
PIN…UNA DE CAL…
Nada más lejos de mi intención que el defender lo indefendible; puede que las "experiencias religiosas" que sonaran en los comienzos de Enrique no tengan perdón de Dios, pero el más conocido de entre la prole de retoños Iglesias lleva publicados hasta ahora 7 discos: algunos temas dignos digo yo que esconderá semejante friolera productiva.
A pesar de pelearse día sí y otro también con la sombra de su padre -el insuperable Julio Iglesias- mucho se le ha criticado a Enrique, casi siempre injustamente, el ser hijo de quien es. Viendo llegar los cuchillos, el chico lanzó sus primeras demos bajo el pseudónimo de Enrique Martínez, y hasta un estudio de Toronto (en Canadá) tuvo que huir para grabar, en el más recio anonimato, su álbum de debut. Enrique demostró valor al tirar por caminos no pateados y lustrados previamente por papá, y eso le honra.
Por otro lado, el ser hijo de cantante no implica vender discos: Julian Lennon lo intentó, y no se comió un colín; de esto deducimos que los más de 40.000.000 que lleva vendidos Enrique no venían en el lote de su código genético. Además, dos premios Grammy –el de Mejor Actuación en la categoría de artistas latinos en 1997 y el de Mejor Álbum de pop latino en 2003- secundan su talento.
Otro cantar aparte es el éxito de Enrique entre el público femenino. Poco puedo mojarme aquí, porque por más que me esfuerce, el lunar que a tantas vuelve locas no acaba de decirme nada, a pesar de estar junto a la boca. Aun así, de tener un repentino ataque de estrógenos, me quedaría con Enrique antes que Julio, que mucho se tuesta al sol para borrar las arruguitas. Y digo yo, o me imagino, que algo tendrá este chico cuando montones de histéricas jovencitas se le tiran al cuello, aun a sabiendas de que Anna Kournikova bien pudiera propinarles contundentes derechazos de raqueta en el culete.
Las comparaciones son odiosas, pero harto reveladoras. Fíjense si no en el hermano, Julio Iglesias Jr.: el chaval intentó lucirse en el programa "Mira Quien Baila"; y por mucho garbo que pusiera en sus tangos y foxtrots acabó siendo eliminado (casi) a la primera de cambio. Moraleja: los artistas no nacen, se hacen.
PON…Y OTRA DE ARENA…
Érase una vez uno de los niños mimados del papá Julio Iglesias, que decidió ganarse la vida (más que solucionada el día de su nacimiento) triunfando como icono de la pop music. Gracias al dinero y a los contactos de su progenitor su deseo no tardó en llevarse a cabo. Porque así de sencilla resulta la vida en el seno de una de las familias más populares de nuestro país. Dos o tres llamadas a unos amigos con influencias resultaron suficientes para tener que soportar, hoy en día, esos aires de grandeza transmitidos por una estrella de pacotilla indiscretamente enchufada en medio del firmamento.
Su carrera musical, por denominarlo de alguna manera, arrancó en 1995 con ‘Si Tú Te Vas’, una espantosa canción que recuerda las peores sintonías de aquellas sórdidas telenovelas que envenenaban nuestras sobremesas. Efectivamente, al año siguiente, Enriquito participó orgullosamente en la banda sonora de ‘Marisol’, una de esas citadas series, con otra de sus pringosas baladas vulgarmente titulada ‘Por Amarte’.
Pero su nombre, desgraciadamente, acabaría dándose a conocer de un modo irreversible debido a un éxito que todos, algún día, habremos tenido que soportar. Quizás fue comprando papel higiénico en un supermercado, tal vez llenando nuestro depósito en alguna gasolinera o quién sabe si en la barra de un bar, cuando oímos por primera vez aquella insufrible melodía que lleva el pretencioso título de ‘Experiencia Religiosa’. Ni más ni menos que intentando, acompañado de sus pintas de pardillo universitario, emular a Sigmund Freud, uno de los filósofos más importantes de nuestra historia y autor de un ensayo con el mismo nombre. Pero ya nada nos extraña de este eterno adolescente salvado por avances tecnológicos, gracias a los que consigue engañar a un público seducido por una voz modulada y artificial pero ineludiblemente hortera.
Si la presencia de Enrique Iglesias en la pantalla de nuestro televisor, o deambulando fantasmagóricamente por las estaciones radiofónicas podía dificultarnos el sueño, el 12 de junio padeceremos más motivos para no dormir con la publicación de su último disco acertadamente denominado ‘Insomniac’ (Interscope, 07). Por lo visto, las letras y su significado poseen una importancia capital en su estrategia comercial. Como prueba de ello, su nuevo sencillo se podrá escuchar tanto en español como en inglés, una decisión totalmente respetable, pero en este caso, terriblemente paradójica. Analicemos entonces un breve extracto del mismo: ‘‘Me gusta de ti, lo mucho que me gustas. Y qué poco me perdono yo de mí.’’
En fin… ¿Resultaba realmente necesario traducir tan vacío mensaje?