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Artículos - junio 2007

# jueves, 28 de junio de 2007 9:10

THE SMASHING PUMPKINS

PIN...UNA DE CAL...

¿Quién te gusta más; tu padre o tu madre? Esa pregunta tan absurda tiene el mismo sentido que el de tener que debatir acerca de las cualidades de una formación histórica como The Smashing Pumpkins. ¿Cómo atreverse a dudar de unos músicos capaces de esculpir himnos tan brillantes como `1979, Zero o ‘Tonight Tonight’ directamente sacados de álbumes que quedarán colgados para siempre en las paredes de la historia?

A ciencia cierta, aparecerán individuos que intentarán excusarse dignamente a través de frases hechas como ``Para gustos, los colores’’. Pero esa ficticia escapatoria, como decía el fotógrafo Man Ray, simboliza la salida de socorro para toda mente conformista y asustada frente a lo desconocido. Al igual que con ciertos productos alimenticios de calidad, las sensibilidades evolucionan y deben, sin la menor duda, recibir una educación estética para fugarse de esa peligrosa ignorancia. Por ello, guste o no, The Smashing Pumpkins entran dentro de la restringida zona de indiscutibles genios, compartiendo así mesa con artistas intocables tales como David Bowie o Ian Curtis entre otros.

Precisamente, solo un milagro o la divina inspiración de un mago podrían provocar la consecución de un trabajo como el doble disco 'Mellon Collie And The Infinite Sadness'. Pero, contrariamente a lo que cantaba Joe Ramon y como lo demostró su posterior fallecimiento, I don’t believe in miracles! En consecuencia, todos los halagos se posan en el seno de la formación originaria de Chicago y, particularmente, sobre la brillante calva de su vocalista Billy Corgan, principal culpable de los extraordinarios resultados cosechados.

Finalmente, opinar libremente forma parte de la democracia, pero implantar un precio a las palabras permitiría reforzar una coherencia un tanto asfixiada por ciertas aleatorias opiniones.

PON…Y OTRA DE ARENA…

Endiosar y convertir en intocables a The Smashing Pumpkins es caer en el astuto juego de su sempiterno líder, Billy Corgan. Con una imborrable cara de bebé rollizo, el de Illinois siempre ha gustado de mirarlo todo desde lo alto de su metro noventa de concentrado ego. El problema, señores, es que Corgan es humano, con todo lo dañino y pernicioso que eso implica.

Desde que surgieran Smashing Pumpkins, allá por 1988, el artista no ha dejado de vociferar su liderazgo. ``Mi banda, mis canciones y mis sueños´´, así define Corgan a las``calabazas aplastantes´´, obviando por completo a sus compañeros, probablemente alentado por la seguridad que da ser más chulo con un ocho. Semejante individualismo explicaría la deserción de la bajista D´Arcy Wretzky, poco después de publicarse `Machina / The Machines of God´, en 1999. James Iha, cansado también de aguantar desplantes, haría lo propio unos meses más tarde, dando pie a la disolución del grupo en diciembre de 2000.

Muchos y patéticos han sido los arranques egocéntricos del endiosado Corgan, como por ejemplo cuando prefiriera grabar él mismo todos los instrumentos (a excepción de la batería) en `Gish´, debut discográfico de los Smashing, para así ``asegurar el sonido del disco´´. Y no hablemos ya de su sobrada muestra de paternalismo punitivo, al hacer público el despido de Jimmy Chamberlin (batería) a través de Internet, tras ser arrestado por posesión de drogas en 1996…y digo que quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

A estas alturas, os habréis enterado ya de la sonada reunión de Smashing Pumpkins, que publicarán nuevo disco –titulado `Zeitgeist´- el próximo 10 de julio. Llamadme mal pensada, pero parece más justo hablar de estrategia marketiniana destinada a relanzar la carrera de Corgan, a decir de los proyectos frustrados (como fundar el grupo Zwan o lanzarse en solitario con `The Future Embrace´) que el pelado ha ido encadenando. Ya es hora de que Billy se baje del altar construido entorno a temas como `Tonight, tonight´, `Disarm´ o `1979´: su momento de gloria pasó, a juzgar por la apática acogida que está recibiendo `Zeitgeist´. Cosa que me alegra, porque no por mucho creerse dios uno está exento de alguna que otra aislada cura de humildad.



