PIN…UNA DE CAL…
De casta le viene al galgo…Con tan sólo cuatro añitos, Alejandro Fernández ya gateaba hasta los escenarios para acompañar a las voces a su padre, ‘‘El Charro de Huentitlán’’ Vicente Fernández, cantante de rancheras mexicanas muy querido en Latinoamérica. Todo hacía presagiar que Alejandro seguiría casi al dedillo los pasos de su progenitor, pero acabó encontrando su propio camino, para envidia cochina de más de un ‘‘hijo de papá’’.
Alejandro se crió en un ambiente relativamente humilde, entre la ciudad y el campo, y desde chico se empapó de las tradiciones musicales mexicanas, con lo que a pesar de establecerse cada día un pelo más como baladista pop, aún sigue vistiendo en ocasiones de ‘charrero’ y arrancándose a cantar en plan ‘mariachi’; y a pesar de lo loable de alejarse de la sombra protectora de papá, no renunciar a sus raíces bien se merece un ‘‘oralé’’.
La vocación musical de Alejandro no le viene tanto por herencia como por pura y dura vocación; ser hijo de artista no necesariamente implica tener un pie en la música y otro en el limbo donde viven los más ricos y famosos. Desde que su debut viera la luz el jalisciense ha publicado 13 álbumes, y vendido la friolera de 15 millones de copias en todo el mundo. No sólo ha trabajado con los mejores productores –entre ellos, Emilio Estefan y el padrino de ‘‘triunfitos’’ Kike Santander-, también ha compartido escenario con los más grandes: sin ir más lejos Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y José Carreras lo invitaban a participar recientemente como invitado especial en un concierto de Los Tres Tenores. Digo yo que por algo será.
Para rematar la buena racha que traduce el título de su nuevo trabajo, ‘Viento a favor’, Alejandro Fernández acaba de ser elegido por la revista People como uno de los 50 rostros latinos más atractivos. Vale que poco importan los premios de belleza a la hora de juzgar –y defender- el talento de un artista, pero ahora que la música de Alex ondea en direcciones pop, y su imagen se convierte en exigencia indispensable, el cantante sigue sin teñirse sus canitas plateadas. Eso es tener carácter, señores.
PON…Y OTRA DE ARENA…
Y el galgo colgado del árbol acabó…O eso al menos debió pensar Don Vicente Fernández el día que escuchó como su hijo destrozaba la tradición musical de su país a cambio de una casa en Miami. El día en el que el vástago decidió seguir el camino de muchos otros, en lugar del suyo propio, con la excusa de que todo cachorro debe encontrar su propio camino. A mí me parece bien (lo de irse de casa), y visto el panorama no es cuestión de rechazar una choza que te haga vecino de Julio Iglesias.
Pero, ¿era necesario apuntarse de esa manera al carro de cantantes ‘latinos’ que han optado por hacer pop comercial, para bailar o para ponerse romántico (es un decir), con ciertos matices procedentes de las músicas locales de la zona? ¿Era necesario, o incluso recomendable, ser uno más en la ya larga lista de artistas clones procedentes de Latinoamérica y España que se dedican a desvirtuar las esencias musicales de sus respectivos países? Tú, que además puedes presumir de buena voz. No como otros.
Dirán que los números te dan la razón, que tanta gente como la que compra tus discos no puede estar equivocada. Pero yo nunca me he fiado mucho de las matemáticas; o mejor dicho, no de aquellos que saben como manejarlas. Aunque siempre conviene tener cerca a alguien así. Y Alejandro Fernández ha contado desde el principio de su carrera con el apoyo de una gran multinacional de los discos, capaz de poner sus canciones en cualquier radio y televisión del mundo. Si a eso le sumamos un apellido ilustre y una cara bonita, puede que estemos dando con las claves de su éxito.
