
PIN…UNA DE CAL…
¿Quién no tiene opinión acerca de Björk?
Y es que el particular estilo musical que ha conseguido desarrollar a lo largo de su fértil y ejemplar carrera provoca, en cuanto a gustos personales, reacciones totalmente opuestas. A pesar de ello, tanto la genialidad como la creatividad desbordante de esta pequeña islandesa con rasgos esquimales, no admiten debate alguno. Experimentando básicamente dentro del género electrónico, su aportación a la historia de la música contemporánea, con discos tan diversos como ‘Debut’ (One Little Indian, 93), ‘Post’ (One Little Indian, 95), ‘Homogenic’ (One Little Indian, 97) o ‘Vespertine’ (One Little Indian, 01), sin olvidarse de sus comienzos cuando aún lideraba el grupo Sugarcubes, la señalan como una de las artistas más peculiares e importantes de nuestros tiempos. Por otra parte, su perfecta simbiosis con directores tan prestigiosos como Michel Gondry o Michael Cunningham, consiguió dar vida a memorables video clips destacando principalmente ‘Jóga’, ‘Bachelorette’, ‘Unravel’ y por encima de todos, el inolvidable ‘All Is Full Of Love’ defensor del amor más allá de los seres biológicos.
El carisma gracias al que logró, logra y seguirá logrando seducir a un heterogéneo público atrapándoles en sus sensuales redes, se debe principalmente a una voz capacitada en transmitir lo intransmisible. Tan libre y tan natural como los paisajes del territorio en el que creció y en el que se inspira, Björk combina susurros, gritos y dulces entonaciones, encarnando así un auténtico canto de sirenas.
Su genialidad traspasa las fronteras del terreno musical demostrando, gracias a la aplaudida ‘Bailando En La Oscuridad’ de Lars Von Trier, sus cualidades interpretativas. Su espléndida actuación, que conmovió tanto a críticos como espectadores, le permitió cosechar premios tan importantes como mejor actriz en Cannes y en los European Film Awards. En definitiva, ya sea a través de melodías o de la gran pantalla, Björk emociona, apasiona y en ocasiones, enamora peligrosamente como demostró la presencia de aquel paquete bomba que le intentó enviar un desconsolado admirador.
¿Quién pondrá ahora en duda la polivalencia y las posibilidades de esta extraordinaria estrella?

PON…Y OTRA DE ARENA
Vaya por delante que casi los que se consideran fanáticos de la cantante islandesa mantienen con ella una relación de amor-odio. No puede ser de otra manera. Pasar la noche al raso con el fin de hacerse con una entrada a un precio desorbitado para después asistir a un show decepcionante (como ocurrió hace años en Barcelona) es algo que hace hervir la sangre a cualquiera. Incluso de sus más acérrimos fans, por mucho que a lo largo de dicho concierto estos dieran muestras de todo lo contrario.
Pero así es ella: una tipa con la capacidad para sacar de quicio incluso a aquellos que disfrutan con sus gorgoritos (ni en mis peores pesadillas he oído una voz como esa) y sus pajas mentales a nivel sonoro. Esas que llevamos aguantando ya durante demasiado tiempo. En parte gracias a una excesiva atención mediática (la niña ha caído en gracia y a nosotros nos toca aguantar a una crítica a la que se le cae la baba con cada nuevo lanzamiento suyo: ¿qué hubiera sido de Björk sin ella?); pero también gracias a su mucho morro. O, dicho de otra manera, a lo bien aprendidas que tiene las lecciones de Madonna: cuando no sepas cómo hacerlo, llama a quien sí sepa. Tu cartera (o la de tu sello) hará el resto.
Poniendo en duda su cacareado talento, Björk siempre se ha arrimado al sol que más calienta. Se llame este Goldie o Mark Bell, Rahzel o Timbaland, 808 State o Mike Patton. Por no hablar de Lars Von Trier, el director que le dio la oportunidad de debutar en la gran pantalla con un papel hecho a medida pero que, en el intento, acabó harto de las salidas de tono de la diva. Porque esa es otra: su carácter es capaz de sacar de sus casillas al más pintado.
Queda comentar su música. Pero esta habla por si misma: si con ‘Medúlla’ (Elektra, 04) desbordó el vaso de nuestra paciencia, el paso atrás que supone ‘Volta’ (Atlantic, 07) –más de lo mismo con distintos ropajes- no hace sino confirmar el declive artístico de la islandesa. ¿Será por eso qué sólo se recuerdan sus discos más antiguos?