# jueves, 21 de junio de 2007 11:54

ALEJANDRO FERNÁNDEZ

PIN…UNA DE CAL…

De casta le viene al galgo…Con tan sólo cuatro añitos, Alejandro Fernández ya gateaba hasta los escenarios para acompañar a las voces a su padre, ‘‘El Charro de Huentitlán’’ Vicente Fernández, cantante de rancheras mexicanas muy querido en Latinoamérica. Todo hacía presagiar que Alejandro seguiría casi al dedillo los pasos de su progenitor, pero acabó encontrando su propio camino, para envidia cochina de más de un ‘‘hijo de papá’’.

Alejandro se crió en un ambiente relativamente humilde, entre la ciudad y el campo, y desde chico se empapó de las tradiciones musicales mexicanas, con lo que a pesar de establecerse cada día un pelo más como baladista pop, aún sigue vistiendo en ocasiones de ‘charrero’ y arrancándose a cantar en plan ‘mariachi’; y a pesar de lo loable de alejarse de la sombra protectora de papá, no renunciar a sus raíces bien se merece un ‘‘oralé’’.

La vocación musical de Alejandro no le viene tanto por herencia como por pura y dura vocación; ser hijo de artista no necesariamente implica tener un pie en la música y otro en el limbo donde viven los más ricos y famosos. Desde que su debut viera la luz el jalisciense ha publicado 13 álbumes, y vendido la friolera de 15 millones de copias en todo el mundo. No sólo ha trabajado con los mejores productores –entre ellos, Emilio Estefan y el padrino de ‘‘triunfitos’’ Kike Santander-, también ha compartido escenario con los más grandes: sin ir más lejos Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y José Carreras lo invitaban a participar recientemente como invitado especial en un concierto de Los Tres Tenores. Digo yo que por algo será.

Para rematar la buena racha que traduce el título de su nuevo trabajo, ‘Viento a favor’, Alejandro Fernández acaba de ser elegido por la revista People como uno de los 50 rostros latinos más atractivos. Vale que poco importan los premios de belleza a la hora de juzgar –y defender- el talento de un artista, pero ahora que la música de Alex ondea en direcciones pop, y su imagen se convierte en exigencia indispensable, el cantante sigue sin teñirse sus canitas plateadas. Eso es tener carácter, señores.

PON…Y OTRA DE ARENA…

Y el galgo colgado del árbol acabó…O eso al menos debió pensar Don Vicente Fernández el día que escuchó como su hijo destrozaba la tradición musical de su país a cambio de una casa en Miami. El día en el que el vástago decidió seguir el camino de muchos otros, en lugar del suyo propio, con la excusa de que todo cachorro debe encontrar su propio camino. A mí me parece bien (lo de irse de casa), y visto el panorama no es cuestión de rechazar una choza que te haga vecino de Julio Iglesias.

Pero, ¿era necesario apuntarse de esa manera al carro de cantantes ‘latinos’ que han optado por hacer pop comercial, para bailar o para ponerse romántico (es un decir), con ciertos matices procedentes de las músicas locales de la zona? ¿Era necesario, o incluso recomendable, ser uno más en la ya larga lista de artistas clones procedentes de Latinoamérica y España que se dedican a desvirtuar las esencias musicales de sus respectivos países? Tú, que además puedes presumir de buena voz. No como otros.

Dirán que los números te dan la razón, que tanta gente como la que compra tus discos no puede estar equivocada. Pero yo nunca me he fiado mucho de las matemáticas; o mejor dicho, no de aquellos que saben como manejarlas. Aunque siempre conviene tener cerca a alguien así. Y Alejandro Fernández ha contado desde el principio de su carrera con el apoyo de una gran multinacional de los discos, capaz de poner sus canciones en cualquier radio y televisión del mundo. Si a eso le sumamos un apellido ilustre y una cara bonita, puede que estemos dando con las claves de su éxito.



# jueves, 14 de junio de 2007 11:36

ROBBIE WILLIAMS

PIN…UNA DE CAL…

No vamos a poner ahora en duda que nuestro actual rey del pop empezó de una manera un tanto equivocada, por no decir ridícula. Todo se inició el día en el que ese joven inglés se presentó a un casting que congregó a más de dos mil participantes. Finalmente, cinco bonitos muñequitos saldrían elegidos con el objetivo de formar, más adelante, Take That, desafortunada precursora de innumerables bandas como The Backstreet Boys o N’Sync. Por una razón u otra, Robert Peter Williams, de su verdadero nombre, acabaría siendo elegido como uno de los afortunados integrantes que conquistarían, con total facilidad, el corazón y los gritos histéricos de unas adolescentes enamoradas de un producto absolutamente superficial.

