinegro intentaba penetrar. Las ventajas que generaba eran casi constantes. No se puede decir que sea un problema de dejadez; es, más bien, el resultado de la incapacidad de estar a la altura, de recular en defensa y desplazarse lateralmente con la agilidad de un físico nuevo.

Sin embargo, el placer que produce ver a Raúl superar una presión, generar un lanzamiento con un quiebro de cintura y sacar el tiro justo en el espacio vacío que dejan entre sí tres jugadores, es enorme. La pena de esta noche es que su suplencia, un asunto delicado durante todo el año, no ha estado a la altura.
Llull no tiene más remedio que jugar los minutos de base suplente que Raúl deja en su obligado descanso (un descanso que casi tiene más que ver con la necesidad de que no se lesione que de que recupere el aliento). Es la situación a la que nos ha conducido que Pepe Sánchez haya sido uno de los fiascos de la temporada, inadaptado él e incomprendido. No se ha querido fichar a ningún otro jugador -lo que parece hasta tristemente lógico, habida cuenta de que el Madrid lleva deshaciéndose desde hace varios meses- y el resultado es que todo lo que el Madrid pueda alcanzar, ante un rival que ofrezca resistencia, pasa por su participación.
Hoy ha participado, y bastante, pero difícilmente podría haberlo hecho con un saldo más negativo. Ha perdido balones, ha dudado en las circulaciones y ha decidido ir a por el aro sin garantías, perdiendo el balón las más de las veces. No deja de ser irritante ver cómo, ante una gran defensa -es así- el Madrid ahogaba ataque tras ataque por la incapacidad de Llull de dirigir al equipo con mínima coherencia. Incluso sin llegar a la zona de ataque, encallado en medio campo. Un naufragio en toda regla.
No es el primero. Ya en la Copa tuvo otra actuación similar, muy desafortunada, que nos fuerza a poner en cuarentena cualquier intento de hinchar su currículum prematuramente. Está claro que el jugador tiene la fuerza que este club demanda, pero la fuerza no sólo existe en el desempeño y en las ganas. Ése es el mínimo, un mínimo que él -a diferencia de otros, es verdad- cumple. Pero hace falta más. Hace falta calidad para realizar el derroche cuando es productivo, y ahorrarlo cuando no se precisa; pausa en las elecciones, clarividencia en la elección de los momentos, acierto y reserva a partes iguales. Hay que ser fuerte e inteligente. Ambas.
No es el único que parece sumido en la esterilidad del esfuerzo privado de acierto. Hervelle, otro hombre con conducta intachable cada vez es más intrascendente. Su sudor, que hace que intervenga siempre, ahora no produce resultados. Es difícil hablar en términos que no sean de halago de un jugador como él, que durante muchos partidos de máxima tensión ha sido uno de los elementos más fiables del equipo, pero este año no termina de funcionar.

A esta esterilidad hay que unir la imprevista de Felipe Reyes, hoy totalmete borrado por sus pares. Es muy curioso el desarrollo del partido, y es que el Joventut ha jugado uno de sus encuentros más completos, con una defensa magnífica en los cuartos centrales del encuentro y un equilibrio mucho mayor del que podía suponérsele. Con todo, muchas, muchas de sus canastas han llegado por la vía rápida, la electricidad que define el juego de aluvión del DKV desde hace ya algunos años.
Ataques casi inconclusos, con una constante generación de ventajas por parte de Rubio, fundamentalmente, que en esta ocasión terminaban tanto con tiros exteriores como con continuaciones letales de sus pívots. Jagla, olvidado, y Norel, innecesario, han dejado sitio a Sonseca y Moiso que han jugado con fuerza, expeditivamente en las dos canastas. Eduardo, al que tanto se le había criticado en Madrid su blandura, ahora parece otro jugador: va al aro con todo y maximiza el valor de su tiro, que ya no usa como en Gran Canaria de forma casi exclusiva, combinando sus acciones con algún movimiento al poste en el que usa su gran cuerpo.
A esto hay que sumar la mala suerte de varias acciones, de las que aparentemente son producto del azar, pero que esconden buenas defensas o un intento desesperado por dificultar la acción del atacante. Nos parecerá suerte que Karl anote desde medio campo, pero no es casual que el tiro lo haya permitido una gran defensa a media cancha. Es azaroso un balón que llega rebotado a Sonseca para un lanzamiento, pero no lo es el par de dedos que mantuvieron vivo el balón en el rebote. Así, con mucho corazón, el DKV ha tenido un juego colectivo sobresaliente, en el que los secundarios han suplido con energía y el acierto mínimo la falta de calidad.
El Madrid, con todo, sigue sin disponer de una segunda unidad fiable. La aparición de Van den Spiegel ha sido decepcionante, aunque su facultad para aparecer en la estadística es innegable. Ha tenido, de todas formas, pocos minutos en una segunda parte en la que Felipe estaba fuera de juego. Massey, colosal cuando puede ser el centro de atención en varias jugadas consecutivas, no ha tenido esa pequeña racha que lo haga entrar en el partido durante el segundo tiempo, y así ha desaparecido finalmente de escena. Tomas y Winston, por mucho que en detalles aislados demuestren calidad, son inconexos; no terminan de cuajar un partido completo.

