
En los aciagos momentos que ha pasado el Real Madrid desde otoño, la única noticia positiva ha sido el buen papel que su sección de baloncesto está protagonizando en los Play-Off. El hablar de "buen papel" cuando se acumulan tantas victorias como derrotas no parece de recibo, si pensamos en lo que el Real Madrid ha sido tradicionalmente, pero en nuestras actuales circunstancias, en las que el equipo es, como mucho, un outsider sin posibilidades, tenemos que felicitarnos.
El partido de hoy ha sido un buen encuentro de Play-Off. Más o menos competido, serio y con un buen tono general. Cierta brillantez en las jugadas y sin la presencia de elementos exógenos que generasen distorsión. Se ha iniciado con un Tau ultramotivado, al que el Madrid -a diferencia de otras veces- ha logrado responder con una reacción notable, para luego perder energía en el fin del primer cuarto.
Para poder analizar esta serie es mejor resumir los hechos probados por la evidencia del año que nos sirvan de referencia. En primer lugar, el Tau ha sido, durante seis meses, una apisonadora. Esto es una evidencia. El cambio de técnico ha conseguido que los vitorianos se transformen, como suele conseguir con sus plantillas en Vitoria Dusko Ivanovic, en un grupo con máxima agresividad y en el que cualquier relajación es terriblemente castigada.

Ese Tau parecía ungido para ser algo parecido al Barça de fútbol. Yo así lo pensé por momentos. La razón de que creyera eso es que el aspecto mental, tradicional talón de Aquiles del Tau, esa flaqueza de piernas que transformaba obras de arte esculpidas en mármol en mantequilla al sol, parecía haber desaparecido con la consecución del título en el año 2008. El Tau había sido un equipo que podía ser impresionante pero que, al tiempo, dejaba la sensación de que se podía desmoronar más por cuestiones de ánimo que técnicas, tácticas o físicas. A esto contribuía la criticada capacidad de Dusko para entrar en estado de shock, destrozado por su propia exigencia; pero que llegara un técnico como Spahija, más permisivo (demasiado, según parece que creyeron en Vitoria) tuvo el doble efecto de aliviar la tenaza de hierro que probablemente agobiaba la mente de los jugadores y aplicar un estilo de juego compatible con las características de la plantilla.
Tuvo, además, la virtud de facilitar la integración de un grupo de jugadores que, como mínimo, generaban dudas sobre su posible rendimiento. Rakocevic ha tenido que arrastrar siempre una condición de irregular y problemático que no fue hasta el año pasado que se desvaneció, no por completo, pero sí deshecha por el mayor peso de su aportación ofensiva, por momentos incontenible. Mickeal pasó de ser un anotador de equipo pequeño o liga menor a un hombre con un hambre inmensa, un enorme coraje y la facultad de aportar en todas las facetas del juego. Teletovic, que amagaba con dar, terminó por ser un referente por la simple fuerza del desequilibrio que suponen sus triples indefendibles, cuyo resultado sólo depende de su puntería, y su agresividad general en el juego. McDonald, quizás el ejemplo más claro, era un candidato obvio a NAF (pocas veces el "Sheriff" Comas fue más preclaro), y ha terminado por ser un jugador útil.

Sin embargo, el hecho es que el Tau se ha desinflado en la parte central del año. En realidad, todo fue cuestión de una derrota: la del segundo partido de Play-Off contra el Barcelona en Euroliga. El primer encuentro lo ganó Tau con una solvencia casi insultante. El segundo generó una ruptura, que únicamente puede situarse en el plano mental, que los ha destrozado y los ha devuelto al terreno de lo humano, de lo material. Siguen siendo impresionantes, pero ahora respiran oxígeno y necesitan comer para subsistir. Durante muchos días del año, no lo pareció.
Por eso, la lucha contra Tau, complicada siempre, parece, a priori, depender de dos factores: que sea el mejor Madrid del año el que aparezca en la serie y que la mente le juegue a Tau una mala pasada. Para que eso suceda, y más en una serie tan breve, tiene que haber un hecho puntual que cambie las inercias. Ese cambio tiene que ser una derrota de Tau.
En Vitoria poco se ha podido hacer más de lo que se ha hecho, siendo realistas. Felipe podría haber jugado en la primera parte como lo ha hecho en los últimos minutos, en los que se ha impuesto a Splitter en ataque y ha demostrado lo que puede hacer si está bien, cosa que ahora no está. De modo que su rendimiento global se puede considerar como esperable, según antecedentes. A cambio, Mumbrú ha jugado un grandísimo partido, como suena, justo aportando lo que sabe y puede. Llull ha hecho un encuentro en la línea de lo que es justo exigírsele a un jugador del Madrid nacional que no sea una estrella (¿debemos exigirle a la entidad que españoles no estrellas se conviertan en una rareza en la plantilla?. Seamos realistas), Tomas no ha jugado mal, mostrando al menos decisión en ataque -no siempre ocurre- y por último Massey, poco a poco, parece encajar en el esquema general de las cosas.