Pero su malestar en el seno de aquel grupo, con el que no hallaba puntos en común, permitió pensar que ese chico tenía más dotes que los que ofrecía a través de una modulada voz acompañada de unos afeminados y calculados gestos.

Efectivamente, aquella época se deshizo violentamente, y como no podía ser de otra manera, de los demás componentes que siguen intentando, al día de hoy y de todas las maneras posibles, recuperar una fama que difícilmente volverán a oler. El verdadero superviviente y héroe que supo aprovecharse de aquella aventura ya lleva siete discos publicados, desata pasiones y consigue llenar estadios de fútbol allá donde se lo proponga. Su imagen inicial de niño guapo experimentó un cambio substancial dando paso así a un perfil mucho más rebelde que no esconde su felicidad por simbolizar a uno de los iconos más importantes y deseados de la escena popular.

Si por algún motivo de confrontación deseamos basar nuestra opinión en sólidos argumentos, solo tendríamos que ojear su extenso repertorio. De este último, florecen extraordinarias canciones comoAngel, ni más ni menos, considerada como la mejor canción británica de los últimos 25 años. Y si a ello le añadimos la impresionante cifra de más de cincuenta millones de álbumes vendidos en todo el mundo, sobrarían razones para olvidar su traumático pasado y admitir su presente reinado.

¿Algo que objetar?

PON…Y OTRA DE ARENA…

Robbie, Robbie, Robbie…Tu principal problema es que, además de ser un bocazas, te crees un artista con todas las de la ley cuando en realidad no eres más que un ‘poster-boy’. Una cara bonita y, sobre todo últimamente, un saco de músculos que haría bien en centrarse en la faceta que mejor domina -¿la única?; concedamos que el chico tiene buena voz-. La de, como dicen los angloparlantes, ‘showman’, la de hombre espectáculo que sirve tanto para un roto (la presentación de un nuevo perfume) como para un descosido (un disco de dance-pop). Y las cifras nos dan la razón: a día de hoy vendes más entradas de conciertos que discos, algo seriamente preocupante para una estrella como tú.

Una vez fuera de Take That (¿para qué entraste si nunca quisiste estar dentro?) empezaste imitando a Oasis y el brit pop en general -y arrimándote: menudas fiestas, ¿eh?-, para pasar después a discos en los que sucesivamente fuiste mezclando baladas sensibleras y canciones de fiesta, te creíste Sinatra y terminaste recurriendo a diferentes productores, numerosos invitados (Lily Allen, Pet Shop Boys…) y canciones de otros (entre ellos Manu Chao) en tu último trabajo. Encima ahora quieres ser rapero. Una vez Guy Chambers, el tipo que te hacía todas las canciones, salió de escena porque no le pagabas lo suficiente, lo tuyo macho ha ido de mal en peor.

Hemos de reconocer, no obstante, que resultas ser una pieza imprescindible del ‘show-business’ tal y como lo entendemos hoy en día: tus gracias nos hacen reír en el autobús, tus salidas de tono son carnaza para nuestras conversaciones a la hora del café, tus problemas con las drogas se comentan en la cola del supermercado (así como tus deslices amorosos) y tus cambios de look triunfan en las peluquerías más modernas -también en las más ‘chonis’- de la ciudad. Lo tienes todo, tío. Por cierto, ¿cuándo vas a reconocer que eres gay?

Pero no pienses que vas a llegar mucho más allá. No majo, para eso te quedan unas cuantas buenas canciones por grabar. Y a este paso no lo vas a conseguir. Además, desde que has dejado de comportarte como un ‘hooligan’ te has vuelto la mar de aburrido.



# jueves, 07 de junio de 2007 14:36

ENRIQUE IGLESIAS

PIN…UNA DE CAL…

Nada más lejos de mi intención que el defender lo indefendible; puede que las "experiencias religiosas" que sonaran en los comienzos de Enrique no tengan perdón de Dios, pero el más conocido de entre la prole de retoños Iglesias lleva publicados hasta ahora 7 discos: algunos temas dignos digo yo que esconderá semejante friolera productiva.