Esto puede excusarse en que su papel en el equipo es de soporte de las estrellas, pero en partidos como el de hoy, cuando más ha apretado el DKV ha hecho falta un jugador, distinto a Bullock o Raúl, que acompase acierto, calidad y carácter, echándose el partido a las espaldas.
Porque, no nos engañemos, ha sido Bullock el que ha tomado la dirección de las operaciones en el segundo tiempo, ante la absoluta ausencia de relevos, que se ha hecho si cabe más evidente en el último cuarto, cuando anotaba los diez primeros puntos de su equipo.
Hay más aspectos para el desagrado. Uno de ellos es el pobre inicio en los tiros libres, fallando 5 de los 10 primeros, permitiendo una diferencia que a la postre ha sido la que ha decidido el partido. Otro es el efecto de la zona sobre los ataques del Madrid, una zona por otra parte muy oportuna, ya que ha evitado acumular faltas en un periodo en el que el Madrid podía haber recurrido a los contactos para sumar puntos. Ante la excesiva acumulación de faltas y la intensa actividad en el tercer cuarto, que ha llevado a Karl o Moiso a cometer varias personales, la zona suponía una variación en el ritmo, que a Llull -a todos, en general, excepto a Bullock, Raúl y puede que Mumbrú- ha pillado a contrapié, y permitía arruinar ataques sin recurrir a las faltas.
Si a esto sumamos el hasta grosero dominio del rebote defensivo del DKV, tenemos que el Madrid ha logrado llegar al final del partido contra corriente, lo que hace pensar que con sólo un poco en una sola de las facetas deficitarias (dirección de juego, rebote ofensivo, acierto en el libre) podría haber ganado el partido.
Plaza, otras veces histérico, ha estado contenido. Creo que ha dirigido con corrección. Es una pena que a Plaza, primero, no le hayan hecho el caso que quizás habría merecido todo el tiempo y, segundo, que él mismo se haya desquiciado en los peores momentos. El Plaza centrado ha demostrado no ser peor que la media de entrenadores de la ACB y, puntualmente, ser mejor en algunos aspectos. Su forma de jugar ha tenido interrupciones, pero ha sido tal el aparente descontrol de la sección y la falta de diálogo entre los dirigentes y el entrenador que su principal culpa quizás haya sido perder la serenidad.
Al Madrid le espera un partido el sábado complicado. No parece que si el DKV logra entrar pronto en el partido y tener acierto exterior vaya a relajarse en su presión a la dirección blanca, y Llull no creemos que esté en las mejores condiciones anímicas para afrontar un partido a cara de perro y contra un rival que lo ha retratado hoy cruelísimamente (incluida su defensa). Es absolutamente crucial que Felipe y Hervelle vuelvan a la cancha centrados y que tanto Tomas como Winston aporten minutos de calidad y de decisión (sobre todo de decisión y acierto) en los instantes en que Bullock no aparezca.
Massey deberá seguir siendo un aporte de energía puntual que pueda propiciar una racha de mérito, y Van den Spiegel tendría que aportar más defensa y una mayor atención a las penetraciones del hombre con balón, habida cuenta de la incapacidad de nuestros bases de imponerse en el uno contra uno defensivo. Ya que los pick&roll van a ser constantes, tendrá que maximizar su capacidad para recuperar el espacio si ataca el aro su hombre.
En suma, la prueba de carácter que el Madrid debía superar hoy no la ha pasado. Tampoco hay que engañarse: los dos equipos han tenido un desempeño bastante similar durante el año, y el DKV llegaba al Play-Off en un buen momento.
Al final, los problemas estructurales de todo el año han vuelto a lastrar nuestras opciones, unidos a la falta de liderazgo que hay en este equipo detrás de Bullock, Raúl -como puede- y los peligrosos, por lo incierto de aportación, Hervelle y Mumbrú. Felipe, el otro bastión en el que el Madrid se ha apoyado esta temporada, se ha tomado el día de asueto y no hemos sido capaces de superarlo.
Simpson_M
p.d. de Maragota: lamentable, nuevamente, el trato de TVE al baloncesto cuando nos ha "colado" el sorteo de la Bonoloto a tres minutos del final del partido. Han reducido la pantalla del basket a un cuadro de mínimas dimensiones, y sin voz, en una de las esquinas de la pantalla mientras las bolas del sorteo cáian lentamente... era casi imposible seguir el partido... y, oh sorpresa, el sorteo era en diferido!!!... LA-MEN-TA-BLE, BO-CHOR-NO-SO!