PIN...UNA DE CAL...
¿Quién te gusta más; tu padre o tu madre? Esa pregunta tan absurda tiene el mismo sentido que el de tener que debatir acerca de las cualidades de una formación histórica como The Smashing Pumpkins. ¿Cómo atreverse a dudar de unos músicos capaces de esculpir himnos tan brillantes como `1979’, ‘Zero’ o ‘Tonight Tonight’ directamente sacados de álbumes que quedarán colgados para siempre en las paredes de la historia?
A ciencia cierta, aparecerán individuos que intentarán excusarse dignamente a través de frases hechas como ``Para gustos, los colores’’. Pero esa ficticia escapatoria, como decía el fotógrafo Man Ray, simboliza la salida de socorro para toda mente conformista y asustada frente a lo desconocido. Al igual que con ciertos productos alimenticios de calidad, las sensibilidades evolucionan y deben, sin la menor duda, recibir una educación estética para fugarse de esa peligrosa ignorancia. Por ello, guste o no, The Smashing Pumpkins entran dentro de la restringida zona de indiscutibles genios, compartiendo así mesa con artistas intocables tales como David Bowie o Ian Curtis entre otros.
Precisamente, solo un milagro o la divina inspiración de un mago podrían provocar la consecución de un trabajo como el doble disco 'Mellon Collie And The Infinite Sadness'. Pero, contrariamente a lo que cantaba Joe Ramon y como lo demostró su posterior fallecimiento, I don’t believe in miracles! En consecuencia, todos los halagos se posan en el seno de la formación originaria de Chicago y, particularmente, sobre la brillante calva de su vocalista Billy Corgan, principal culpable de los extraordinarios resultados cosechados.
Finalmente, opinar libremente forma parte de la democracia, pero implantar un precio a las palabras permitiría reforzar una coherencia un tanto asfixiada por ciertas aleatorias opiniones.
PON…Y OTRA DE ARENA…
Endiosar y convertir en intocables a The Smashing Pumpkins es caer en el astuto juego de su sempiterno líder, Billy Corgan. Con una imborrable cara de bebé rollizo, el de Illinois siempre ha gustado de mirarlo todo desde lo alto de su metro noventa de concentrado ego. El problema, señores, es que Corgan es humano, con todo lo dañino y pernicioso que eso implica.
Desde que surgieran Smashing Pumpkins, allá por 1988, el artista no ha dejado de vociferar su liderazgo. ``Mi banda, mis canciones y mis sueños´´, así define Corgan a las``calabazas aplastantes´´, obviando por completo a sus compañeros, probablemente alentado por la seguridad que da ser más chulo con un ocho. Semejante individualismo explicaría la deserción de la bajista D´Arcy Wretzky, poco después de publicarse `Machina / The Machines of God´, en 1999. James Iha, cansado también de aguantar desplantes, haría lo propio unos meses más tarde, dando pie a la disolución del grupo en diciembre de 2000.
Muchos y patéticos han sido los arranques egocéntricos del endiosado Corgan, como por ejemplo cuando prefiriera grabar él mismo todos los instrumentos (a excepción de la batería) en `Gish´, debut discográfico de los Smashing, para así ``asegurar el sonido del disco´´. Y no hablemos ya de su sobrada muestra de paternalismo punitivo, al hacer público el despido de Jimmy Chamberlin (batería) a través de Internet, tras ser arrestado por posesión de drogas en 1996…y digo que quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra.
A estas alturas, os habréis enterado ya de la sonada reunión de Smashing Pumpkins, que publicarán nuevo disco –titulado `Zeitgeist´- el próximo 10 de julio. Llamadme mal pensada, pero parece más justo hablar de estrategia marketiniana destinada a relanzar la carrera de Corgan, a decir de los proyectos frustrados (como fundar el grupo Zwan o lanzarse en solitario con `The Future Embrace´) que el pelado ha ido encadenando. Ya es hora de que Billy se baje del altar construido entorno a temas como `Tonight, tonight´, `Disarm´ o `1979´: su momento de gloria pasó, a juzgar por la apática acogida que está recibiendo `Zeitgeist´. Cosa que me alegra, porque no por mucho creerse dios uno está exento de alguna que otra aislada cura de humildad.