Massey es nuestro McDonald; no hay otro modo mejor de verlo. Es un hombre físicamente fuerte, dotado para la anotación, enérgico y estimulante, pero al tiempo incompleto, irregular. El caso es que, con el debido contexto, McDonald ha logrado ser una contribución importante a su equipo. Sin ir más lejos, podemos afirmar hoy que los rebotes ofensivos y el acierto puntual de McDonald han ayudado, de forma importante, al Tau esta tarde.
El gran problema es que el Tau es un equipo sin fisuras. O al menos, las que tiene son menos graves que las nuestras. Tiene un primer base absolutamente fiable y sin problemas físicos, siendo encima de un gran movilizador de los ataques un muy buen defensor, pleno de carácter. Su escolta titular es un prodigio anotador. Es tan sumamente bueno que sólo su poca consistencia evita que se vaya cada noche a los treinta puntos. Pero da igual: dos rachas aisladas suponen aportar 15, y eso en un partido así es mucho, muchísimo. Teletovic y Mickeal no han estado muy brillantes, pero su amenaza es real y constante, no como la que podemos ofrecer nosotros con Hervelle o Tomas, que rara vez superarán los doce puntos.

El Madrid que ha plantado cara en la segunda parte ha vuelto a ser el Madrid más añejo, el quinteto del doblete. El gran partido de Mumbrú en parte ha enjugado el mal rendimiento de Raúl y la cada vez mayor incapacidad de Hervelle para ser importante en ataque. Es, de todos nuestros problemas -incluyendo el mal momento de Felipe, dentro de la alharaca de los grandes números de la regular- el más serio. Hervelle juega muchos minutos. Es inevitable: es una presencia anímica constante y pelea cada acción. No creo que haya jugador que haya salido más veces en fotos de otros que Hervelle: cada vez que alguien machaca el aro del Madrid, él está debajo. Esto tiene dos lecturas: una, que siempre, siempre, intenta plantar cara. Otra, que cada vez menos veces tiene éxito al hacerlo. Lo cual deja a un jugador valiente y productivo a la altura de un jugador valiente y desafortunado.
Pero su afán de pelea sigue estando ahí. El gran problema es que los intentos, con Maljkovic y el primer Plaza casi fructíferos, de convertir a Hervelle en un buen triplista han dejado de tener vigencia. A ello habrá llevado más de una noche aciaga con varios fallos en el lanzamiento, pero también un progresivo reduccionismo del belga, cada vez más tímido.
Así, con Felipe castigado por las faltas, Hervelle sudando pero sin producir, Van den Spiegel afanoso pero claramente secundario y Massey inconexo, la figura de Splitter lo ha llenado todo hasta tumbarnos.
El resto de Tau ha mostrado una buena salud. El dúo español vigorizante ha cumplido su función. La afición ha cumplido su papel espoleante. Splitter ha dominado el rebote y McDonald ha hostigado con sus apariciones esporádicas. Teletovic y Mickeal han aparecido breve pero aficazmente. Ivanovic no ha perdido la cabeza cuando el Madrid insistió en la zona, en parte porque la línea de fondo era un solar perfecto para ocupar los espacios por los pívots inteligentes y porque tiene a jugadores capaces de anotar tiros sin selección.

A cambio, el Madrid ha jugado un muy buen encuentro de conjunto. Los nervios y los excesos, demasiado repletos de ínfulas, de otras visitas al País Vasco, se han olvidado. El equipo se ha limitado a pelear y luchar, aceptando con deportividad la derrota, lo que es inexcusable. Máximo esfuerzo, máxima garra, sin perder la cabeza, sin sobreexitaciones que rompen la concentración y la productividad. Ha tratado de plantear alternativas, ha respondido al arreón fenomenal de Tau en cada inicio de partido. Ha perdido porque objetivamente es inferior a su rival, no tanto en número de jugadores de auténtico nivel, pero sí en coherencia como equipo. El Tau es un equipo absolutamente reconocible, el Madrid no. Sigue en estado de construcción, por más que este Play-Off esté dejando un buen sabor de boca para los que pensamos que algo parecido a lo que estamos viendo es el mínimo exigible a nuestra plantilla. Que juega, en la práctica, con un único americano, y sólo ahora ha visto funcionar -y en un rol complementario- a su comunitario estrella.
El próximo partido debe afrontarse con una doble esperanza: de una parte, hay que ganar, por simple cuestión de supervivencia pero, al tiempo, el peso de esa victoria podría ser mayor que el numérico. Tau sabemos que ha sufrido cuando alguien le ha plantado cara. El hipotético regreso al Buesa Arena debería ser una invitación a la reflexión de los baskonistas, reflexión incómoda y hasta malsana, se entiende. El Madrid está jugando al límite de sus posibilidades, frente al que (por momentos) ha sido el mejor equipo de la competición, el más volcánico.
¿Qué podemos exigir?. Creo que una derrota en Vistalegre no es imposible. De hecho, es hasta probable, si tenemos en cuenta el rendimiento pasado de los dos encuentros. ¿Sería una catástrofe?... No, pero sí un grave desencanto. Hemos aceptado un Madrid con objetivos de mínimos, una semifinal ACB, como el cénit de nuestro rendimiento anual. Pero es muy diferente caer con escarnio a hacerlo con dignidad. Es ahora lo que está en juego: sin descartar la hipotética victoria (una campanada en toda regla), pero sobre todo tratando de anticipar, si no el juego y la calidad, la dignidad y la lucha que esperamos que sea una de las marcas de identidad del Madrid futuro.
Simpson_M
TAU Cerámica 91: (26+18+23+14): Raül López (3), Bullock (15), Winston (2), Massey (11) y Felipe Reyes (11) -quinteto inicial- Tomas (0), Mumbrú (15), Hervelle (7), Llull (13), Van den Spiegel (3), Mirotic (-) y Santana (-).
Real Madrid 80: (19+20+17+16): Prigioni (7), Rakocevic (23), Mickeal (7), McDonald (17) y Splitter (22) -quinteto inicial- Ilievski (-), Vidal (0), Teletovic (8), Lucas (2), San Emeterio (5) y Baldo (-).