A pesar de pelearse día sí y otro también con la sombra de su padre -el insuperable Julio Iglesias- mucho se le ha criticado a Enrique, casi siempre injustamente, el ser hijo de quien es. Viendo llegar los cuchillos, el chico lanzó sus primeras demos bajo el pseudónimo de Enrique Martínez, y hasta un estudio de Toronto (en Canadá) tuvo que huir para grabar, en el más recio anonimato, su álbum de debut. Enrique demostró valor al tirar por caminos no pateados y lustrados previamente por papá, y eso le honra.

Por otro lado, el ser hijo de cantante no implica vender discos: Julian Lennon lo intentó, y no se comió un colín; de esto deducimos que los más de 40.000.000 que lleva vendidos Enrique no venían en el lote de su código genético. Además, dos premios Grammy –el de Mejor Actuación en la categoría de artistas latinos en 1997 y el de Mejor Álbum de pop latino en 2003- secundan su talento.

Otro cantar aparte es el éxito de Enrique entre el público femenino. Poco puedo mojarme aquí, porque por más que me esfuerce, el lunar que a tantas vuelve locas no acaba de decirme nada, a pesar de estar junto a la boca. Aun así, de tener un repentino ataque de estrógenos, me quedaría con Enrique antes que Julio, que mucho se tuesta al sol para borrar las arruguitas. Y digo yo, o me imagino, que algo tendrá este chico cuando montones de histéricas jovencitas se le tiran al cuello, aun a sabiendas de que Anna Kournikova bien pudiera propinarles contundentes derechazos de raqueta en el culete.

Las comparaciones son odiosas, pero harto reveladoras. Fíjense si no en el hermano, Julio Iglesias Jr.: el chaval intentó lucirse en el programa "Mira Quien Baila"; y por mucho garbo que pusiera en sus tangos y foxtrots acabó siendo eliminado (casi) a la primera de cambio. Moraleja: los artistas no nacen, se hacen.


 PON…Y OTRA DE ARENA…

Érase una vez uno de los niños mimados del papá Julio Iglesias, que decidió ganarse la vida (más que solucionada el día de su nacimiento) triunfando como icono de la pop music. Gracias al dinero y a los contactos de su progenitor su deseo no tardó en llevarse a cabo. Porque así de sencilla resulta la vida en el seno de una de las familias más populares de nuestro país. Dos o tres llamadas a unos amigos con influencias resultaron suficientes para tener que soportar, hoy en día, esos aires de grandeza transmitidos por una estrella de pacotilla indiscretamente enchufada en medio del firmamento.

Su carrera musical, por denominarlo de alguna manera, arrancó en 1995 con ‘Si Tú Te Vas’, una espantosa canción que recuerda las peores sintonías de aquellas sórdidas telenovelas que envenenaban nuestras sobremesas. Efectivamente, al año siguiente, Enriquito participó orgullosamente en la banda sonora de ‘Marisol’, una de esas citadas series, con otra de sus pringosas baladas vulgarmente titulada ‘Por Amarte’.

Pero su nombre, desgraciadamente, acabaría dándose a conocer de un modo irreversible debido a un éxito que todos, algún día, habremos tenido que soportar. Quizás fue comprando papel higiénico en un supermercado, tal vez llenando nuestro depósito en alguna gasolinera o quién sabe si en la barra de un bar, cuando oímos por primera vez aquella insufrible melodía que lleva el pretencioso título de ‘Experiencia Religiosa’. Ni más ni menos que intentando, acompañado de sus pintas de pardillo universitario, emular a Sigmund Freud, uno de los filósofos más importantes de nuestra historia y autor de un ensayo con el mismo nombre. Pero ya nada nos extraña de este eterno adolescente salvado por avances tecnológicos, gracias a los que consigue engañar a un público seducido por una voz modulada y artificial pero ineludiblemente hortera.

Si la presencia de Enrique Iglesias en la pantalla de nuestro televisor, o deambulando fantasmagóricamente por las estaciones radiofónicas podía dificultarnos el sueño, el 12 de junio padeceremos más motivos para no dormir con la publicación de su último disco acertadamente denominado ‘Insomniac’ (Interscope, 07). Por lo visto, las letras y su significado poseen una importancia capital en su estrategia comercial. Como prueba de ello, su nuevo sencillo se podrá escuchar tanto en español como en inglés, una decisión totalmente respetable, pero en este caso, terriblemente paradójica. Analicemos entonces un breve extracto del mismo: ‘‘Me gusta de ti, lo mucho que me gustas. Y qué poco me perdono yo de mí.’’

En fin… ¿Resultaba realmente necesario traducir tan vacío mensaje?

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